Dos historias, dos escenarios y dos protagonistas, corazones de madres cuyas historias hoy contamos con todo respeto, consideración, reconocimiento y amor. La insustituible presencia amorosa, la bondad del corazón materno de Lilliam Duarte y Dayling Carolina Hernández hoy son ejemplo de amor y alma noble.

Al Sur de la ciudad de Managua en el sector de La Hoyada en la comarca San Antonio Sur, habita doña Lilliam Duarte, de 66 años. Ella es nativa del lugar y propietaria de una parcela que mide 3 manzanas, en las cuales cultiva árboles frutales y cítricos, granos básicos, plantas medicinales y hortalizas.

Cuenta que siempre se ha dedicado a labrar la tierra y con el sudor de su frente logró sacar adelante a sus 4 hijos, labor que no fue fácil, pues le tocaba, después de pasar todo el día bajo el sol llegar a casa y hacerles la cena, ayudarles en las tareas, alistar sus uniformes y darles un poquito de cariño, aunque fuera de una hora, “bastante difícil el trabajo como madre”, resalta.

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Como madre una trabaja, siempre hay que tratar de darle el amor a los hijos, aunque estés trabajando todo el día”, añadió.

En ese tiempo que sus hijos eran pequeños, lo más difícil era no contar con un pedazo de tierra y para trabajar tenía que alquilar de 3 a 5 manzanas hasta que logró contar con su propio terreno.

Esa valentía y esos deseos de superación fueron motivados por algo que caló hondo en su corazón. A la edad de 20 años, en tiempos de Somoza, a su abuela le arrebataron 10 manzanas de tierra, “entonces yo lloré, junto con ella llorábamos. Yo era la mayor de mis hermanos, éramos siete hermanos, todos chiquitos. Y nos sacaron a la calle con todo y ropa. Nos robaron la tierra. Entonces dije yo: algún día voy a tener terreno, algún día voy a tenerlo”, relató.

Mucha perseverancia

Dijo que siempre comentaba a sus compañeros de clase cuando estudiaba, que llegaría a tener su tierra, algo que ese momento no era posible de creer y se reían de ella. Sin embargo, con su perseverancia logró su objetivo.

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Trabajé duro y cuando compré estas tierras, primero compré un pedazo, después los otros y así he ido aumentando. Pero no se hace de la noche a la mañana. Hay que trabajar mucho en el campo, dedicarle amor, pasión”, aseveró la productora.

Actualmente parte de lo que produce son aguacates, limones, frijoles, maíz, ayote, tomate, chiltoma, zanahoria, plátano y plantas medicinales, y lo hace de manera orgánica. La producción la comercializa en los mercados de Managua, ferias que promueve el Ministerio de Economía Familiar y el Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria. También son de consumo para la familia.

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Doña Lilliam aseguró que ese amor a la tierra también se lo ha inculcado a su familia, contando con el apoyo directo de dos de sus hijos y en tiempo de cosecha se involucran también sus nietos.

Yo siento que me he realizado bastante en lo que yo quería ser, porque mi abuela era una mujer productora que trabajaba día y noche en el campo y decía ‘siembren la tierra para que coman y no le miren caras a nadie, y no la vendan’, afirmó Duarte.

Desde el aula de clase

En la casa comunal del barrio Bóer funciona el preescolar La Hormiguita, en donde trabaja la profesora Dayling Carolina Hernández, de 32 años, impartiendo el pan del saber a 27 niños de III Nivel de Educación Inicial.

Aquí la encontramos en plena labor con los niños a quienes no solamente les guía en sus primeras letras y conocimientos, sino que enseña valores y amor.

Esta profesora indicó que lo que la motivó a ser educadora de preescolar fue que cuando estudiaba en primaria le gustó como sus maestras le enseñaban y animaban a estudiar.

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Entonces empecé a tener como ese sueño de querer ser maestra de niños… Y lo he logrado gracias a Dios, con dificultades y costos, pero aquí estamos, afirmó.

Ella es madre de dos niños y expresó que ser docente y madre es una labor muy grande, sobre todo cuando es el inicio de clases que los niños no tienen confianza con uno y tienen que tratarlos con cariño.

Entonces empezamos a hablarles con amor, a enseñarles que tengan confianza con nosotros y ellos puedan quedarse aquí y empiecen a relacionarse con sus compañeros”, apuntó la maestra.

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Hernández tiene 8 años de ser educadora y 3 de estar en La Hormiguita. Con los niños de este centro educativo para no ser tan agotante y aburrida la enseñanza, trabaja en dinámicas atractivas e incluyentes como juegos, manualidades, pIntura, cantos, cuentos y payasos.

Lo que más me motiva es el amor hacia los niños, el amor que ellos me tienen a mí. Cuando ellos vienen y los estamos esperando, en ese abrazo de saludo se expresa el afecto que se tiene”, aseguró la joven madre.

Le doy gracias a Dios que siempre he estado bien con los niños, ellos siempre han sido bien cariñosos, amables”, manifestó.

Mencionó que mantiene una cordial comunicación con los padres con quienes también realizan encuentros para abordar temas y el avance o dificultades de los niños.

Ellos también colaboran con la limpieza y la elaboración de la comida (merienda escolar).

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