La llama que permanece encendida en el mausoleo del Comandante Carlos Fonseca Amador simboliza la lucha que compartió con el Comandante Tomás Borge Martínez y el Coronel Santos López, quienes custodian al padre de la Revolución Popular Sandinista desde los lugares que ocupan a su lado, en las inmediaciones de la Plaza de la Revolución, donde permanecen los tres fundadores del Frente Sandinista de Liberación Nacional, al que llegaron con experiencias diferentes, porque Santos había combatido bajo las órdenes del General Augusto C. Sandino, Tomás por su parte sufrió las cárceles y la persecución somocista, y Carlos había dedicado buena parte de su juventud a estudiar el pensamiento de Sandino y preparar la lucha revolucionaria. En este cincuentenario de su tránsito a la inmortalidad, Carlos es el principal protagonista de la conmemoración, que reúne en una misma historia a tres hombres que desempeñaron un papel decisivo en los orígenes del Frente Sandinista.

Santos López, nacido en 1914 en Yalagüina, Madriz, tenía apenas doce años cuando se sumó al Ejército Defensor de la Soberanía Nacional que dirigía el General Augusto C. Sandino, donde comenzó desempeñando tareas de apoyo a las tropas guerrilleras y posteriormente participó en los combates contra la ocupación estadounidense y la Guardia Nacional, hasta alcanzar el grado de coronel a los dieciocho años, rango que tenía cuando, el 21 de febrero de 1934, la cobarde emboscada ordenada por el dictador Anastasio Somoza García culminó con el magnicidio del General Sandino y, fue esa misma noche que, la Guardia Nacional atacó la vivienda de Sofonías Salvatierra, donde cayó el coronel Sócrates Sandino y Santos López resultó herido, aunque consiguió abrirse paso entre las fuerzas de la Guardia Nacional y salir de Managua, trasladándose a Honduras, donde vivió durante años. En territorio hondureño lo contactó Carlos Fonseca en 1960 y, al año siguiente, ambos participaron junto a Tomás Borge en la fundación del Frente de Liberación Nacional, en Tegucigalpa.

Después de la fundación del Frente de Liberación Nacional en 1961, Carlos Fonseca continuó el trabajo político que había iniciado años atrás durante las luchas estudiantiles de León, donde enfrentó la persecución somocista, al igual que Tomás Borge, también originario de Matagalpa, mismo que había sufrido varios encarcelamientos por sus actividades revolucionarias. Ambos trabajaron en la preparación política del movimiento y en la incorporación de nuevos combatientes, con la participación del Coronel Santos López, que conocía las montañas del norte y las tácticas guerrilleras del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, por haber combatido durante años bajo las órdenes del General Sandino, y posteriormente compartió su experiencia militar con los jóvenes guerrilleros, particularmente durante las operaciones de Raití-Bocay en 1963, en las que participó junto a Tomás Borge, al tiempo que Carlos continuaba dirigiendo a los militantes y definiendo los objetivos políticos de la lucha contra el somocismo.

En 1963, por iniciativa de Carlos Fonseca, el Frente de Liberación Nacional comenzó a llamarse Frente Sandinista de Liberación Nacional, agregando el nombre del General Augusto C. Sandino a la organización revolucionaria de la que también formaban parte Tomás Borge y Santos López, hasta que el 10 de febrero de 1965 este último transitó a la inmortalidad en La Habana, Cuba, después de varios meses hospitalizado. Carlos y Tomás prosiguieron la lucha contra el somocismo y, luego de los combates de Pancasán en 1967, el Frente llegó a 1969 con su Programa Histórico, que planteaba la reforma agraria, el acceso a la educación y los derechos de los trabajadores, año en que Carlos asumió la Secretaría General del FSLN.

Ese mismo año, Carlos fue detenido por la policía de Costa Rica, país al que se había trasladado para desarrollar sus actividades revolucionarias, acusado de supuestamente participar en un asalto bancario y encarcelado en Alajuela, donde estuvo privado de libertad hasta el 21 de octubre de 1970, cuando un comando sandinista consiguió su liberación mediante una operación que permitió intercambiar a los pasajeros retenidos en un avión de la aerolínea costarricense LACSA por prisioneros del FSLN. Después de recuperar su libertad, Fonseca viajó a Cuba, donde residió varios años, hasta que en 1975 regresó clandestinamente a Nicaragua, decidido no solamente a dirigir la lucha guerrillera en las montañas, sino también a participar directamente en los combates contra la dinastía somocista.

