En la mesa de madera de una humilde casa de la comunidad Tiktik Kaanu, a más de 250 kilómetros de distancia de la capital Managua, César Alexis Blayath Solano acomoda diversos productos.

En los empaques de papel con etiquetas satinadas, se pueden ver rajitas de canela, jengibre en polvo y otras especias, cultivadas y procesadas por sus propias manos.

Blayath Solano es uno de los protagonistas de la iniciativa que ha llevado la educación superior a las comunidades, específicamente del Programa Académico Universidad en el Campo (PAUC), de la Universidad Nacional Agraria.

El indígena rama, es coordinador de su poblado y como líder, dio el ejemplo al convertirse en estudiante de primera generación de la propuesta educativa.

"Me ha ayudado mucho porque de todo los productos que he podido hacer es gracias a la universidad. Hice este emprendimiento para generar mejores ingresos para la familia. El jengibre aquí es barato y al procesarlo, así lo llevé a Bluefields, con propósitos medicinales. Hacerlo así me ayuda a tener menos gastos en transporte, los puedo llevar en una mochila ya procesado, pero en saco, un quintal no lo puedo cargar solito", menciona.

Sus declaraciones, algo breves, muestran las dificultades surgidas en su comunidad por habérseles negado en el pasado, no solo el progreso, sino la posibilidad del saber. La universidad es parte de las estrategias, que junto a otros programas sociales, buscan revertir esta situación.

Hoy en día, Tiktik Kaanu es una localidad emblemática, donde las políticas educativas de la Revolución, que dieron inicio con la alfabetización, han tenido importantes resultados.

Como tal, estos esfuerzos han sido bien recibidos por las comunidades locales, pero sus particularidades geográficas que dificultan el acceso y sus todavía escasas posibilidades económicas, los frenaban de aspirar a saberes más altos.

Ahora, Blayath Solano, en su segundo año de carrera, ha podido superar el reto de establecer su propia línea de artículos naturales y orgánicos.

"Gracias al proyecto UNA Emprende he sacado una marca, tengo una máquina, un sellador, y con esta marca, antes (el producto) lo vendía a 100 pesos, ahora se va a poder vender un poco más caro", comenta sobre el jengibre en polvo, su producto estrella.

Con las técnicas de agricultura aprendidas en la universidad ha podido diversificar su cultivo y ha empezado a sacar mayor provecho de las tierras milenarias heredadas por sus ancestros.

"Tengo también una hectárea de cacao, lo seco, no lo transformo, pero lo seco y lo vendo y ahora con esta etiqueta vamos a hacer un proceso para tener un mejor ingreso económico. Antes el aceite de coco también lo llevábamos a Bluefields a vender en botellas de plástico usadas, pero ahora tenemos un logotipo y esto me ha ayudado bastante en aprender y mejorar el ingreso económico porque en la zona solo trabajamos la agricultura, la pesca y la ganadería", explica.

Su visión se ha visto tan amplia, que además de contar con una larga lista de los que ha llamado "Blayath Productos", está considerando popularizar, primero en los poblados y departamentos más cercanos y luego en el resto del país, comida propia de los ramas, como la "ginger beer" y pastel de yuca con jengibre.

En esa lógica, ha sembrado y procesado café, que ya pone a secar y a moler, luego lo empaca, pero de momento es algo que usa más para consumo propio y sus vecinos.

"El café yo lo vendo aquí una parte, pero como no es mucho yo lo consumo para no comprar. También tenemos abono que es algo nuevo para la comunidad y en ferias también podemos tener oportunidades de venta", asegura muy emocionado.

Blayath, agradece a Dios y al Gobierno la oportunidad de acceder a las herramientas para desarrollar su talento.

"Nosotros como comunidad y yo como líder de la comunidad, hemos trabajado con la alfabetización, tenemos una educación gratis y es un beneficio para nuestra comunidad porque en el 2010 yo salí de bachiller y hasta ahora tengo la oportunidad de estudiar en la universidad. Hay muchas personas que no tienen los recursos, yo hace tiempo quería ser un profesional, un ingeniero, pero de esta materia, en la finca, trabajar con las plantas y los animales”, cuenta entusiasmado de saber que cuenta con el respaldo para aprovechar al máximo su nueva realidad.

Su alegría no tiene comparación. No todos los días se instala un recinto universitario en un poblado remoto como este. Y en el caso de César Alexis, prácticamente al costado de su hogar.

Mónica Hodgson, su esposa, y también estudiante, pero del primer año de ingeniería agropecuaria, ha seguido el ejemplo de su cónyuge y dice sentirse más que animada por el programa.

"Antes en nuestra comunidad no teníamos una universidad. Ahora tenemos productos con logotipos, ahora que estoy estudiando he mejorado mucho económicamente, antes tenía productos y no sabía cómo transformarlos para venderlos en el mercado", contó.

"El Gobierno nos ha ayudado mucho a los indígenas, antes vivíamos abandonados sin el apoyo de nadie para desarrollar nuestra comunidad. Pero desde que han venido a la comunidad, hoy en día tenemos todo este gran desarrollo", expresa en su natal idioma rama creole y traducida por una líder comunal.

La mentalidad de estas familias ha cambiado totalmente. "Ahora pienso seguir estudiando y tener un título de ingeniera y sacar mi propio negocio", añade Hodgson, que toma ideas gracias a las computadoras y el internet Wi-Fi con el que ha sido equipada Tiktik Kaanu.

La universidad ofrece, de momento, el técnico superior agropecuario que profundiza en ciencias relacionadas a la agricultura y ganadería.

Las asignaturas se estudian en esta sede de manera intensiva durante 15 días, y luego, los estudiantes, que también provienen de otros lugares como Pearl Lagoon y Kukra Hill, retornan a sus hogares a poner en práctica lo aprendido durante un lapso de 45 días más.

Una vez pasados estos tres años, podrán cursar sus últimos dos años adicionales, optando por titulación en zootecnia o agronomía.

César Blayath, a pesar de sus aspiraciones, no habría logrado dimensionar qué tan valioso sería el fruto de aquel anhelo de profesionalizarse, hasta que pudo elaborar por su propia cuenta aquellos productos que antes solo veía en las vitrinas de las tiendas cuando viajaba a Bluefields.