El Presidente de Nicaragua Comandante Daniel Ortega antes de hacer la juramentación a los graduandos de la Vigésima Sexta Graduación de Oficiales del Centro Superior de Estudios Militares General de División José Dolores Estrada Vado, dedicada a la memoria del héroe nacional Subteniente cívico y Maestro Enmnauel Jeremías Mogalo y Rubio, mencionó y recordó al maestro rivense, señalando que no era un soldado de línea sino un maestro y fue quien de manera voluntaria se ofreció para ir a pegarle fuego al mesón donde se encontraban los invasores. Un héroe. Y que luego alcanzó un grado de Subteniente.

“Ustedes queridos jóvenes, llevan por su sangre, corren por su venas la sangre de los héroes que en Rivas, que en San Jacinto, enfrentaron a los invasores esclavistas de los Estados Unidos de Norteamérica, que se atrevieron incluso a nombrarse presidente y el Gobierno yanqui a reconocer a ese presidente, pero, pero el heroísmo, la valentía, la fortaleza, la dignidad del pueblo pudo más que la potencia y la superioridad que en armamento tenían los invasores y ustedes le dedican su promoción a Enmanuel Mongalo, es decir, a esa gesta heroica, de resistencia y primera derrota del expansionismo yanqui en Nicaragua”, dijo el Presidente de Nicaragua.

“Claro que el arrojo de Enmanuel Mongalo, de José Dolores Estrada, de Andrés Castro, tiene que ver con nuestras raíces, porque ahí venía también la sangre como está en todos nosotros, la sangre de nuestros antepasados indígenas, de Diriangén que enfrentaron a los invasores, o sea que no se rindieron ante los invasores, sino que los enfrentaron y esa sangre corre por nuestras venas, como bien lo decía Sandino, y decía: Sintámonos orgullosos que en nuestras venas corre sangre indígena”, agregó.

El Comandante Daniel indicó: “Y esa sangre rebelde de defender la patria, de defender la tierra, que le pertenece a un pueblo fue la que se multiplicó en esas batallas, en las que destacó Enmanuel Mongalo. Y ahí va el recorrido de nuestra historia, fíjense, ahí va el recorrido de nuestra historia, ustedes son herederos, son continuadores, llevan en su conciencia, en su corazón la dignidad, la valentía, la fortaleza de los héroes que combatieron con Zeledón, contra las tropas yanquis allá en El Coyotepe y La Barranca y Zeledón, como Zeledón influyó en Sandino que era un muchacho, como nuestro General Sandino siendo un muchacho, como ustedes, cuando vio como paseaban el cadáver de Zeledón en lugar de echar a correr, en lugar de echarse a llorar, nuestro General, un muchacho entonces, lo que hizo fue indignarse, indignarse y luego nuestro General Zeledón, apareció, apareció en el alma, en la fuerza, en la combatividad, en el espíritu de nuestro General Sandino, Esa es la historia de nuestro Ejército, esa es la historia de nuestro pueblo, ahí se venía forjando el acero de un pueblo y de sus instituciones armadas, en este caso de nuestro Ejército y luego las batallas contra la tiranía somocista, armada por los yanquis”.

Manifestó que los presidentes yanquis se abrazaban con Somoza y esto no hay que olvidarlo y yo no me canso de repetirlo, porque ese pensamiento está en los imperialistas yanquis, cuando se encuentran con alguien que se les arrastra, que se les rinde, que se les vende, y le preguntan como le preguntaban a Roosevelt, que era muy amigo de Somoza. Roosevelt, presidente de los Estados Unidos. Le preguntaron a Roosevelt, pero por qué esas relaciones tan buenas con Somoza y entonces Roosevelt respondió, en inglés, respondió, que era un "son of mom bitch", pero es nuestro "son of mom bitch". O sea dijo, dicho en palabras, para no insultar a las damas, para no insultar a las mujeres, que era un "hijo de perra, pero es nuestro hijo de perra, lo dijo sí, como buen machista, utilizando la figura de las mujeres".

