Un espantapájaros es, por naturaleza, una figura puesta en medio del campo para aparentar una presencia que realmente no existe. Permanece clavado a un palo, íngrimo, inmóvil, vestido con ropas viejas y sostenido por la paja que lleva dentro. Desde lejos puede imponer, incluso asustar a quien no sabe qué tiene enfrente, pero basta acercarse para descubrir que detrás del sombrero, los brazos extendidos y aquella apariencia amenazante no hay fuerza alguna. Incapaz de caminar por sí mismo, tampoco decide hacia dónde ir ni tiene voz propia, necesita que alguien lo coloque, lo sostenga y le dé forma para amedrentar. Esa comparación sirve para entender el sentido con que la Copresidenta Compañera Rosario Murillo habló de los “espantapájaros” y los “cartuchos quemados”. Aquellos muñecos levantados entre los cultivos ayudan a comprender sus palabras al referirse a los que están “íngrimos y solos”, carecen de legitimidad e incidencia entre las familias nicaragüenses y pretenden mostrarse como héroes cuando, desde su señalamiento, no encarnan a la gente que dicen defender. Pero no solo los ubicó en esa soledad, también los retrató haciendo ruido desde lejos, intentando proyectar una fuerza que no tienen y buscando que ese estruendo les dé la notoriedad que por sí mismos no logran alcanzar.

Por eso también habló de quienes carecen de “Valentía y de Voz propia” y trasladó esa crítica hacia las redes sociales, donde señaló la presencia de mentiras, vanidades, voracidades, egoísmos y maldades. En esa comparación, el espantapájaros deja de ser solamente una figura solitaria clavada en un palo y pasa a representar a quien necesita una bocina para amplificar su ruido, mientras espera las “migajas” y los “mendrugos” que, en palabras de la Compañera, podrían recibir de sus “Amos”. Su señalamiento encuentra un antecedente en documentos de la propia cooperación estadounidense, donde aparecen millones de dólares entregados por agencias de Estados Unidos, entre ellos recursos para proyectos administrados por Ética y Transparencia y la Fundación Violeta Barrios de Chamorro. Y por cierto, la lista es bastante larga y va desde empresarios corruptos y oligarcas hasta propagandistas de la derecha, ONG lavadoras de dinero, movimientos de lesbianas proabortistas, sotanudos de la Iglesia católica, políticos mercenarios, falsos defensores de derechos humanos, delincuentes que se vendieron como supuestos estudiantes, campesinos sin liderazgo y analistas trasnochados, entre otros más. Aquel financiamiento terminó alimentando y respaldando el golpe fallido de 2018 hacia un gobierno legítimamente constituido y contra el pueblo de Nicaragua.

De ahí que la comparación con el espantapájaros vuelva a cobrar sentido, hace ruido, intenta hacerse notar y amplifica su voz, pero sigue necesitando de otros para mantenerse de pie.

En ese mismo punto también cobra sentido la expresión “cartuchos quemados”, con la que describe a esos que están desgastados, sin fuerza y atrapados, como afirmó la Copresidenta, en las propias mentiras de ellos. Queda así la imagen que reflejan sus palabras: espantapájaros solos, sostenidos desde afuera, haciendo ruido mientras esperan recibir algo a cambio, con una apariencia que intenta intimidar, pero que, bajo la interpretación planteada en su mensaje, ya no encuentra legitimidad ni incidencia en Nicaragua. La palabra “servidumbre” lleva esa misma crítica un poco más lejos. Cuando la Copresidenta Rosario Murillo expresó que “la servidumbre no tiene ni quién le escriba, ni quién le sustente” y que tampoco tiene quién la respete, dejó retratada la soledad de un sector que busca hacerse escuchar sin encontrar respaldo. Esa falta de apoyo enlaza con la dependencia que ya había señalado al hablar de los “Amos”, porque obliga a mirar hacia afuera para encontrar sustento mientras hacia adentro intenta aparentar que camina por cuenta propia.

