Leo y me cercioro primero que las tentaciones y peligros a los que nos exponemos, los que practicamos con devoción férrea esta profesión de ideas y letras, muchas veces ilustrados colegas flagelan la verdad -que casi nunca es absoluta-, al traspasar sin benevolencia la verdad de los hechos, esa línea siempre invisible, pero eternamente permanente, que marca la división entre la verdad y la mentira.

Los periodistas la conocemos como la thin red line.

Si nos apartamos de ella con fines aviesos, entonces entramos en los pantanos de la vergüenza, la ignominia y nos exponemos, escondiendo el pecho, del escarnio patibulario y el ostracismo merecido. De nada valdrán entonces quejas y lamentos.

Es que esta profesión, estimados amigos, es tan linda, tan querida y, a la vez, vilipendiada. Son los gajos del oficio (y los gajes !claro!), para variar. ¿Alguien recuerda con mórbido deleite, los gajos del jilinjoche? ¿No? Yo sí, lamentablemente.

Los años y el tiempo, que algunas veces nos tienen reservado un sitio de segunda en la luneta (no en el palco), como espectadores sin prejuicios malévolos del diario acontecer en ese país hermoso y festivo que se llama Nicaragua, nos ofrecen la medida justa y sin medias tintas del duro destino de mi país de ensueños.

No lo dejemos morir. No tiremos al traste el futuro que, como cronista enamorado tiro mis dardos cuando vislumbro los torcidos vericuetos del acontecer patrio.

Como viajero planetario, paso fugaz por las estaciones que marca el tren: Allapattah; Santa Clara, Palmetto, Okeechobee, Hialeah, West Palm Beach, Boca Raton. South & North Miami, University Dr., y recalo como todo hombre solitario en el análisis de la realidad.

El asedio a Nicaragua es brutal. Errores los cometemos todos, sirios y troyanos. Pero uno, como estado, tiene el derecho inalienable de enmendarse.

Quiero queridos lectores, con estas letras agradecer a la primera dama y vicepresidenta de Nicaragua, Sra. Rosario Murillo, sus esfuerzos por re-componer ese bello país, fugitivo de sueños y quimeras, que más temprano que tarde renacerá con el antiguo esplendor de las grises cenizas de la incomprensión y el odio.

La thin red line en el periodismo es esa raya que debemos respetar para poder honrar este ejercicio de ideas y caracteres. Violarla viene a convertirnos en parias de esta linda profesión.

Roberto J. Cuadra
Deerwood, Fl
USA 33186