La compañera Rosario Murillo, vicepresidenta de la República, destacó este mediodía que el pueblo nicaragüense está predestinado para la paz e instó afianzar el entendimiento y la reconciliación.

Llamó, igualmente a “recorrer nuevos tiempos, tiempos de profecía, tiempos de encuentros, tiempos de sentirnos todos hermanos familias, vivir como hermanos, vivir como familias, tiempos de poner en alto el amor, porque sabemos que los que aman a Dios, y los que aman a Dios todas las cosas ayudan para bien”.

Recomendó que “todas las cosas ayudan para que trabajemos como cristianos, fraternalmente trabajemos para la paz, estamos predestinados para la paz, para el entendimiento, para el encuentro, para el cariño, para ese sentimiento de familia, de comunidad, de valores que sabemos tenemos en nuestra Nicaragua”.

“Queremos la paz, queremos vivir en paz, queremos vivir tranquilos, queremos restaurarnos, queremos vivir en amor a Nicaragua, en amor a Cristo Jesús, queremos vivir como lo que somos cristianos, queremos vivir queriéndonos y protegiéndonos como prójimo”, señaló.

Vencedores en amor a Cristo

Hizo ver que la mayoría de los nicaragüenses, de las nicaragüenses, “somos más que vencedores en el amor de Cristo Jesús y en el amor a la paz estamos en rutas de paz y bien”.

Asimismo, recordó la Carta de San Pablo a los Corintios, que es un himno al amor:

Aunque yo hablara todas esas lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campaña que resuena, soy como un platillo que retiñe, aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios de todas las ciencias, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor no soy nada.

Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregar a mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor no me sirve para nada. El amor es paciente, el amor es servicial, es servicio, el amor no es envidioso, no hace alardes, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés.

No se irrita, no ser alegra, de la injusticia. No tiene en cuenta el mal recibido, sino que se regocija con la verdad.

El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

El amor no pasará jamás, las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá, porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías limitadas.

Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto.Cuando yo era niño, dice San Pablo, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice adulto, me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niños.

Ahora vemos como en un espejo, confusamente, después veremos cara a cara, ahora conozco todo imperfectamente, después conoceré como Dios me conoce a mí. En una palabra, ahora existen tres cosas, la fe, la esperanza y el amor.

Pero la más grande de todas, es el amor. Ese amor que se regocija con la verdad, ese amor que no es envidioso, que es paciente, que es servicial, que no hace alarde, que no se envanece, que no procede con bajeza, que no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad, el amor que todo lo puede perdonar, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta, el amor que no pasará jamás. El amor que no pasará jamás.

“Son tres cosas, la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor, es el amor el que nos dispone a vivir los nuevos tiempos de encuentros, los nuevos tiempos de avivamiento, los nuevos tiempos de alabanza y de alegría, porque hemos o vamos encontrando en nosotros el bien, dentro de cada uno de nosotros, el bien, en nuestros corazones el bien”, dijo.

“Desde la fe que es amor, desde la esperanza que es amor, y desde el amor mismo levantándonos a caminar llenos de fe y de esperanza y seguros de que la bendición de Dios está con el pueblo nicaragüense que quiere encuentro, que quiere paz , que quiere ir adelante, con amor”, añadió.

Luego citó un escrito que dice: “Está floreciendo la paz en Nicaragua”, del profesor Tomás Valdez.

"Nos dice, vamos juntos como hermanos, sin miedos ni vacilaciones, caminando sendas de armonía, reconciliación, trabajo, paz y le pedimos al Señor de la Paz, al Señor del Consuelo, al Señor de la Esperanza, que se manifieste, que se siga manifestando en nuestro país para que brille hermosa la paz”, concluyó la compañera Rosario Murillo.