El 2 de noviembre los nicaragüenses conmemoran el día de los fieles difuntos, que a diferencia de lo que su nombre indica, es un tributo a la vida, a las memorias que regresan de los que en paz descansan y su revivir a través de pláticas y anécdotas.

Cinco años han pasado desde que la madre de Francisco Aráuz partió de este plano terrenal. Sin embargo, permanece en su corazón, tal cual lo hacía hasta antes de su viaje a la presencia del Señor.

Aráuz comparte un poco de su intimidad con los reporteros que se acercan para conocer su historia.

A mi Mamá la tengo aquí. El día de los difuntos, siempre venimos a enflorar, traer coronas, echar agua, pero como ahorita ha llovido no hay necesidad”, cuenta.

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Para Aráuz es un recuerdo que no se puede borrar, por lo que con frecuencia llega a visitar el punto donde su madre descansa. “Y siguen los nietos y los hijos detrás de uno. Sentimos como que la estamos mirando todavía viva, porque usted sabe que su mamá no la olvida uno muy fácil”.

Como él otros cientos van llegando de hora en hora, desde días antes e incluso los días siguientes.

A la entrada del cementerio Milagro de Dios, las visitas de estas familias son una oportunidad de generar ingresos, sirviendo también como los facilitadores de los tributos que se rinden en cada una de las últimas moradas.

El recibimiento a la necrópolis es a cargo de las flores.

Se trata de un pequeño negocio administrado por doña María Sovalbarro, que ha dedicado toda su vida y ha logrado dominar el arte de comerciar con arreglos hermosos, que también sean de bajo costo.

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Este cementerio es bastante visitado porque hay como 12 mil difuntos y para esta fecha son multitudes las que se desbordan a ver sus difuntos”, explica.

También están aquellos que resguardan los templos de los difuntos. Hombres, mujeres y hasta niños que ofrecen servicios de mantenimiento y embellecimiento de los sepulcros.

María de los Ángeles Zeledón se dedica a limpiar tumbas. Es una actividad que hace con frecuencia, pues vive muy cerca del cementerio.

Nosotros limpiamos, barremos, hacemos cualquier cosa que la gente nos pida, hay veces que hasta pintamos. Si la gente nos da la pintura y cobramos 100, 200 pesos… A veces nos llevamos hasta 2 mil córdobas”, explica.

El gobierno también hace su parte y garantiza cementerios limpios y seguros, para que quienes asisten masivamente el 2 de noviembre a cada camposanto, tengan las condiciones garantizadas.