Desde antes del inicio del Siglo 21, la economía de Estados Unidos no ha podido equilibrar su balance de pagos internacionales por medio de su propia producción doméstica nacional. La viabilidad de su economía depende de la explotación de pueblos extranjeros para poder manejar el doble déficit de su presupuesto y de su balance comercial. Como ha explicado el Presidente Vladimir Putin, “Occidente está dispuesto a cruzar todas las líneas para preservar el sistema neocolonial que le permite vivir del mundo, saquear gracias a la dominación del dólar y la tecnología, cobrar un tributo real de la humanidad, extraer su fuente primaria de prosperidad inmerecida, la renta pagada al hegemón.Así que las élites que gobiernan Estados Unidos tienen que asegurar la dependencia neocolonial de los países del mundo mayoritario para poder sostener su modelo político y económico".

Este hecho en su turno explica la cada vez más intensa desesperada agresión e incoherencia de la política externa de Estados Unidos y sus satélites europeos ante la creciente, amplia aceptación entre el mundo mayoritario de una nueva orden mundial impulsada principalmente por la República Popular China y la Federación Rusa. En el caso de la Unión Europea, la postura agresiva de la OTAN desde su fundación en 1949, primero contra la Unión Soviética y ahora contra la Federación Rusa y, en un futuro cercano contra China, ha implicado la dependencia neocolonial de Europa sobre el poder militar y financiero de los Estados Unidos. Desde 1945, Alemania siempre ha sido un país ocupado por las fuerzas militares estadounidenses, igual que Corea del Sur y Japón.

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La guerra de la OTAN en Ucrania contra la Federación Rusa ha profundizado el estatus neocolonial de las poblaciones europeas en relación a las élites estadounidenses. La destrucción del gasoducto Nord Stream y las ilegales medidas coercitivas contra la compra del gas y el petróleo ruso terminaron el acceso de Europa a los hidrocarburos baratos rusos y forzó el consumo de gas licuado más caro de otras fuentes, principalmente de los mismos Estados Unidos. El precio pagado por las sociedades europeas de su lealtad y apoyo a la OTAN ha sido su desindustrialización y el progresivo empobrecimiento de sus poblaciones, lo cual ha fortalecido el control estadounidense de la economía europea.

De igual manera las constantes provocaciones de Estados Unidos contra la República Popular China involucran a las clases gobernantes de Corea del Sur y Japón en niveles de confrontación cada vez mayores contra su enorme vecino país. Contra la Federación Rusa, Japón ha aumentado sus medidas económicas de manera progresiva, pero ha tenido que ser más cauteloso en su política hacia la República Popular China por motivo del tremendo volumen del comercio entre ambos países, que es alrededor de US$350 mil millones al año. La población de Japón es de 124 millones de personas, más marcado todavía es la dependencia de Corea del Sur, con una población de 51 millones de personas, que tiene un comercio con China que sumó a casi US$280 mil millones en 2023, una caída de 7% desde 2022.

Bajo presión de parte de Estados Unidos, ambos Japón y Corea del Sur han aumentado el presupuesto para sus fuerzas armadas, 16.5% en el caso de Japón y 4.5% en el caso de Corea del Sur. Se proyecta un crecimiento del PIB de Japón para este año de menos de 1% y para Corea del Sur de un poco más de 2%. Está más que claro que la presión estadounidense sobre Japón y Corea del Sur retrasa el libre desarrollo de unas relaciones de beneficio mutuo con la República Popular China. Este hecho es todavía más claro en el caso de Filipinas, donde Estados Unidos vuelve a imponer su presencia militar en la forma de una actualización del acuerdo con Filipinas del llamado Arreglo para una Cooperación Aumentada en Defensa lo cual lleva a nueve las bases militares que las fuerzas armadas estadounidenses tienen disponibles para desplegarse en un país que fue su colonia hasta 1946 y una dictadura anti-comunista durante toda la guerra fría.

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Con los gobiernos miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste de Asia (ASEAN) China sigue impulsando el desarrollo económico y el intercambio comercial por medio de la Iniciativa de la Franja y Ruta y la Asociación Económica Integral Regional. En cambio, Estados Unidos está explotando las desavenencias entre Filipinas y China para integrar al gobierno filipino al grupo de países con los cuales se espera poder seguir intensificando la agresión contra la República Popular China en los próximos años. Sin embargo, los demás países de la ASEAN, incluyendo Indonesia, el país más grande de la región de Asia Sur Este, rechazan sacrificar su futuro desarrollo económico para apoyar la política agresiva estadounidense contra China. Queda a ver hasta que punto Japón, Corea del Sur y Filipinas van a seguir el camino autodestructivo tomado por los países de la Unión Europea para satisfacer las exigencias neocoloniales de Estados Unidos.

En el caso de América Latina y el Caribe, son varios los países donde Estados Unidos ha logrado imponer, en diferentes grados, su control neocolonial para impedir el desarrollo soberano de sus sociedades y economías. El ejemplo más claro hasta la fecha ha sido Haití donde la crisis política ha sido alimentada deliberadamente por la élite local en contubernio con extremadamente siniestros intereses extranjeros, todo facilitado por la más cínica intervención posible de parte de Estados Unidos y sus aliados por medio de las Naciones Unidas. Parece que un proceso similar está en marcha en Ecuador, donde el asalto a la Embajada de México ordenado por el Presidente Noboa expresó de manera contundente el colapso de la autoridad política y moral de su gobierno interino.

