Es necesario tomar nota de la importancia de lo que aconteció en Costa Rica con motivo de culminar los trabajos de la Tercera Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) el día 29 de enero del presente año.

Anticipábamos que no había un consenso para cambiar el lenguaje importante pero insuficiente de la Segunda Cumbre celebrada en La Habana. Como se trate de Puerto Rico siempre resulta extremadamente complicado que se pueda lograr un consenso que represente un salto cualitativo en la solidaridad genuinamente bolivariana y martiana en organismos de mucha pluralidad y diversidad ideológica como lo es la CELAC.

Hay grados y niveles de solidaridad, eso resulta evidente. Con relación al caso de Puerto Rico, Cuba, Venezuela y Nicaragua manifiestan un grado superior y de mayor compromiso. Ecuador y Bolivia muestran una clara disposición a unirse al consenso de esas tres naciones. Pero en el fondo, Puerto Rico resulta ser todavía un punto definitorio del antiimperialismo, como nos lo señalara el Che. Y aunque la CELAC sólo acoge naciones latinoamericanas y caribeñas, la malsana influencia norteamericana se filtra, no para abiertamente obstruir sino para diz que moderar y retrasar el avance de la solidaridad.

El Presidente Pro Tempore de la CELAC dio señales inequívocas de lo que señalo cuando habiendo concedido autorización para que el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA) se dirigiera al plenario, deploró la participación que el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, concedió, como parte de su turno, al presidente del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), Rubén Berríos Martínez para plantear la necesidad de elevar el nivel de solidaridad de la CELAC con los reclamos de libre determinación e independencia de Puerto Rico, uniéndose al reclamo de que la Asamblea General de Naciones Unidas considere nuevamente nuestro caso colonial; que no se permita la continuación de la presente relación y que se amplíe el reclamo de libertad de Oscar López, el más antiguo preso político retenido en cárceles norteamericanas por casi 34 años.

Guillermo Solís, quien afortunadamente no será por más tiempo Presidente de Costa Rica, representa las fuerzas retardatarias dentro de la CELAC que todavía remiten el caso colonial puertorriqueño a la teoría de que ése es un asunto que corresponde a nosotros decidir, aunque él sabe que nuestro pueblo ya rechazó el coloniaje actual y que la responsabilidad primaria recae en aquél que nos invadió y que mantiene un régimen de total y permanente intervención en nuestro país.

La CELAC está obligada a respetar los consensos pero, a mi juicio, cuando esos consensos son consensos que se limitarán a expresar solidaridad en fríos documentos, entonces nos corresponde tratar de superarlos. En Costa Rica la solidaridad de Nicaragua y su presidente Daniel Ortega quedó de nuevo ejemplarmente demostrada al retar la rutina de los trabajos, para alertar sobre la necesidad de hacer buena la consigna de que Puerto Rico es una nación latinoamericana y caribeña. Fue precisamente el gesto valiente de Daniel Ortega el que ha madurado la idea de que Puerto Rico debe estar representado en la próxima Cumbre de las Américas a celebrarse en Panamá y en la Cuarta Cumbre de la CELAC a celebrarse en Ecuador bajo la presidencia de Rafael Correa.

Como ha señalado la compañera Wilma Reverón al analizar los trabajos de la CELAC en Costa Rica, aún existe un intenso forcejeo entre los países de la llamada Alianza del Pacífico y los países del ALBA. Los primeros permanecerían como observadores pasivos del gran drama puertorriqueño porque los países extranjeros no deben intervenir en esa situación. Ésa es la conducta que realmente necesita Estados Unidos que se asuma; es la conducta que ha impuesto Estados Unidos a través de decenas de años en la OEA.

Desde Puerto Rico vemos con preocupación que Estados Unidos a través de la Alianza del Pacífico pueda continuar demorando, entorpeciendo y hasta imposibilitando la fuerza que representa una clara posición descolonizadora de parte de nuestra región. Una fuerza descolonizadora expresada con determinación bolivariana y martiana constituirá una barrera para el mantenimiento de la política colonial de Estados Unidos en este hemisferio.

Afortunadamente en Costa Rica se dio una fuerte voz de alerta. Mucho trabajo resta aún por realizar, tanto a nivel de la región como al interior de nuestro movimiento, que en su conjunto resulta ser un fuerte movimiento de liberación nacional.