Entre montañas y caminos rurales de Jinotega, el silencio del campo cedió paso el fin de semana reciente al sonido de acordeones, guitarras y voces campesinas. Decenas de familias se reunieron en la comunidad de Sarawaska para celebrar una tradición que, seis ediciones después, busca mantener viva una de las expresiones musicales más arraigadas del norte de Nicaragua: el Festival de Polkas, Mazurcas y Jamaquellos.

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