Pero quizás es Argentina el ejemplo más notable de cómo Estados Unidos ha logrado volver a imponer un nivel de control neocolonial en la región parecido a la época de las dictaduras del siglo pasado. Argentina es un país de gran importancia regional por motivo del tamaño de su economía, su influencia regional por medio de Mercosur y su papel internacional como miembro del G20. A la ya anunciada inserción de las fuerzas armadas estadounidenses al control y monitoreo del comercio fluvial en el Río Paraná, ahora se añade la creación de una base naval de Estados Unidos en el puerto de Ushaia. Ubicado en un punto estratégico muy cerca a la Antártida, Ushaia es famoso por ser la ciudad más austral del mundo.

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RT reporta que durante una reunión en Ushaia con la General Laura Richardson, jefa del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, el Presidente Javier Milei ofreció este ejemplo de la completa dementia de sus ideas políticas, "El mejor recurso para defender nuestra soberanía es reforzar nuestra alianza estratégica con EE.UU. Y con todos los países que abrazan las causas de la libertad". De hecho, en 2022 el gobierno de Alberto Fernández había planificado crear ese puerto como un proyecto soberano de Argentina. En las palabras acertadas del ex presidente Alberto Fernández, Javier Milei “Ha dado un innecesario discurso que expresa la sumisión argentina a una nación extranjera".

Milei avanza con su programa económica diseñado al gusto de las grandes corporaciones estadounidenses de inversión y finanzas y el Fondo Monetario Internacional. Es un despiadado ataque económico contra la gran mayoría de la población argentina. A la par, se desarrolla una ofensiva social y política por los sectores más reaccionarios de la sociedad argentina de los cuales la figura más emblemática es la Vicepresidenta Victoria Villarruel. La Vicepresidenta Villarruel defiende la dictadura de los años 1976 a 1983 y niega el incuestionable hecho de la desaparición de 30,000 personas por la dictadura durante ese tiempo. En efecto, en términos socio-económicos, el gobierno de Javier Milei está cumpliendo el papel de Boris Yeltsin en la Federación Rusa después de la disolución de la Unión Soviética.

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Igual que Yeltsin, Milei también está entregando el patrimonio de su país a los más despiadados intereses extranjeros y sus compinches de la corrupta oligarquía nacional. Todavía queda a ver la reacción de la población bajo ataque en Argentina. También, en Ecuador, queda a ver el desenlace político del fracaso de la presidencia interina de Daniel Noboa la cual se caduca en poco más de un año y, en Perú, a ver qué va a pasar con el régimen de la usurpadora Dina Boluarte. Estos tres países son la más clara expresión de la sumisión neocolonial de que hablaba el ex Presidente Alberto Fernández. De todas maneras, prácticamente desde el inicio de Siglo 21 en América Latina y el Caribe han sido los procesos revolucionarios de Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela y algunos gobiernos de corte progresista como los de Nestor Kirchner y Cristina Fernández en Argentina, Andres Manuel López Obrador en México y Lula da Silva y Dilma Roussef en Brasil que más han defendido el concepto de la soberanía nacional como la base fundamental del desarrollo humano de sus pueblos. Así que, se puede ver la sumisión vendepatria de las oligarquías ahora en Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana o Perú como la persistencia anacrónica de un viejo patrón política regional.

La determinación de Estados Unidos de resucitar ese patrón obsoleto en América Latina y el Caribe es representa su política eterna de mantener sus satélites neocoloniales en un nivel de atraso socio-económico que permite optimizar su explotación por las élites norteamericanas. Pero las élites occidentales enfrentan ahora un creciente despertar de conciencia entre los gobiernos del mundo mayoritario que si no se defiende la soberanía nacional contra un Occidente en declive, nunca van a alcanzar los niveles de desarrollo humano que sus pueblos merecen. Este proceso se ve en la ola de recuperación de la soberanía nacional por los países del Oeste de África y en la ampliación del grupo de países integrantes del BRICS+. Otras indicaciones de la misma realidad son el fracaso occidental para forzar a más países a unirse a las ilegales medidas coercitivas contra Rusia y la resistencia de la mayoría de los países de Asia Sur Este y Asia Central de tomar posiciones adversas hacia China.

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En América Latina y el Caribe, el hostigamiento y agresión constante contra los procesos revolucionarios en Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela se deben precisamente a su implacable defensa de la soberanía nacional. Junto con sus hermanos países del ALBA-TCP, Nicaragua ha sido ejemplar no solamente en defender su decoro y dignidad nacional sino también en denunciar con toda la autoridad moral de la Revolución Popular Sandinista los crímenes de Estados Unidos, sus países cómplices y las estructuras institucionales lacayos como la Organización de Estados Americanos.

Como declaró nuestro gobierno la semana pasada; “El Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional de una Nicaragua Nuestra, Soberana, Digna y Ejemplar Hija de Darío y Sandino, recordando a la innoble e impronunciable OEA que desconocemos su incidencia, puesto que de tod@s es sabido que no pertenecemos a esa Organización de promoción del dominio Imperialista de los Estados Unidos, tantas veces evidenciada como el estercolero de la Historia. En este Año del 45 Aniversario del Triunfo de la Soberanía y las Dignidad Nacionales, que representó la Victoria del Pueblo en nuestra Revolución Popular Sandinista, Nicaragua exige Respeto a nuestra Determinación Soberana y a los centenares de miles de Héroes y Mártires que las agresiones imperiales de todo tipo han dejado en nuestro Sagrado Territorio. Respeto, exigimos Respeto a la Sangre derramada, en esta Nicaragua Bendita, Soberana y Siempre Libre !”.

 

 

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