“Y eso pasa, eso pasa, con los que se arrastran frente a los yanquis y andan pidiéndole a los yanquis que le hagan daño a su pueblo, a su patria. Y en la batalla que libraba en pueblo nicaragüense con el Frente Sandinista a la cabeza, el Frente de Carlos, de Tomás, en esa batalla, ya por el año 1978, 1977, diciembre del 77, entrando al año 78 y en víspera del año del triunfo, 79, ahí se estaba forjando el acero en esas batallas, ahí están participando en esos combates, en esas luchas, los que luego forjarían, desarrollarían, organizarían al Ejército Popular Sandinista, hoy Ejército de Nicaragua. Ahí se dio un hecho excepcional, realmente excepcional, excepcional, donde el Padre y Comandante Guerrillero Gaspar García Laviana escribió un mensaje al pueblo de Nicaragua. Era un sacerdote venido de Asturias y que trabajaba en las comunidades del departamento de Rivas, en Tola, en San Juan del Sur, en todas esas comunidades, y voy a citar aquí esta parte de la carta de Gaspar:

Y con el fusil en la mano lleno de fe y lleno de amor por mi pueblo nicaragüense, he de combatir hasta el último aliento por el advenimiento del reino de la justicia en nuestra patria, ese reino de la justicia en nuestra patria, ese reino de la justicia que el Mesías nos anunció bajo la luz de la estrella de Belén, dicho y escrito por Gaspar García Laviana, el 25 de diciembre del año 1977, escribió el Padre Gaspar, ese mensaje.

El Comandante Daniel dijo que: “Esto que estoy leyendo aquí es la introducción del decreto presidencial que hemos enviado a la Asamblea Nacional el día de hoy para que el día de mañana 11 de diciembre, día en el que, combatiendo, Gaspar pasa a otro plano de vida. Nuestro decreto presidencial es un decreto es donde estamos nombrando a Gaspar, reconociendo en Gaspar un héroe nacional.

Escribió Gaspar: En la Natividad del Señor, 25 de diciembre de 1977, en algún lugar de Nicaragua. Ya en ese momento había dejado las comarcas, donde ejercía el sacerdocio, y ya se había incorporado a las filas del Frente Sandinista.

Hermanos nicaragüenses, en estas fiestas de Navidad, cuando celebramos el nacimiento de Jesús nuestro Señor y Salvador, que vino al mundo para anunciarnos el reino de la justicia, he decidido dirigirme a ustedes como mis hermanos en Cristo que son, para participarles mi resolución de pasar a la lucha clandestina como soldado del Señor y como soldado del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Vine a Nicaragua desde España, mi tierra natal a ejercer el sacerdocio como misionero del Sagrado Corazón. Hará de eso ya 9 años, me entregué con pasión a mi labor de apostolado y pronto fue descubriendo que el hambre y sed de justicia del pueblo oprimido y humillado al que yo he servido como sacerdote reclamaba más que el consuelo de las palabras, el consuelo de la acción.

Como nicaragüense adoptivo que soy, como sacerdote he visto en carne viva las heridas de mi pueblo, he visto la explotación inicua del campesino, aplastado bajo la bota de los terratenientes protegidos por la Guardia Nacional, instrumento de justicia y represión.

He visto cómo unos pocos se enriquecen obscenamente a la sombra de la dictadura somocista, he sido testigo del inmundo trato carnal a que se somete a las jóvenes humildes entregadas a la prostitución por los poderosos y he tocado con mis manos la vileza, el escarnio, el engaño, el atrocinio representado por el dominio de la familia Somoza en el poder. La corrupción, la represión inmisericorde, han estado sordas a las palabras y seguirán entando sordas, mientras el pueblo gime en la noche cerrada de las bayonetas y mis hermanos padecen tortura y cárcel por reclamar lo que es suyo, un país libre y justo del que el robo y el asesinato desaparezcan para siempre y como nuestros jóvenes honestos, los mejores hijos de Nicaragua están en guerra contra la tiranía opresora yo he resuelto sumarme como el más humilde de los soldados del Frente Sandinista a esa guerra, porque es una guerra justa, una guerra que los sagrados evangelios dan como buena y que en mi conciencia de cristiano es buena porque representa la lucha contra un estado de cosas que es odiosa al Señor nuestro Dios y porque como señalan los documentos de Medellín suscritos por los obispos de América Latina en el capítulo de la situación latinoamericana en la paz, la insurrección revolucionaria puede ser legítima en el caso de tiranía evidente y prolongada y que atente gravemente a los derechos fundamentales de la persona y dignifique peligrosamente el bien común del país, ya prolonga de una persona, ya de estructuras evidentemente injustas.

