Al mediodía del 22 de agosto de 1978, el Congreso Nacional estaba reunido en el Palacio Nacional de Managua, mientras la dictadura de Anastasio Somoza Debayle mantenía el país bajo el control de una Guardia Nacional que buena parte de la población veía como invencible. Ese día, 25 jóvenes guerrilleros del Frente Sandinista de Liberación Nacional llegaron hasta el lugar integrados en el Comando Rigoberto López Pérez, encabezado por Edén Pastora, Comandante Cero. Vestían uniformes similares a los de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería, EEBI, lo que les permitió acercarse sin despertar sospechas. La acción había sido preparada bajo el nombre de Operación “Muerte al Somocismo, Carlos Fonseca Amador”, aunque se conocería popularmente como Operación Chanchera, como se llamaba al Congreso somocista y al propio Palacio. Las camionetas se detuvieron en los lugares acordados, los combatientes bajaron vestidos de verde olivo y Pastora caminó hacia la entrada oriental haciéndose pasar por un jefe militar. “¡Apártense que viene el Jefe!”, gritó a los guardias, quienes le abrieron paso sin imaginar que acababan de dejar entrar al comando sandinista. En pocos minutos, los guerrilleros estaban dentro, desarmaron a los guardias y tomaron el control de la sesión del Congreso. La sorpresa fue tan grande que muchos de los presentes pensaron al principio que se trataba de un golpe de Estado de la propia Guardia, hasta que comprendieron que quienes habían tomado el Palacio eran combatientes del Frente Sandinista.

La idea de tomar el Palacio venía de mucho antes. Edén Pastora contó que comenzó a rondar desde los primeros años de la década de 1970, cuando compartía una casa con Ricardo Morales Avilés, Pedro Aráuz Palacios y Óscar Turcios, en tiempos de tanta escasez que algunas veces comían café con pan y otras sobrevivían con iguanas que cazaban en los alrededores. Una madrugada, cerca de las cuatro, Pastora despertó a Turcios convencido de que había encontrado una forma de sacudir al régimen. La conversación se prolongó durante dos o tres días, hablando de cómo podían hacerlo, quiénes entrarían y qué reacción provocaría dentro de Nicaragua y fuera del país, hasta reconocer que todavía no tenían la fuerza necesaria para sacar provecho político de una acción de esa envergadura. El planteamiento quedó guardado, pero no desapareció. Tiempo después Pastora volvió a hablar del asunto en la montaña con otros compañeros, aunque tampoco en ese momento llegó la hora de llevarlo adelante. Fue en 1978 cuando la propuesta volvió a discutirse entre varios dirigentes sandinistas, entre ellos Daniel Ortega, quienes buscaban decidir qué hacer con los últimos fondos que tenían. Pastora insistió en tomarse el Palacio y durante dos días debatieron la propuesta hasta quedar divididos. El empate mantuvo abierta la discusión hasta que Daniel Ortega planteó entregar los 15 mil dólares necesarios y llevar la decisión ante la Dirección Nacional. Después de años de darle vueltas a aquella idea, había llegado el momento de ponerla en marcha.

Con la aprobación llegó la hora de preparar cada detalle. Pastora se vistió como un hombre de negocios, con traje, zapatos y corbata, y fingió viajar hacia la isla de San Andrés para comprar un barco camaronero. De esa manera podía moverse sin levantar sospechas y regresar a Nicaragua por el norte, ya que en el sur estaba plenamente identificado. También insistió en que los combatientes debían entrar uniformados para engañar a la Guardia y facilitar el ingreso. Las prendas se confeccionaron clandestinamente en Costa Rica, donde esposas de colaboradores y guerrilleros lograron hacerlas casi idénticas a las originales, con una diferencia escondida en el interior del cuello, llevaban bordada una oración de La Magnífica. A la par se fue reuniendo todo lo que necesitaban saber del Palacio, desde sus puertas y ventanas hasta la ubicación de las oficinas, los recorridos internos y las distancias que tendrían que cubrir. En esa tarea ayudó “La Espinita”, un trabajador que facilitó información y planos, y también participaron los padres del Comandante Guerrillero Javier Pichardo, quienes durante semanas buscaron información, fueron dibujando los planos del edificio y lograron confirmar que el Congreso estaría reunido la mañana escogida. Nada se dejó al azar, el edificio fue revisado prácticamente pulgada a pulgada, aunque los integrantes del comando no conocieron todos los detalles hasta 24 horas antes de entrar. Germán Pomares había sido escogido inicialmente para encabezar la acción, pero su estado de salud obligó a sustituirlo. Los hombres seleccionados llegaron desde distintas partes del país sabiendo el riesgo que corrían y con una tarea definida, liberar a los compañeros encarcelados y asestar un fuerte golpe a la dictadura somocista.

