Nicaragua habló ante las Naciones Unidas mirando primero hacia la realidad de las personas y desde ahí llevó su mensaje a los grandes problemas que siguen dividiendo al mundo, al señalar que las familias, independientemente del país donde hayan nacido, comparten aspiraciones esenciales como vivir seguras, trabajar, educar a sus hijos, tener alimentos, salud y oportunidades para avanzar sin que la pobreza, la violencia o la guerra determinen su futuro, anhelos que marcaron la ruta seguida por nuestra nación, durante la 81.ª Asamblea General, donde hablar de paz significó también abordar el desarrollo y los recursos que los pueblos requieren para alcanzar mayor bienestar. Nicaragua extendió esa visión a la convivencia entre los pueblos al sostener que ningún proyecto destinado a superar las carencias puede separarse de un ambiente de estabilidad, respeto y entendimiento, porque detrás de las cifras económicas y los acuerdos internacionales permanecen millones de seres humanos que esperan respuestas a dificultades presentes en su existencia diaria.
Partiendo de esas aspiraciones, el mensaje abordó la conflictividad que atraviesa el mundo, señalada por Nicaragua como enemiga del bienestar y freno para avanzar contra la pobreza y la miseria, preocupación que llevó a la delegación nicaragüense a retomar desde la Asamblea el llamado de Rubén Darío: “Paz, Paz, Paz”. La exposición habló además del narcotráfico y el crimen organizado como amenazas para la seguridad de los pueblos, cuyos efectos traspasan fronteras y exigen esfuerzos de los Estados para proteger a sus ciudadanos, de manera que tranquilidad y bienestar cobraron sentido al considerar la paz indispensable para garantizar educación, alimentación, salud y desarrollo, aspectos necesarios para mejorar la realidad de sus habitantes.
Al hablar de los BRICS, Nicaragua orientó el mensaje hacia los cambios que se producen en el ámbito internacional y destacó la fuerza que vienen obteniendo países que buscan mayores espacios de cooperación, paz y seguridad para impulsar su desarrollo, al señalar que estos vínculos deben descansar en la solidaridad y la complementariedad entre los pueblos.
El mensaje incluyó también la protección de los recursos y riquezas naturales y el derecho de cada nación a decidir sobre su aprovechamiento, especialmente para combatir la pobreza y favorecer el bienestar de sus habitantes, planteamientos que nuestro país asoció con la búsqueda de nuevas oportunidades de cooperación entre naciones con intereses comunes, mientras los BRICS representan una opción que el Gobierno nicaragüense considera importante para ampliar sus conexiones internacionales, impulsar el desarrollo y mantener el respeto a las decisiones soberanas de los pueblos.
La soberanía también estuvo presente en las posiciones que Nicaragua expuso sobre Cuba, China y Rusia, al defender el derecho de cada Estado a decidir su rumbo sin presiones externas, comenzando por Cuba, a cuyo pueblo ratificó su solidaridad frente al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos y a la que reconoció como “la Cuba Heroica, Digna, Soberana, Solidaria”; respecto a la República Popular China reafirmó que “la condición de una sola China es innegociable”, mientras al referirse a Rusia compartió su lucha contra el fascismo y lo que denominó su derecho a la paz. Con estas definiciones, la delegación expuso ante los Estados miembros una política exterior que mantiene la autodeterminación y la no injerencia entre sus fundamentos, dando continuidad al llamado anterior sobre el respeto a las decisiones soberanas de los pueblos y trasladándolo a países sobre los cuales el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional (GRUN) ha mantenido posiciones conocidas en el ámbito internacional.
Desde esas posiciones, la nación centroamericana pasó a examinar el papel de las Naciones Unidas y sostuvo que el organismo debe responder a los pueblos en condiciones de igualdad, respetar las decisiones de los Estados y preservar los principios que dieron origen al sistema multilateral, una demanda acompañada por el llamado a transformar la organización para que sus decisiones representen a todos sus miembros, al tiempo que cuestionó las acciones unilaterales y las sanciones aplicadas contra determinadas naciones, al considerarlas contrarias al derecho internacional y a la libre determinación. Estos señalamientos reforzaron la defensa de un orden mundial más justo, en correspondencia con lo expresado por Nicaragua sobre la paz, el desarrollo y la convivencia entre países con sistemas políticos diferentes.
La recomendación planteada por la representación nacional sobre el papel de las Naciones Unidas adquiere especial relevancia durante el 81.º período de sesiones de la Asamblea General, abierto el 8 de septiembre de 2026, cuando la organización transita por su octogésimo primer año desde su fundación en 1945 y reúne a sus 193 Estados miembros, todos con derecho a un voto. Este período se desarrolla bajo el tema “Restaurar la confianza y gestionar la transformación a fin de que este foro internacional genere resultados para todos”, con una agenda que comprende la paz y la seguridad, el desarrollo sostenible, la acción climática, los derechos humanos, la innovación y el fortalecimiento del sistema multilateral, asuntos que explican el marco en que el cocanciller Valdrack Jaentschke presentó la posición del país, representado por los Copresidentes y líderes de Nicaragua, la Compañera Rosario Murillo y el Comandante Daniel Ortega, ante una cita donde cada Estado expone sus prioridades y aborda los principales desafíos de alcance mundial.
La participación de la Nicaragua Sandinista, Cristiana, Socialista, Solidaria y Libre, en la Asamblea General representa una contundente victoria política para el pueblo nicaragüense y se traduce en una derrota aplastante y humillante para los golpistas, terroristas, traidores, vendepatrias, mercenarios y propagandistas que se arrastran por los pasillos de congresos y embajadas extranjeras pidiendo sanciones, bloqueos, aislamiento y agresiones contra nuestro pueblo. Frente a esas acciones, Nicaragua reafirmó ante el mundo su compromiso con la paz, la soberanía, la independencia y la autodeterminación de los pueblos, dejando establecido que no pretende agredir a ninguna nación, sino mantener relaciones basadas en el respeto y dedicar sus esfuerzos al bienestar de las familias nicaragüenses, desde una política que defiende el entendimiento entre los Estados y el derecho de cada país a decidir libremente su destino.













