Cada 3 de agosto en la iglesia de Santo Domingo ubicada en los escombros de Managua, se realiza la tradicional vestida del santo, que consiste en revestir con nuevas y coloridas flores la peaña donde descansa la imagen del santo patrono.

Este revestimiento está a cargo de la familia Espinales Cajina desde hace 60 años, como una promesa de la doña Graciela Cajina Fuentes, quien falleció hace 6 años y hoy la continúan sus hijos y nietos.

Don Héctor Ramón Espinales, hijo menor de la difunta, dijo que siempre acompañaron a su mamá a vestir el santo y ahora con esfuerzo de toda la familia se recolecta fondos para comprar todos los accesorios decorativos y seguir la promesa.

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“Para nosotros es una emoción, es un fervor que le tenemos a este santo y yo más que todo, que me operé mi rodilla, tengo prótesis y acompaño al santo desde que sale hasta que entra a esta iglesia, ida y regreso”, dijo don Héctor.

Durante el proceso de la vestida, centenares de promesantes se hacen presentes para agradecerle por algún milagro o favor concedido por la pequeña imagen milagrosa, bailan al son de la música filarmónica y colocan los “milagritos” con alfileres o gasillas en almohadas.

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“Yo pago dos promesas en una, vengo también por mi hija que ya falleció y vengo desde que tenía 10 años, desde que estaba chatelito. Año con año voy a traerlo y a dejarlo y el 4 de agosto que es mañana recorremos los barrios con él”, expresó Guillermo Zapata, quien se disfraza como diablito rojo.

Otra de las promesantes es doña Francis Ulloa, quien relató que cuando salió embarazada sufrió de preclamsia, “y yo le pedí a él que me ayudara a que mi hija saliera bien y que yo todos los 10 de agosto iba a cumplir la promesa con ella”.

Hoy la niña de Francis tiene 4 años y la acompaña cada año a pagar la promesa a Santo Domingo de Guzmán.

Una vez concluida la vestida queda listo para el 4 de agosto cuando hace su recorrido por los barrios orientales de Managua desde las 7 de la mañana.

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