La compañera Rosario Murillo, vicepresidenta de la República informó este domingo al Pueblo de Nicaragua Gracias a Dios que, en todo nuestro país, nuestra Nicaragua bendita, nuestra Nicaragua cristiana de fe, de familia, de comunidad, todo está en calma.

Destacó que las familias nicaragüenses disfrutaron este Domingo de Resurrección, en unión, en los hogares, o en los lugares que visitan, disfrutando nuestras tradiciones, nuestra gastronomía tradicional de Semana Santa y de Domingo de Pascua, disfrutando también nuestros recuerdos de Semana Santa.

“Yo pasaba todas las Semanas Santas en Niquinohomo, y oía las matracas, porque no se permitían campanas y el sábado a media noche otra vez el vuelo de campanas”, relató.

Dijo que el domingo “nos preparábamos para recibir la buena nueva, Jesús Resucitado y resucita, y ahí está expuesto en la Iglesia Santa Ana, bellísimo, ese Cristo Resucitado que conocimos en nuestra infancia y que todavía ahí está iluminándonos a todos”.

“Y cuántos recuerdos, cuántos mitos, ritos, íbamos a las calles aquí de Managua a ver pasar el Santo Entierro de la Catedral y allá en Niquinohomo también el Santo Entierro. Veníamos un rato para ver pasar el Santo Entierro de la Catedral con su hermosísima urna de madera y cristal, magnífico trabajo de artesanos nicaragüenses y luego la música sacra, y luego el disfrute en la casa, con la familia visitando a otros familiares”.

“Esa era nuestra Semana Santa en aquellos años, y pienso, creo yo, que hemos recuperado ese valor, ese sentido de hogar, de familia, de comunidad y de tradición cultural y religiosa en estos días en los que invocamos a Dios para protección y bendición, para trabajo y paz, y al mismo tiempo celebramos contar con nuestras familias, ese es un privilegio, un tesoro patrimonial de nuestra Nicaragua, tener sentido y valor, valores de familia y comunidad, por supuesto partiendo de la fe”, reiteró la compañera vicepresidenta.

“¡Qué tesoro, la familia! y como nos complementamos en familia, y ojalá sintamos como humanidad que somos una gran familia y podamos como en nuestros hogares, en pequeño, en el barrio, en la comunidad, en la comarca, unirnos y complementarnos para salir adelante”, enfatizó.

Un día para ver la luz

La compañera Rosario Murillo calificó este 12 de abril, Domingo de Resurrección, como un día glorioso, especial y que en medio de todas las dificultades y complejidades que enfrentamos como humanidad, es un día para ver la luz.

Y añadió que ese es precisamente el desafío que tenemos como cristianos, saber ver la luz en la oscurana, “saber crecer, saber crear desde la fe que Cristo Jesús, el Señor Jesús, Jesucristo nuestro Príncipe de Paz y amor, ha resucitado y con él y en el resucitan la esperanza y el amor”.

Dijo que, en esta Nicaragua cristiana y solidaria, desde la voz profunda de nuestros corazones, de nuestro ser espiritual, proclamamos que somos la buena nueva de la Resurrección de Cristo que es luz de vida verdadera para nuestra Patria Bendita y para toda la gran familia nicaragüense y para la gran fraternidad humana.

“Hemos renacido, nacido nuevamente y estamos renovando amor, fe y esperanza, es el triunfo del amor sobre el odio, del amor sobre el mal, es el triunfo de Dios que con su gran poder abre y nos muestra a todos y a cada uno, cambios, transformaciones en forma de camino para el bien, caminos de bien”, proclamó.

 La compañera Rosario reflexionó que hoy resucitamos porque resucitó nuestro amor y nuestra esperanza que es Cristo.

“Como cristianos, la familias nicaragüenses que siempre hemos sido de fe, de tradición potente y creyente, nos hemos unidos a cantar gloria y a celebrar la Pascua que es liberación, que es reverdecimiento y que es mandato para cada uno y para todos de vivir con Dios, de seguir viviendo con Dios, de seguir queriéndonos como hermanos, unos a otros, y promoviendo el bien sin mirar a quien”.

“Aquí estamos en este mundo tan complejo, de complejidades inéditas, de retos inéditos pero también habitando este mundo que nos ofrece a todos desde la esperanza cristiana, desde el amor cristiano, la oportunidad, también inédita de compartir, de convivir compartiendo, de convivir abandonando egoísmos e indiferencias que no podemos permitirnos como humanidad”.

