La heroína sandinista Amada Pineda reiteró esta mañana la condena por el asesinato atroz de su hijo a manos de golpistas durante el intento de Golpe de Estado realizado por terroristas el año pasado en Managua.

Pineda fue víctima de múltiples violaciones y denunció esos abusos por tropas de la extinta guardia somocista en la década de los 70 y esta mañana conversó con el periodista Alberto Mora de la revista En Vivo del Canal 4 de televisión.

Dijo que se involucró en la lucha sandinista cuando estando en la casa de su padre, pasaban constantemente los combatientes sandinistas, entre ellos, Carlos Fonseca Amador, Pablo Úbeda, Chale Haslam.

Añadió que ellos platicaban con su esposo y con su papá. A partir de ahí se involucró con los sindicatos y su esposo Bernardo Aráuz, inició su labor sindical a favor de los trabajadores.

Ella y su esposo militaron primero en el Partido Socialista y luego se sumaron a la lucha en el FSLN.

Muchos miembros de su familia se dedicaron a organizar a toda la gente y para exigirle justicia a los terratenientes y fue cuando la guardia somocista comenzó la persecución de los sindicalistas.

“En realidad ellos no perseguían a los sindicatos, sino perseguían al Frente”, dijo Amada.

Los ricos mantenían a la guardia en sus haciendas y desde ahí se mantenía la persecución de los colaboradores sandinistas.

La persecución somocista obligó a las Mujeres de El Cuá a huir y a denunciar los crímenes cometidos, porque según Amada ya habían capturado a un montón de gente en esas zonas montañosas.

Amada relató que los jueces de mesta eran los encargados de la represión criminal y vigilaban día y noche los caminos y las comarcas. Los pobladores de la montaña se mantenían más en el monte que en la casa, refirió.

Terribles abusos

Sobre los terribles abusos que sufrió a manos de una patrulla de la guardia somocista, Amada relató que su papá le mandó a decir que saliera del lugar donde se encontraba, porque la andaban buscando a mi esposo. Él no estaba en ese momento porque andaba estudiando en la Unión Soviética y también buscaban a Lino Centeno.

“Lo andaban buscando a él, pero cuando no lo encuentran a él, yo sabía que me iban a agarrar a mí, entonces le digo yo al señor que llegó a decirme: No, le digo, yo no voy a salir de aquí. Pero tu papa está preocupado”, le dijo.

“Sé que está preocupado pero que no se preocupe, que nada me va a pasar”, le reiteró al mensajero.

Refirió que en el monte estaba Catalino Flores, Lenín Ortega y otros compañeros, Amada les llevó ropa, les planchó otras mudadas y les mandó comida.

Sin embargo, en la noche de ese mismo día llegó un primo hermano de Bernardo Aráuz,

su esposo, con unos rifles y municiones. Ella le advirtió que los iban a matar y lo instó a llevarse los fusiles.

Ocultaron los fusiles y la guardia no los encontró. A las 2 de la mañana oyó un perro ladrar, ella se levantó y vio a un montón de guardias. La luna estaba como el día.

Ella levantó a una mujer que estaba recién parida y advirtió a los que estaban la zona que se despertaran porque ahí estaba la guardia.

Los guardias los sacaron a todos de la precaria vivienda y tomó a dos de sus hijos, pero los guardias la conminaron a que dejara a los niños con una de las mujeres.

“Me amarraron, me tiraron por un montón de madera. Me amarraron como cualquier criminal. Me llevaron a la hacienda de los Castro", dijo.

“Yo miré por una ventana que llegó un sacerdote, andaba buscando a una pareja para un cursillo de casados, pero mi papá ya le había dicho, ‘mire padre yo creo que a la Amada ya la agarraron’, entonces el padre comenzó a pedir cuajada, preguntando, preguntado, entonces les dijo, parece como que vinieron unos ahora, venían mujeres, preguntó y le dijeron parece que sí, porque les miré los pies. Íbamos encapuchados y tapados toditos”, relató la heroína sandinista.

“El padre le dijo a mi papá ahí está. Ya había llegado otro señor del lugar donde yo estaba a la tronca y le dijo, mire don Eduardo, agarraron a la Amada, nos agarraron a nueve, solo yo era mujer”, añadió.

