Muchos lo sabíamos, aunque no teníamos certeza porque no contábamos con los documentos que confirmaran la existencia de un mercado de plumíferos gestado en Nicaragua con recursos estadounidenses.

A estos sicarios de la información, se les encargó el rol de matar la verdad, distorsionar la realidad en sus transmisiones y publicaciones de noticias falsas o fake news, mediante la incitación al odio y la violencia a fin de crear una atmósfera propicia para ejecutar un golpe de estado para derrocar al gobierno sandinista.

Varios periodistas recibieron mucho dinero y se mancharon las manos de sangre porque con sus publicaciones de noticias falsas provocaron que un sector de la sociedad creyera en sus mentiras, manipulaciones y maldades, y que algunos se enardecieran al grado de causar muertes, caos y destrucción.

Desde el principio todo fue un plan fríamente calculado y orquestado desde las entrañas del imperio yanqui.

Medio responsable

Gracias a las revelaciones del periódico digital NicaLeaks, que presentó pruebas irrefutables contra los comunicadores “independientes” la realidad de los hechos quedó al descubierto.

Varios periodistas “independientes se movieron al ritmo de la danza de millones de dólares desembolsados por Estados Unidos a través de la familia Chamorro Barrios dueña de la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, La Prensa, Hoy, Confidencial, Esta Noche, Esta Semana, Artículo 66, y el Centro de Investigación de la Comunicación (CINCO), entre otros negocios periodísticos.

De la actitud adoptada por la familia Chamorro no nos sorprende, pues históricamente sus integrantes han sido vende patria, traidores y proyanquis.

Lo inexplicable es que una parte de los periodistas nacionales, hayan emprendido una travesía criminal sin retorno pese a que nacieron y crecieron en familias humildes criados supuestamente con principios y valores; y luego se formaron profesionalmente con incontables dificultades.

Por unos dólares más

Estos plumíferos se vendieron al imperio gringo por unos dólares más.

A algunos les asignaron el rol de renunciar a sus cargos en los que por años se desempeñaron en los medios de comunicación.

Evidentemente con el claro propósito de dar la impresión ante la opinión pública nacional e internacional que la “dictadura” estaba reprimiendo a los periodistas y coartando la libertad de prensa y expresión.

Algunos emigraron voluntariamente con sus dolaritos en los bolsillos y automáticamente se declararon perseguidos políticos y se auto “exiliaron”.

A otra parte de periodistas independientes, les vendieron la ilusión de que ostentarían mejores puestos de trabajo y devengarían mejores pagas cuando el golpe de estado se hubiese consumado.

Otros desencantados, abandonaron el país porque se convencieron que el golpe de estado había fracasado.

Roles del terror

En cambio, los demás recibieron la orden de quedarse en el país y continuar con la propalación de invenciones falsas desde algunos canales de televisión, periódicos, emisoras, medios digitales y redes sociales.

Con su discurso contra el gobierno al que acusaban de represor y asesino, estos periodistas alentaron a algunas personas a cometer acciones criminales que derivaron en secuestros, violaciones, torturas, asesinatos selectivos de sandinistas y policías y hasta crearon escenarios ficticios con saldo de “heridos” simulados que aparecían manchados con tinta roja y asesinatos que jamás ocurrieron.

Contradictoriamente la “dictadura” les permitió un excesivo libertinaje para la propagación de semejantes mensajes de terror y muerte.

Algunos de estos plumíferos hasta invocaban a Dios en sus transmisiones perversas.

La actuación malévola de los que se hacían llamar “periodistas independientes” dejó una estela de luto, dolor, frustración, resentimiento y la división de familias, vecinos y amigos.

El que reparte y comparte

Estos inescrupulosos “comunicadores” quizás en toda su vida habrían podido acumular esas sumas de dólares que recibieron del yanqui, no obstante, de muy poco les habrá servido en su vida porque truncaron sus carreras, su futuro y el de sus familias.

Lo peor que les sucederá es que difícilmente volverán a ejercer el periodismo porque con su actuación criminal, perdieron la confianza y credibilidad de la que gozaban entre el pueblo de Nicaragua.

Contrario a las desgracias que ahora padecen los aventureros de la comunicación; los intermediarios de los yanquis continúan con sus negocios de la información, quienes además de no arriesgar un centavo, ahora poseen cuentas bancarias más voluminosas que las que tenían antes del fallido golpe de estado.

Mientras tanto, el gobierno ha convocado a un diálogo nacional que se instalará el 27 de febrero y que permitirá sentar las bases para la profundización de la reconciliación que se impulsó con efectividad en comunidades, barrios y núcleos familiares.

La diferencia de este nuevo diálogo con el mamotreto del año pasado en el que un montón de desconocidos sin representación pretendían la rendición del mandatario, ahora tendría que ser con delegados serios, responsables y con representación de una parte de la población nicaragüense.

Tengo plena confianza en que nuestro presidente Daniel Ortega sabrá conducir este esfuerzo que permita a Nicaragua salir del atolladero económico en que la metieron unos cuántos malos hijos de la patria.