El 8 de noviembre de 1976, el Comandante Carlos Fonseca Amador fue asesinado por la Guardia Nacional somocista durante una emboscada en Boca de Piedra, comarca de Zinica, y transitó a la inmortalidad, acontecimiento que conoció Tomás Borge desde la prisión, después de haber sido capturado en febrero de ese mismo año en Managua por sus actividades revolucionarias. Al recordar aquel momento, el Comandante Borge relató: “Cuando estábamos en la cárcel llegó un oficial de la Guardia Nacional lleno de alegría a decirnos que Carlos Fonseca había muerto. Nosotros le respondimos: Carlos Fonseca es de los muertos que nunca mueren”. El 22 de agosto de 1978, Tomás recuperó su libertad mediante la toma del Palacio Nacional y participó en el triunfo de la Revolución Popular Sandinista el 19 de julio de 1979, asumiendo posteriormente el Ministerio del Interior y desempeñando otras responsabilidades como vicesecretario general del FSLN, diputado y embajador de Nicaragua en Perú, hasta su partida a la eternidad el 30 de abril de 2012.

Cada 8 de noviembre, la Copresidenta, Compañera Rosario Murillo le rinde homenaje al inmortal Comandante Carlos Fonseca Amador con palabras de admiración, respeto y cariño, recordando los años de lucha revolucionaria y el significado que tiene su nombre para el pueblo nicaragüense y el Frente Sandinista, al que dedicó su vida desde su juventud, y al evocar aquellos tiempos expresó: “Y tanto que aprendimos a admirar a Carlos, en los Tiempos más duros de la Siembra, como decía Leonel Rugama. Admirado, respetado, reconocido, escuchado, seguido por tantos nicaragüenses que creíamos en el Compromiso Revolucionario”. Al hablar de su lugar en la historia de nuestro país, manifestó: “Y Carlos no sólo és el Héroe, el Comandante, el Fundador, és Patrimonio, Patrimonio Nacional de esta nuestra Nicaragua, con cuánto Amor, Reconocimiento, Respeto, Admiración, lo decimos”. La Copresidenta también destacó: “Carlos está aquí, en todos los Caminos que vamos recorriendo, que son Caminos de Luchas y Victorias, porque la Vida és Lucha, és Combate Cotidiano, incluso con nosotros mismos, los Seres Humanos, que debemos aprender a hacer lo que creemos que és lo más correcto”. Y al referirse al significado que tiene el fundador del FSLN para la Revolución Popular Sandinista, afirmó: “Carlos és la Revolución, Carlos és el Frente Sandinista, Carlos és la Mística, és el Ideario, Carlos és la Memoria Histórica, y Carlos és el Futuro de este Pueblo nuestro, que tiene que ser un Futuro de Bienestar, de más Derechos, de vencimiento de todas las pobrezas y todas las precariedades, porque también hay pobreza de Alma”. Al referirse a los traidores a la Patria, expresó: “Y cuando Carlos habla de los Traidores a la Patria está hablando de la pobreza y la precariedad de Alma también; porque con el Alma Grande, con Espíritu, con Fé, imitando a Cristo, nos entregamos, y nos seguimos entregando a construir, no a destruir, a amar, nunca a odiar, y a ser y hacer lo mejor posible cada día”, finalizó la Compañera Rosario Murillo.

El 7 de noviembre de 1979, casi tres años después del asesinato del Comandante Carlos Fonseca Amador y a tres meses y diecinueve días del triunfo de la Revolución Popular Sandinista, miembros del Ejército trasladaron a Managua sus restos, recuperados en la comunidad de Dipina, municipio de Waslala, donde habían sido ocultados por la Guardia Nacional somocista, y el pueblo le rindió homenaje antes de ser depositados en su mausoleo, junto a la Plaza de la Revolución.
El 3 de marzo de 1984, diecinueve años después de su partida a la eternidad en La Habana, Cuba, llegaron a nuestro país los restos del Coronel Santos López, recibidos con honores por las autoridades revolucionarias antes de descansar en el mismo lugar, y el 2 de mayo de 2012, dos días después de su último adiós, el Comandante Tomás Borge fue llevado a descansar junto a Carlos, cumpliéndose el deseo que había expresado en vida de estar cerca de su compañero de lucha. Desde entonces, los tres comparten ese espacio histórico de Managua, con Tomás y Santos al lado del padre de la Revolución, Carlos Fonseca Amador, cuyo nombre sigue presente en los cincuenta años de su inmortalidad, bajo la llama que hoy mantienen encendida la Compañera Rosario Murillo y el Comandante Daniel Ortega, en honor a los ideales de soberanía, libertad y justicia por los que Carlos, Tomás y Santos dedicaron sus vidas a la lucha revolucionaria.

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