El evento anual del partido de extrema derecha Vox ha concluido en Madrid, España. Habitualmente, el encuentro se celebra en octubre y se titula A Viva Vox, pero esta vez se ha transformado en Europa Viva 24, para recordar las próximas elecciones europeas del 8 y 9 de junio. Estuvieron todos los representantes de la ola negra que todavía tiene viento a favor a nivel internacional, y que promete aprovechar el descontento popular distorsionando sus contenidos: es decir, desviándolos de la necesidad de un cambio estructural contra el actual modelo de desarrollo, en crisis sistémica, a una versión rimbombante y distorsionada de la receta habitual.

Los gritos de Javier Milei, en Argentina, de André Ventura, en Portugal, de Marine Le Pen, en Francia o de Santiago Abascal, en España sirven para aplicar las más ardientes políticas neoliberales, y para fortalecer el complejo militar-industrial, haciendo pagar los costos a quienes producen la riqueza, sin poder aprovecharla. En esta alianza, aquellos que ya han ocupado su lugar en la fila para una posición de poder de mayor alcance en Europa, como la extrema derecha italiana o francesa, ahora están tratando de distanciarse de aquellos que, en cambio, están tratando de cabalgar, con ideas y declaraciones explícitamente nazis, el “euroescepticismo”, como el AfD alemán. Pero todos necesitan enfatizar un “enemigo” fácil a nivel local -los inmigrantes, las mujeres o la sexo-diversidad-, y una obsesión unificadora a nivel internacional: el odio por el comunismo, renovado con el odio a cualquier forma de redención de los pueblos, sea desde Cuba, sea desde la Venezuela bolivariana.

Y, de hecho, la propaganda de Vox tiene en el punto de mira sobre todo las elecciones presidenciales en Venezuela y al representante del pueblo, Nicolás Maduro. En esto, la alianza ultraconservadora también encuentra apoyo en los partidos de centro izquierda, que hace tiempo que abandonaron sus aspiraciones de cambio por las clases populares, allanando el camino para el avance de la derecha y la extrema derecha.

En Madrid, en los barrios de lujo que asemejan un pequeño Miami, hay muchos prófugos de la justicia venezolana, que han trasladado al lugar sus bienes, robados al pueblo venezolano. Y desde España (pero también desde Italia), promueven todas las campañas mediáticas y desestabilizadoras contra su país, y piden “sanciones” a sus padrinos occidentales.

Un ataque multicéntrico, tripulado por Washington y que, desde España, parte de la Fundación Disenso, el think tank de Vox que se encarga de tejer y mantener las relaciones y alianzas internacionales del partido de Abascal. Con especial atención a los jóvenes, Disenso ha organizado debates como “Voces de la libertad contra la izquierda criminal”, animados por “expertos” y periodistas debidamente “lubricados” por los centros de poder que mueven los hilos. Con sus extensos tentáculos, el think tank pretende, de hecho, influir en las estadísticas y las economías de los países socialistas, posicionar una matriz de opinión adversa, revertir los contenidos y construir títeres del imperialismo como si fueran auténticos líderes producidos por las masas.

Este fue el caso de Milei en Argentina. El loco de la motosierra, invitado al acto, tomó protagonismo y provocó una crisis diplomática con el Gobierno español, insultando gratuitamente a su presidente, el socialista Pedro Sánchez, y pero recibiendo el apoyo de Vox. Como demostró una primicia de la agencia Venezuela News, fue a través de la Fundación Disenso que llegaron los 2,3 millones de dólares de financiación estadounidense para las “primarias” de la ex congresista venezolana María Corina Machado, afiliada a Vox. Y desde esta fundación nacieron numerosas campañas contra la izquierda latinoamericana, en particular contra el Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla.

El 26 de octubre de 2020, bajo los auspicios del entonces presidente estadounidense, Donald Trump, Disenso fundó el Foro de Madrid, una alianza de partidos y organizaciones políticas hispanoamericanas y españolas, cuyo documento unificador es la Carta de Madrid. Una plataforma firmada por ex presidentes latinoamericanos de extrema derecha, por miembros de la oposición golpista venezolana, cubana, peruana, colombiana…

En febrero de este año, con motivo del 25º aniversario de la toma de posesión del comandante Hugo Chávez como presidente, el Foro de Madrid recogió las firmas de 220 parlamentarios y envió una carta delirante al magistrado de la Corte Penal Internacional, Karim Ahmad Khan, para pedir que el Presidente Maduro, una vez más candidato del pueblo para las próximas elecciones presidenciales del 28 de julio, sea juzgado por crímenes contra la humanidad.

La presencia del representante israelí del genocida Netanyahu en el acto de Vox indica perfectamente la falta de credibilidad y fundamento de las acusaciones contra el presidente bolivariano. También en febrero, el Foro de Madrid impulsó en el Parlamento Europeo una resolución condenando la inhabilitación política de Machado, acusada de delitos por los que, en Europa, habría sido condenada a cadena perpetua.

Sin embargo, frente al Palacio de Vistalegre, donde tuvo lugar el acto, cientos de manifestantes ondeando banderas de varios países europeos y latinoamericanos gritaron: “Fuera los fascistas de nuestras calles”. Un evento organizado por el colectivo Mi voz, mi decisión, para decir: “Milei basura, tú eres la dictadura”, y también “ni un derecho menos, ni un ajuste más”. Para contrarrestar las campañas difamatorias de la derecha en las redes sociales, muchos de esos manifestantes están expresando su apoyo a Nicolás Maduro con el hashtag: #YoSigoAMaduro.

También se levantaron carteles con los rostros de los líderes del fascismo europeo, entre ellos Orban y Meloni, que hablaron por videoconferencia. Esta vez, como primera ministra italiana, la líder de Hermanos de Italia contuvo los gritos antieuropeos lanzados en la reunión de Vox cuando aún no tenía cargos de gobierno. Ahora pretende, de hecho, no quedar fuera de la elección de la presidencia europea y de la formación de la próxima Comisión, y por eso podría votar también con los socialistas y sin sus primos intransigentes: en la tradición camaleónica del fascismo cuando se hace gobierno.