Donald Trump, John Bolton y Marcos Rubio calcularon mal. El pueblo cubano, sus hombres, mujeres y niños, no se dejan engañar y mucho menos intimidar o retroceder ante cualquier obstáculo, ya sea un tornado, un huracán o una agresión imperialista de la más variada naturaleza.

Este Primero de Mayo de 2019, Día Internacional de los Trabajadores, millones de nuestros compatriotas desfilaron en plazas y parques, a lo largo y ancho de esta Isla, para reafirmar a esa troika del mal del imperialismo norteamericano de que con bloqueo económico o sin él, con Ley Helms-Burton y su Título III o sin ese edicto imperial, Cuba no rendirá jamás su soberanía, defenderá con uñas y dientes su territorio nacional y mantendrá inalterable la solidaridad con las causas justas de Nuestra América y del mundo, en primerísimo lugar con la Revolución Bolivariana de Venezuela, que gallardamente hizo fracasar la víspera un nuevo intento de golpe de Estado contra el presidente constitucional venezolano Nicolás Maduro Moros.

Los cubanos son un pueblo en revolución, que se superara a sí mismo, a sus dificultades y que ha sabido reforzar su histórica unidad, firmeza y continuidad a los principios revolucionarios y socialistas con la nueva Constitución de la República, aprobada en referéndum por el 86,85 % del voto a favor.

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Y es en este nuevo contexto, en que ya no es posible definir a la Revolución Cubana, como lo aprendimos en sus orígenes. Hoy, por supuesto, la definición es más compleja, aunque la amenaza existencial es la misma.

En ella están representados 150 años de lucha y experiencia, y 60 en el poder. Cada etapa tuvo sus objetivos, los de hoy, por supuesto, no son los mismos que nos propusimos en 1959, cuando la Revolución triunfante se enfrentó a la compleja situación de la nación: hambre, miseria, analfabetismo, incultura, prostitución y las arcas vacías: robadas y llevadas a Estados Unidos. Hoy en cambio, contamos con un pueblo instruido, culto, trabajador e internacionalista, que camina con un amplio consenso y paso seguro hacia un socialismo próspero y sostenible; y que logra un exitoso traspaso gradual de las principales responsabilidades de dirección del país de la generación histórica hacia las nuevas generaciones identificadas en nuestro nuevo Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

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Es así que en esta fiesta por antonomasia del movimiento obrero mundial, el pueblo cubano reiteró su fidelidad a la izquierda revolucionaria latinoamericana y caribeña, al movimiento progresista mundial y por supuesto al concepto de Revolución, dado a conocer por Fidel el Primero de mayo de 2000, y el cual en uno de sus fragmentos señala: «Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo».

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Este Primero de Mayo el pueblo cubano ratificó una vez más que no negociará jamás su independencia y la soberanía y que contra la unidad forjada por la nación cubana, una de sus conquista más sagradas, se estrellaran todas las maniobras del imperialismo norteamericano. Sesenta años después, la decisión de más de 11 millones de cubanos sigue siendo la misma: su apuesta por la Revolución y por Nuestra América y eso son incapaces de comprenderlo los jefes del imperialismo norteamericano y sus lacayos.

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