El mosquito Aedes aegypti es el agente responsable de la transmisión de las enfermedades dengue, chikunguña y zika que se abaten sobre las poblaciones del mundo y nuestro país, causando enormes daños sanitarios, económicos y sociales. También puede transmitir la fiebre amarilla en los sitios donde circula este virus. Pero, sin Aedes no se transmitirían estas enfermedades; por tanto, es lógico suponer que la mejor prevención para ellas es la eliminación o reducción de las poblaciones de este agente y de sus larvas.

El Aedes aegypti es un pequeño mosquito (4-7 mm) reconocible a simple vista por sus bandas blancas en las patas y manchas del mismo color en su tórax. La hembra, que es la única que pica, necesita sangre para la producción y maduración de sus huevos. Cada hembra suele depositar entre 100 y 200 huevos por puesta, con una frecuencia de cada tres o cuatro días; suele vivir entre 2-4 semanas, pero dependiendo de las condiciones de temperatura y humedad puede vivir más de 6 semanas. Durante este periodo la hembra puede poner centenares de huevos en las paredes de los recipientes que encuentra con agua limpia. Bastan estas cifras para tener una idea del enorme poder de reproducción que tiene esta especie. Claro que una hembra de Aedes solamente puede inocular el virus específico de una de estas enfermedades si ella misma está infectada por haber picado antes a un enfermo.

El mosquito suele vivir alrededor de las fuentes de sangre, y, por tanto, dentro o cerca de las viviendas donde están sus víctimas preferidas: los seres humanos. En las casas este zancudo se esconde en las áreas protegidas y oscuras como debajo de la cama, detrás de los muebles, armarios, rincones y demás.

Su poder de adaptación es muy grande. Puede acelerar su ciclo de vida y su tasa de reproducción si la temperatura aumenta, crear descendencia con resistencia a algunos insecticidas, cambiar sus hábitos de picadura de acuerdo con las condiciones de iluminación artificial y temperatura en las viviendas, adaptarse al agua no tan limpia, y poner huevos que sobreviven más de un año en condiciones secas. Aunque la presencia de Aedes aegypti disminuye conforme se incrementa la altitud sobre el nivel del mar, puede encontrarse en altitudes superiores a los 1500 m.s.n.m.

Por todas estas características a veces se piensa en el Aedes como un super mosquito, tan resistente y adaptativo que ya no puede hablarse de campañas de eliminación, sino de reducción y control de sus poblaciones adultas y larvarias. 

Las acciones de control son en general de dos tipos: reducción de las poblaciones adultas por medio de la fumigación con insecticidas piretroides; y la eliminación de los criaderos y control de larvas y pupas por medio de agentes biológicos (BTi) o químicos (temephos y otros). Ninguna de estas medidas es suficiente por sí sola; ambas se complementan, pero deben sincronizarse con los datos de la vigilancia entomológica de las viviendas para saber qué tan efectivas son, y así ir ajustando sus intervenciones. 

La guía principal es el llamado índice de infestación, que no es más que el porcentaje de viviendas infestadas por criaderos del Aedes en una localidad determinada. Hay mayor riesgo de un brote epidémico si este índice es mayor del 5%. Las encuestas entomológicas y el índice de infestación son elaborados solo por el MINSA para planificar sus campañas.

El mensaje principal de este apartado es el siguiente: no se puede asegurar un adecuado control del Aedes aegypti si la población no es un actor activo y crucial en las medidas de regulación y control. En un barrio, basta una sola vivienda con criaderos de mosquitos para aumentar el riesgo de picaduras y enfermedades en toda la comunidad. Por ello, se requiere que cada hogar practique lo siguiente:

  • Eliminación de los criaderos reales y potenciales en la casa y sus alrededores: cambiar el agua cada semana y cepillar las paredes de todos los recipientes que la acumulan, y adición de larvicidas por el MINSA.
  • Tapar todos los recipientes útiles que contengan agua dentro y fuera de la vivienda.
  • Eliminación de las basuras que pueden acumular agua de lluvia (tarros, latas, botellas, llantas, baldes, etc.). Voltear boca abajo todos los recipientes utilitarios que puedan acumular agua de lluvia.
  • Permitir la entrada a la vivienda del personal del MINSA para fumigar, colocar larvicida a las pilas y fuentes de agua y hacer el conteo de número de criaderos.
  • Ejercer presión social organizada para que todas las familias de una comunidad acaten estas medidas y las que indique la autoridad nacional sanitaria, MINSA.
    Managua, 28 de agosto 2026.

En la próxima entrega: Características y síntomas del dengue, chikunguña y zika.

*El autor tiene más de 25 años de experiencia en salud pública internacional. Fue representante de OPS/OMS en Venezuela y las Antillas Neerlandesas.

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