A eso sumó la “teatralidad” con la que, según dijo, algunos se exhiben formando una especie de corte “cómica o tragicómica”, rindiendo pleitesías ante quienes esperan que continúen sosteniéndolos. En sus palabras, detrás de esa actuación no aparece una voz independiente, sino la necesidad de agradar a quienes les brindan ese respaldo. La Compañera también recurrió a otra comparación cuando habló de “jaurías y jaurías” que “ladran y ladran, de mentira a mentira”. Con esas palabras llevó el señalamiento nuevamente hacia el ruido que se multiplica en las redes sociales, donde un mismo mensaje puede repetirse una y otra vez hasta intentar aparentar una presencia mayor de la que realmente tiene. Pero su planteamiento no termina en el ruido, porque inmediatamente habló de quienes “mienten y mienten” hasta quedar atrapados en sus propias mentiras. Así, la secuencia que comenzó con los espantapájaros y pasó por los cartuchos quemados, la servidumbre, las migajas y las jaurías termina dibujando a los mismos sectores que la Compañera Rosario Murillo cuestionó, haciendo mucho ruido hacia afuera mientras, de acuerdo con su mensaje, permanecen solos y sin respaldo entre las familias nicaragüenses.

Un día antes, la Compañera, Copresidenta ya les había dicho, como decimos popularmente, sus cuatro verdades. A los golpistas, traidores, vendepatrias y propagandistas les llamó “fantasmas” que aparecen y reaparecen cuando consideran posible recibir una remuneración por hacerlo, comparándolos con figuras que se pierden por un tiempo y vuelven a salir apenas ven la posibilidad de obtener algún beneficio. Más adelante habló de los que se creen “redentores”, pero los definió como “serviles, siervos, esclavos, esclavos del Mal”. La crítica pasó así del interés por el dinero a la pretensión de hacerse pasar por salvadores mientras actúan sometidos a otros. También utilizó términos como “malignos” y “mentes malignas” que construyen fantasías, completando el retrato de sectores empeñados en hablar en nombre del país, aunque terminan respondiendo a intereses ajenos.

La “mitomanía” fue otro de sus certeros señalamientos al hablar de los que “no hacen y dicen hacer”, una frase dirigida a la distancia entre aquello que aseguran representar y lo que realmente pueden enseñar como resultado. A esto agregó las fantasías destinadas a construir maldades y fue ella misma quien hizo la diferencia al decir que “las fantasías pueden ser muy buenas”, pero que las de ellos “son estúpidas”, porque, como expresó, nadie puede reconocerles nada a quienes nunca hicieron nada por su Patria. Después endureció la crítica al afirmar que “el mal, allá, a lo lejos, divaga, difama y elabora fantasías mitómanas”. No habló únicamente de mentir, sino de repetir versiones hasta convertirlas en el relato con el que intentan hacerse escuchar.

Fantasmas, malignos, serviles, siervos, esclavos y mitómanos fueron algunas de las palabras utilizadas aquel 18 de agosto, antes de calificarlos al día siguiente como “espantapájaros”, “cartuchos quemados”, “mercenarios”, “traidores”, “cobardes”, “delincuentes”, “mentecatos”, “malhechores”, “truhanes” y “míseros asalariados”. Distintas expresiones que mantienen una misma línea de verdades verdaderas hacia sectores que, en su mensaje, carecen de voz propia, respaldo e incidencia entre los nicaragüenses. Pero sus palabras no quedaron únicamente en esos señalamientos. La Compañera Rosario volvió a resaltar a Dios, destacó al pueblo nicaragüense y colocó nuevamente en el centro de su mensaje la paz, el amor, la prosperidad y la defensa de la soberanía, principios que promueve de manera constante en sus intervenciones y que presentó como el camino para seguir avanzando en Nicaragua.

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