A todos mis hermanos nicaragüenses les pido que por su amor a Cristo apoyen esta lucha del Frente Sandinista para que el día de nuestra reelección no se siga retrasando y a quienes por temor o necesidad aún sirvan al somocismo, especialmente a los oficiales y soldados honestos de la Guardia Nacional les digo que aún es tiempo de ponerse del lado de la justicia que es el lado de nuestro Señor.

A los empresarios que no han participado de la corrupción, a los agricultores decentes, a los profesionales y técnicos que rechazan el caos y el nepotismo representado por Somoza, les digo que para cada uno hay un puesto de lucha al lado del Frente Sandinista para dignificar nuestra patria.

A mis hermanos de las fábricas, los planteles y talleres, a los artesanos, a los olvidados sin techo ni trabajo de los barrios marginales, a mis hermanos campesinos, a los cortadores hacinados en los campamentos, a los macheteros, a los peones, a todos aquellos a quienes se ha robado hasta las más mísera oportunidad en esta tierra, les digo que es hora de cerrar filas alrededor del Frente Sandinista, de unir nuestras manos y nuestros brazos, porque en el sonar del fusil justiciero en nuestras montañas, en nuestras ciudades y pueblos está el signo de la redención que se aproxima porque de la rebeldía de todos, de la insurrección que todos llevaremos adelante resultará la luz y se borrarán las tinieblas del somocismo.

Y a mis hermanos combatientes del Frente Sandinista en el Frente Norte Carlos Fonseca Amador, en el Frente Nororiental Pablo Úbeda, en el Frente Sur Benjamín Zeledón y en sus cuarteles de la resistencia urbana en nuestras ciudades les transmito mi firme convicción que el día del triunfo vamos a construirlo con el sacrificio de nuestros héroes caídos que encarna la voluntad de lucha de nuestro pueblo.

Con la dedicación revolucionaria del mismo pueblo organizado para su lucha y con el sacrificio que nosotros estamos dispuestos a hacer desde las trincheras unidos alrededor de la dirección del Frente, el somocismo es pecado y librarnos de la opresión es librarnos del pecado y con el fusil en la mano lleno de fe y lleno de amor por mi pueblo nicaragüense he de combatir hasta mi último aliento por el advenimiento del reino de la justicia de nuestra patria, ese reino de la justicia en nuestra patria, ese reino de la justicia que el Mesías nos anunció bajo la luz de la estrella de Belén.

Su hermano en Cristo, patria libre o morir. Gaspar García Laviana, sacerdote misionero del Sagrado Corazón.

“Qué mensaje, y Gaspar cayó en combate y hoy nos acompaña y nos siguió acompañando después del triunfo de la Revolución. En la otra guerra que nos impusieron los imperialistas de la tierra, nos la impusieron. Queríamos paz, queríamos educación, queríamos salud, campañas de alfabetización, carreteras, todo lo que empezamos hacer los yanquis encabezados por Ronald Reagan se empeñaron en destruirlo violando los derechos humanos de todo un pueblo, arrasando con toda una década, donde solo el heroísmo de un pueblo permitió resistir y derrotar la agresión”, dijo Ortega.

“Hoy le podemos decir a Gaspar que después de ese tránsito doloroso de 17 años, donde se impuso el neoliberalismo, en el que el capitalismo salvaje, hoy le podemos decir a Gaspar y él lo sabe, porque él nos acompaña, que le estamos cumpliendo Gaspar, a las familias nicaragüenses, le estamos cumpliendo a los trabajadores, a los campesinos, entregándole tierra a los que cuando vos Gaspar estabas en Rivas, sabías que le robaban las tierras y los explotaban y construyendo vivienda, y generando empleo, construyendo caminos y carreteras, ahí donde nunca antes había pasado un camino y una carretera, llevando salud hasta las últimas comunidades, buscando como hacer una reconciliación y un proceso de justicia y de solidaridad para erradicar la pobreza, que lo hicimos, ese gran acuerdo a partir del año 2007, que ese gran acuerdo mejoró la economía nicaragüense, le dio paz y estabilidad al pueblo nicaragüense hasta abril del 2018, donde aparecieron de nuevo los hijos de William Walker, donde aparecieron los somocistas, donde aparecieron los criminales provocando destrucción, muerte, dolor, creyendo que el pueblo se iba a rendir, creyendo que el pueblo se iba a desplomar, pero fueron derrotados una vez más los filibusteros, porque son filibusteros, son vendepatria, son traidores, fueron derrotados”, aseveró el mandatario.