La militancia sandinista aglutina a personas de distintas edades, oficios y procedencias que forman parte de la base del Frente Sandinista de Liberación Nacional y participan activamente en la vida política y social del país, más allá de las concentraciones partidarias y de los procesos electorales, porque también trabajan diariamente en las comunidades y mantienen contacto permanente con la población. Con el paso del tiempo, la militancia ha asumido distintas responsabilidades y ha cambiado sus formas de participación sin perder su identidad política. La juventud tiene un enorme protagonismo dentro de la militancia y su llegada ha dado nuevos rostros y nuevas voces a la base del sandinismo, generaciones nacidas muchos años después del triunfo revolucionario que han hecho suyo el FSLN y hoy lo viven desde su propio tiempo, teniendo como columna vertebral de la Revolución a sus dos principales referentes, la Copresidenta Compañera Rosario Murillo y el Copresidente Comandante Daniel Ortega, mientras los jóvenes ganan mayor espacio y escriben su propia parte en la historia del Frente Sandinista.
Esa forma de vivir la militancia viene de mucho antes del triunfo revolucionario y nació al calor de la lucha contra la dictadura somocista, cuando el sandinismo fue creciendo entre el pueblo y Carlos Fonseca dejó escrito en 1975 que el militante debía estar cerca de la vida del trabajador, aprender de la gente y hacer que sus palabras fueran de la mano con sus actos, principios que después del 19 de julio de 1979 pasaron de los años de lucha a otra etapa, cuando el FSLN llegó al Gobierno y la militancia comenzó a enfrentar nuevos retos junto al pueblo. Con el triunfo revolucionario, la militancia sandinista pasó de la lucha contra el somocismo a vivir junto al pueblo los cambios que comenzaban en el país, y quizás la Cruzada Nacional de Alfabetización de 1980 sea de los ejemplos que mejor cuentan la historia vivida, cuando unos 60 mil jóvenes se fueron al campo para enseñar a leer y escribir y terminaron conociendo de cerca la vida de las familias campesinas. La UNESCO señala que el analfabetismo bajó del 50 al 12 por ciento, y la alfabetización dio paso a otras tareas que mantuvieron a los militantes cerca de la población durante los difíciles años de la agresión bélica.
La guerra que se nos impuso en los años ochenta cambió la vida del país y también la manera de militar, porque el conflicto llegó hasta las comunidades y golpeó directamente a muchas familias, mientras los militantes sandinistas enfrentaban circunstancias mucho más difíciles que las vividas inmediatamente después de 1979, manteniéndose cerca de la gente y de sus problemas diarios, algo que años después tendría otro peso cuando el Frente dejó el Gobierno en 1990 y su base tuvo que seguir adelante sin tener el poder del Estado. Después de 1990 comenzó otro capítulo para los sandinistas, tras unas elecciones realizadas al final de una década marcada por la guerra financiada por Estados Unidos y el bloqueo económico, con un pueblo golpeado, amenazado y chantajeado ante la posibilidad de que la guerra y las sanciones continuaran si el FSLN seguía gobernando, mientras la Unión Nacional Opositora llegó a las elecciones con respaldo político y financiero estadounidense y entregada servilmente a esa potencia, fuera del Gobierno, el Frente Sandinista tuvo que cambiar su manera de hacer política, fortalecer el trabajo con sus bases y mantenerse cerca de la gente durante casi diecisiete años, hasta regresar al Gobierno en 2007.
El retorno del FSLN al Gobierno en enero de 2007 cambió nuevamente el rumbo de sus militantes, después de casi diecisiete años de mantener vivo al partido desde la oposición, ahora volvían a caminar junto a un proyecto que retomaba el poder y comenzaba a impulsar programas sociales, restituir los derechos de la gente y llevar a cabo obras públicas en beneficio del pueblo, con la Compañera Rosario Murillo y el Comandante Daniel Ortega al frente de este nuevo período, mientras la base sandinista volvía a tener mayor cercanía con las acciones del Ejecutivo y con el modelo de Pueblo Presidente, que desde entonces pasó a formar parte de la manera de hacer política del Buen Gobierno Sandinista. La militancia vive hoy entre el partido, las comunidades y el trabajo del Gobierno, y participa en distintos momentos de la vida política y social del país, como ocurrió en estos últimos meses durante las consultas sobre las reformas parciales a la Constitución, donde fueron convocados distintos sectores de la población, reflejando una base amplia en la que los militantes y el pueblo son protagonistas porque forman parte de la misma fuerza popular y comparten los cambios que vive el país, desde los municipios, barrios y comarcas, pasando por las regiones, departamentos y cabeceras departamentales, hasta cada rincón de Nicaragua.
La amplitud de la base sandinista también se mira en las distintas maneras de militar, porque cada persona aporta según el lugar que tiene en la sociedad y la realidad que vive, sin que pertenecer al mismo partido signifique hacer exactamente lo mismo, y ahí radica buena parte de su fuerza popular, en hombres y mujeres que desde sus propias labores mantienen vigente su identificación con el sandinismo y hacen de la militancia algo que forma parte de sus vidas, sus familias y su manera de relacionarse con el país.
Además la forma de militar también ha cambiado con los años, hoy las redes sociales y la comunicación digital se suman al contacto directo entre los sandinistas, llevando sus mensajes a lugares donde antes solo llegaban por otros medios y abriendo nuevas maneras de participar, sin dejar atrás el encuentro personal que sigue siendo parte de la vida partidaria. Así llega el sandinismo a nuestros días, con la Copresidenta Compañera Rosario Murillo y el Copresidente Comandante Daniel Ortega al frente del país y con sus militantes incorporando las herramientas de estos tiempos a su manera de hacer política.
Detrás de todo lo recorrido queda la pregunta que define el sentido de este artículo, qué significa ser militante sandinista, y la respuesta va mucho más allá de pertenecer a un partido, porque militar significa asumir principios, ponerlos en práctica, aprender del pueblo, actuar con modestia, respetar al compañero y hacer que las palabras tengan respaldo en los hechos, rasgos que aparecen desde los primeros escritos sobre el militante sandinista y que colocan la conducta personal al mismo nivel que las ideas políticas.
Ser militante también significa pensar en colectivo antes que en intereses individuales, compartir una causa con otros y llevarla consigo dondequiera que esté, de manera que la militancia deja de ser solamente una afiliación y pasa a convertirse en compromiso, disciplina, fraternidad y servicio al pueblo. Tal y como nos han enseñado la Compañera Rosario Murillo y el Comandante Daniel Ortega, un militante debe querer a su patria, defender la soberanía, promover la paz y mantener viva la lucha de nuestros héroes contra los invasores, los traidores y los vendepatrias.













