Cuando los turistas -sean jóvenes estudiantes o visitantes nacionales o extranjeros- llegan a la Hacienda San Jacinto, ubicada a unos 40 kilómetros al norte de Managua, se encuentran con una de las más gloriosas gestas libertarias contra el filibusterismo esclavista de Estados Unidos.
La historia de la Batalla de San Jacinto (acaecida un 14 de septiembre de 1956) es por todos conocida y su contexto, plagado de vendepatrias y patriotas, también. Pero cuando uno llega a esa vieja casona de gruesas paredes de barro y techo de tejas, no hace más que admirarse al ver el ámbito en que se desarrollo el combate.
Se habla que eran poco menos de 200 criollos e indígenas matagalpinos contra 300 filibusteros. Aunque ya en el museo la mente se ensancha al momento que los guías muestran unas cuantas armas de la época: los nicaragüenses usaban unos rifles bastante obsoletos, mientras que los invasores unos modernos y eficaces revólveres Colt. Es decir, la ventaja numérica y la capacidad militar la tenían los filibusteros.
“Aquí estamos apreciando las armas que fueron usadas por los patriotas, son fusiles de baqueta traídos directamente desde Guatemala por el ex presidente de Mariano Paredes (...). El armamento usados por los filibusteros son los revólveres Colt, este tipo de armas era mucho más ligera que el tipo de armas usada por los patriotas”, explica el guía Félix López Garay.
En la Casa también se puede encontrar el mural pintado en 1962 por el Maestro Luis Vergara, donde se plasma el sangriento enfrentamiento.
Además hay una sala con retratos y bustos de los patriotas, y con objetos propios del quehacer de una hacienda ganadera.
En este punto, la hacienda misma es un verdadero atractivo: sus altas paredes de casi un metro de grosor, su techo de teja a dos aguas, su color calizo, sus columnas de madera, y sus puertas y ventanas, no hacen más que transportarlo a uno a aquella época cuando los vestigios coloniales aún eran parte de la cotidianidad y no una reliquia del pasado.