“Nos sacaban a medianoche, en la madrugada, nos sacaban para interrogarnos”.

Refirió que el mismo día que la capturaron la violaron y la golpearon. Todo su cuerpo se puso morado de la golpiza. “Parecía hígado, me daban y me daban”.

Amada estuvo 10 días presa y sometida a tratos infames.

La amenazan para que no dijera nada

Cuando la soltaron los guardias le advirtieron que dijera que no estaba prisionera, que estaba por su propia voluntad, sirviéndoles a ellos y que no le habían hecho nada.

“Cuando yo estoy en Matagalpa me dice un compañero que se llamaba Antonio Castro, ¿qué vamos a hacer? ¿Qué vamos a hacer? Que yo voy a ir a denunciar”, le respondió Amada.

Castro le preguntó que si sabía en lo que iba a meter si denunciaba aquellos abusos. “Sí ya sé, le digo. O me matan o ven qué hacen, pero yo voy a ir a denunciar esto, sí, le digo”.

Explicó que debía hacer la denuncia de los abusos que le hicieron y para que se conociera que otros compañeros habían quedado prisioneros.

De esa forma salieron libre todos los capturados.

Refirió que desde que la guardia andaba buscando a su hijo mayor, ella estaba en La Tronca, El Carrizal. Llega en la tardecita y le dijo que la guardia había capturado a un compañero llamado Amado Vega, esposo de María Castil.

Los guardias agarraron a su hijo cuando estaba arriba de la casa clavando un zinc y lo jalaron de los pies y lo dejaron caer. “Le pegaron y zanganadas le hicieron, después se lo llevaron y apareció muerto”, añadió.

La denuncia de Amada Pineda de su violación causó una gran conmoción nacional y se conocen las atrocidades que comete la guardia somocista con el campesinado en las montañas.

Dijo que cuando llegó al diario La Prensa de Pedro Joaquín Chamorro, la compañera Rosario Murillo, actual vicepresidenta del país, fue la que la entrevistó.

Amada señaló que luego siguió trabajando con el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Alegría cuando se fue Somoza

Más adelante señaló que al triunfo de la Revolución Popular Sandinista, sintió alegría y más porque se había ido Somoza.

Más alegría tuvo cuando se dio cuenta que muchos prisioneros sandinistas fueron liberados.

Destacó el hecho que la mujer ahora tiene sus espacios asegurados, con el 50-50 y cuenta con programas de gobierno.

Vuelve el terror somocista

Lamentó que muchos de los que estuvieron en los tranques de la muerte y que revivieron el terror somocista, muchos han recibido beneficios del Frente Sandinista.

Dijo que a los que estuvieron en esos tranques les pagaron unos cuantos centavos y les llevaban marihuana, guaro y todo para crear caos y terror entre la superación.

Con profundo dolor habló del asesinato atroz de su hijo Francisco Ramón Aráuz Pineda, en una escena terrible y condenable, en uno de los tranques de la muerte en Managua.

“Es horrible. Yo les digo a los compañeros, nosotros nunca hicimos eso. Jamás hicimos eso que íbamos a matar a alguien, que lo íbamos a quemar, que nos íbamos a reír, que íbamos a bailar”, dijo.

“Lo que hicieron con mi hijo y que yo no lo miré Alberto, yo no miré, porque ese día que lo mataron”, dijo.

En relación al diálogo expresó: “Solo mirar a ese montón de sacerdotes que para nada sirven, el chavalo aquel, yo tenía ganas de estar ahí cerquita y quitarle la bandera de donde la andaba, porque es un irrespeto también, cómo insultó al Comandante, insultó a todo el mundo”.

Señaló que no sabe cómo ha manejado ese dolor, tras la muerte de su hijo que fue enterrado el mismo día del crimen atroz.

Critica actitud de obispos

“Yo no voy a misa, yo le pido a Dios, yo sigo siendo católica, rezo mi virgen y yo celebro a la virgen, pero con los curas no quiero saber nada y ahorita más que todo con esta otra que están negociando, se supone y que ellos no quieren, porque quieren sacar a los ‘presos políticos’, cuáles políticos, si lo que hay es un montón de ladrones, asesinos, violadores y hay de todo”, dijo.