Compañera Presidenta:
Reciba un saludo afectuoso y filial, con la admiración y el respeto de siempre.
Desde niño escuché hablar de Rigoberto López Pérez. Mi papá nos contaba sobre aquel joven de León y sobre lo ocurrido la noche del 21 de septiembre de 1956. Entre aquellas historias de infancia quedó grabada en mí la imagen de un hombre muy joven que caminaba hacia una decisión de la que probablemente sabía que no regresaría.
Así conocí a Rigoberto.
Primero, a través de mi padre. Después, a través de la historia. Y con los años fui comprendiendo la dimensión humana y nacional de aquella existencia breve, pero grande; porque Rigoberto no necesitó vivir muchos años para cumplir una misión que trascendió su propia vida y dejó una huella profunda en la historia de Nicaragua.
Rigoberto nació en León el 13 de mayo de 1929, hijo de Soledad López y Francisco Pérez. Fue trabajador, poeta y amante de la literatura y de la música. En sus versos encontró una manera de expresar sus sentimientos y su profundo amor por Nicaragua.
Tenía apenas 27 años.
Antes de convertirse en Héroe Nacional, antes de que su nombre adquiriera dimensión histórica, fue un hijo, un poeta y un muchacho nacido en León.
Y aquella condición de hijo adquiere un significado especial al recordar las últimas horas que pasó junto a doña Soledad.
Antes de dirigirse a la Casa del Obrero, estuvo con ella durante parte de la tarde y le leyó algunos de sus poemas.
Después salió.
Su madre recordaría posteriormente:
«Quería morir con los colores de la bandera nacional en su cuerpo.»
Detrás de aquella frase hay una escena profundamente humana: una madre y un hijo compartiendo juntos las últimas horas antes de que el destino de ambos quedara marcado para siempre.
Rigoberto dejó también para su madre una frase que expresa la conciencia con la que asumió aquella decisión:
«Mi muerte no ha sido un sacrificio, sino un deber que espero haber cumplido.»
No hace falta añadir demasiado.
Sus propias palabras permiten acercarnos al pensamiento con el que enfrentó aquel momento.
La acción de Rigoberto tuvo una profunda repercusión política y social. Su figura quedó vinculada a la lucha contra la dictadura somocista y, posteriormente, adquirió un significado que trascendió su propia vida.
Con Rigoberto comenzó un proceso de liberación que iría mucho más allá de su propia existencia. Su acción fue asumida como el “principio del fin” de la dictadura somocista; después vendrían nuevas luchas, nuevos hombres y mujeres y nuevos sacrificios, hasta desembocar, 23 años después, en el triunfo de la Revolución Popular Sandinista.
Por eso podemos decir que aquella noche de septiembre de 1956 no fue solamente la muerte de un joven leonés: fue también el comienzo de una larga marcha histórica hacia la liberación de Nicaragua. Rigoberto abrió una página que otros continuarían escribiendo con su propia vida, hasta que el pueblo alcanzara la victoria de 1979.
En 1981 fue declarado oficialmente Héroe Nacional de Nicaragua.
Pero para nosotros los leoneses su significado tiene una dimensión particular.
No es solamente una figura de los libros de historia.
Es parte de la identidad de una ciudad que lo vio nacer, caminar por sus calles y escribir sus versos.
Por eso Rigoberto pertenece a León de una manera especial, y León pertenece también a la historia de Rigoberto.
Con el paso de los años, su recuerdo llegó a nuevos hombres y mujeres. Lo que una vez fue contado por los padres a sus hijos pasó a formar parte de la conciencia de todo un pueblo.
Y esa responsabilidad también nos alcanza a nosotros: conservar el conocimiento de quién fue, qué escribió, qué vivió y por qué su nombre quedó ligado a uno de los momentos decisivos de nuestra historia nacional.
Que quienes hoy se acercan a Rigoberto puedan conocerlo no solamente como una figura histórica, sino como aquel joven de 27 años que amó a Nicaragua, escribió poesía, tuvo una madre que lo esperaba y tomó una decisión que cambiaría el curso de su vida y la de nuestra amada Nicaragua.
Y que puedan comprender también que la libertad no fue obra de un solo hombre. Rigoberto fue una semilla en una historia mucho más grande: una historia de luchas, sacrificios y esperanzas que fue construyendo el camino que llevó a Nicaragua hacia la liberación y que hoy nos compromete a seguir defendiendo la paz.
Honor a Rigoberto López Pérez.
Honor al Poeta.
Honor al leonés.
Honor al Héroe Nacional de Nicaragua.
21 de Septiembre.
León recuerda.
Nicaragua recuerda.
Nicaragua no olvida.
Querida compañera, en esta fecha en que conmemoramos a nuestro Héroe Nacional, elevo también mi oración ante la Virgen de Kazán, pidiendo por el bienestar, la paz y la prosperidad de nuestra hermana República de Rusia y por todos sus hijos.
Que la Madre de Dios, venerada bajo esta antigua advocación, acompañe nuestras súplicas y extienda su maternal protección sobre los pueblos de Nicaragua y Rusia, que confiamos a su poderoso amparo.
Con afecto filial,
Yáder José Salmerón Silva