“…Porque nuestra condición espiritual nos reclama coherencia, consecuencia con nuestros ideales y valores, con nuestra realidad, que no siempre queremos ver de hermanos unos con otros, hermanas, de hijos e hijas de Dios que nos necesitamos unos a otros y que estamos siendo llamados a reflexionar profundamente para reconocer que solos no podemos y que es acompañándonos, respaldándonos, acuerpándonos, queriéndonos, más allá de cualquier diferencia o indiferencia por supuesto”.

…“Es así como vamos a resurgir y como vamos a vencer el mal, es juntos que vamos a vencer el mal, la pandemia, la muerte, el dolor, y lo vencemos en Cristo Jesús que es luz, vida y verdad y es juntos que podemos vencer con Cristo el sufrimiento, el dolor, la incertidumbre, porque cuánto sabemos, muy poco pero sabemos que en Cristo que nos fortalece podemos esperar, porque el Padre y el hijo de Cristo Jesús nunca abandona”, subrayó.

Recordó cuánto dolor, cuántas familias que han perdido seres queridos en tantas partes del mundo y sufren por sus seres queridos, cuántas familias que no han podido ni decir adiós a sus seres queridos y solo en Dios y la fraternidad humana sabemos que encuentran consuelo.

“Vivimos con esperanza y hoy reafirmamos, hoy Domingo de Resurrección, Domingo de Pascua reafirmamos esa esperanza en el nombre poderoso de Jesús resucitado y unidos en oración y en la fortaleza y el aliento que nos da Cristo Jesús, el Resucitado, el Señor Resucitado”.

“Cuánta verdad, cuánto ánimo, cuánta fortaleza, cuanta fuerza nos da la fe y creer en Jesucristo y creer en la resurrección y en la vida”, expresó.

Dijo que como todos los días “nuestro amor solidario y nuestras oraciones a todos los pueblos y familias del mundo, y como todos los días, y más aún, decíamos ese amor solidario hoy, Día de Resurrección, a todos los pueblos y familias del mundo, y a todos los gobiernos y ese pensamiento y esas oraciones llevan el clamor, de que la voluntad de Dios sea la voluntad que en todas partes sepamos expresar, como humanidad, unir esfuerzos, a fin de que nuestras voluntades terrenales sean para que el bien abra cominos de paz, compresión y compasión que es misericordia y solidaridad”.

¡Qué cese la violencia!

La vicepresidenta de Nicaragua hizo a un llamado a  que la violencia, que la arrogancia, las agresiones, las exclusiones de unos contra otros cesen, se detengan y que los pueblos y las familias en todas partes del mundo seamos bendecidos, iluminados por obra del Señor con capacidad para entendernos y que con sentido de justicia podamos comunicarnos para cooperar, complementarnos, alejando y disipando las tinieblas, las pestes, las debilidades, sufrimiento y todo lo que se interponga entre ser humano y ser humano, entre pueblo y pueblo, entre gobierno y autoridades del mundo.

“Como bien dijo el Santo Padre, el Papa Francisco esta mañana, este no es tiempo de egoísmos porque el desafío que enfrentamos nos une a todos y no hace excepciones, este no es tiempo de indiferencias, es urgente, decimos nosotros, y sabiendo escuchar al Santo Padre, el Papa Francisco, que todos nos reconozcamos como parte de una única familia, la familia humana, la gran fraternidad humana, y así debería ser, que Dios nos ilumine para eso”.

“Ojalá que este tiempo tan duro que puede ser de alumbramiento, de parto, sea y nos permita alumbrar entre todos y por el bien de todo un mundo mejor, sin agresiones, un mundo mejor sin guerras, sin exclusiones”.

Finalmente dio que hoy Día de Resurrección los nicaragüenses clamamos al señor porque es Día de salvación, por paz y bien, paz  y buena voluntad, trabajo digno, paz y humanidad. "Que cese el egoísmo, que cese la indiferencia, que las voces discordantes, disonantes, dejen de escucharse, que cese el odio, que reine el amor y que podamos en el nombre del señor Jesús, que vence la muerte, que vence el miedo y que nos da vida, que podamos habitar, porque seamos capaces de crearlo, ese mundo de fraternidad humana, sin arrogancias, sin estridencia, sin separaciones, que podamos unirnos en un canto de hermandad, un canto de vida, un canto de resurrección, porque solos juntos, sin falsas superioridades, sin pretensiones de dominio, solo juntos como humanidad, podemos ver la luz de Cristo, solo juntos, ver la luz de Cristo, que mandata amor, paz  y buena voluntad”.