Dentro del Palacio todo ocurrió con tanta rapidez que la Guardia no tuvo tiempo de reaccionar. La Cámara de Diputados estaba en plena sesión cuando los guerrilleros avanzaron por el edificio, desarmaron a los efectivos somocistas y ocuparon los lugares que estos custodiaban. Pastora llegó hasta donde se encontraban los legisladores y disparó una ráfaga que hizo que los presentes se tiraran al suelo. Congresistas y ministros quedaron retenidos junto con funcionarios, figuras cercanas al somocismo y más de dos mil personas que se encontraban dentro del edificio. Mientras tanto, en distintos puntos de Managua la población trataba de saber qué estaba ocurriendo. Los rumores corrían por los barrios, llegaban a las universidades y se extendían hasta los centros de trabajo, al mismo tiempo que por la radio comenzaban a conocerse las primeras noticias, todavía incompletas, sobre lo que sucedía en el Palacio. Adentro, el comando hizo saber que el edificio estaba bajo control del FSLN y presentó el Parte de Guerra No. 1, con el que exigió una amnistía general para los presos políticos, la liberación inmediata de una extensa lista de prisioneros que debían viajar hacia Panamá, Venezuela y México, la publicación de los documentos sandinistas en periódicos y su lectura por radio y televisión, el retiro de la Guardia de un perímetro de 300 metros, respuesta a las demandas de FETSALUD, diez millones de dólares y garantías para que los integrantes del Comando Rigoberto López Pérez abandonaran Nicaragua rumbo a Panamá. Somoza rechazó inicialmente las exigencias, pero con el Congreso en manos de los guerrilleros y las horas corriendo, la dictadura terminó entrando en conversaciones.

Las negociaciones se prolongaron durante horas y el comando siguió firme dentro del Palacio, aunque poco a poco comenzó a dejar en libertad a parte de las personas retenidas. Para buscar una salida participó como mediador el entonces arzobispo de Managua, Miguel Obando y Bravo, además de representantes diplomáticos. Desde el interior, los guerrilleros dieron a conocer un segundo Parte de Guerra en el que pusieron plazo para recibir respuestas, insistieron en la amnistía y la liberación de los presos políticos, exigieron que los aviones estuvieran preparados y pidieron que los embajadores de Costa Rica, México, Venezuela y Panamá intervinieran por medio de los obispos. También explicaron la manera en que debía entregarse el dinero, aunque lo exigido al comienzo no fue lo mismo que finalmente se acordó. Después de unas 45 horas de conversaciones, fueron liberados alrededor de 50 presos políticos, entre ellos Tomás Borge, René Núñez Téllez y Doris María Tijerino, los comunicados del Frente Sandinista pudieron difundirse por los medios nacionales, se acordó el pago de medio millón de dólares y quedaron garantizadas las condiciones para que los integrantes del comando salieran de Nicaragua.

Al concluir las negociaciones, el comando no había conseguido todo lo exigido al comienzo, pero sí alcanzó los acuerdos que hicieron posible su salida del Palacio. La demanda inicial de diez millones de dólares terminó reducida a medio millón, fueron liberados alrededor de 50 presos políticos, se difundieron los comunicados del Frente Sandinista en los medios nacionales y quedaron garantizadas las condiciones para que los guerrilleros abandonaran Nicaragua rumbo a Panamá. Para ese momento, lo ocurrido ya se conocía en Managua y la noticia se había extendido por el país. Hombres y mujeres salieron a las calles para esperar el paso de los combatientes, que dejaron el edificio y tomaron el camino hacia el aeropuerto acompañados por una multitud. Así terminó la Toma del Palacio y comenzó el recorrido hacia el avión que los llevaría fuera de Nicaragua, después de casi dos días en los que la población había seguido lo que sucedía dentro del edificio.

Al frente iba Edén Pastora, Comandante Cero, acompañado por sus compañeros del Comando Rigoberto López Pérez. Pastora falleció el 16 de junio de 2020, a los 83 años. Con el paso del tiempo, algunos de aquellos compañeros también murieron después de haber mantenido sus ideales, otros continuaron fieles a la Revolución y hubo quienes se torcieron en el camino, la traicionaron y terminaron entregándose al imperialismo yanqui. En agosto de 2025, a 47 años de aquella acción, los integrantes del comando que aún vivían y los familiares de quienes ya habían fallecido recibieron la Orden General Benjamín Zeledón. Al recordar la Toma del Palacio, la Copresidenta Compañera Rosario Murillo expresó: “Parece que fue ayer, la Operación ‘Muerte al Somocismo, Comandante Carlos Fonseca Amador’, ejecutada heroicamente por la juventud que integró el Comando Rigoberto López Pérez, la Toma del Palacio Nacional, singular, heroica, ejemplar e inspiradora acción. De verdad una hazaña, de verdad extraordinaria del Frente Sandinista de Liberación Nacional y los heroicos guerrilleros del Comando Rigoberto López Pérez, jóvenes eternos”, expresó la Compañera Rosario.

La salida del comando hacia Panamá no solo dio continuidad a lo que ya ocurría en Nicaragua, sino que aceleró la caída del somocismo. Pocos días después, los muchachos se insurreccionaron en Matagalpa y en septiembre la rebelión llegó a otras ciudades, entre ellas Masaya. La lucha contra la dictadura siguió creciendo durante los meses siguientes, hasta que el 19 de julio de 1979 triunfó la Revolución Popular Sandinista. Desde la entrada de los 25 guerrilleros al Palacio Nacional hasta la victoria revolucionaria habían transcurrido menos de once meses, un período que formó parte de la etapa final de aquella lucha. Este próximo sábado 22 de agosto se cumplirán 48 años de la Toma del Palacio Nacional, realizada por el Comando Rigoberto López Pérez.

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