En este día tan especial, en que la Iglesia celebra la Solemnidad de Todos los Santos, elevamos nuestra oración al cielo y nos encomendamos a la intercesión de esa inmensa multitud de amigos de Dios que nos han precedido en la fe. ¡Cuántos santos nos acompañan! ¡Cuántos interceden por nosotros! ¡Cuántas gracias recibimos por medio de su poderosa intercesión!
El libro del Apocalipsis nos regala una imagen verdaderamente conmovedora: «Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero» (Apocalipsis 7,9).
¡Qué hermoso saber que el cielo está habitado por tantos amigos nuestros! Hombres y mujeres que hicieron de su existencia una ofrenda de amor; que conocieron las dificultades de la vida, pero nunca renunciaron a la esperanza; que fueron instrumentos de Dios para sanar heridas, levantar al caído, defender la dignidad humana y sembrar bondad.
¡Y cuántas veces, aun sin advertirlo, hemos sido sostenidos por su intercesión y por la gracia y providencia divina! ¡Cuánto acontece en nuestra humanidad por la ayuda de lo alto! Porque, como nos recuerda el Señor: «Sin mí no pueden hacer nada» (Juan 15,5).
Hoy pienso también en tantos lugares de nuestra Nicaragua donde, en un ambiente de libertad de culto y bajo los principios cristianos que inspiran a nuestro Gobierno, niños y niñas recorren las calles vestidos de santos, representando con alegría a esos hombres y mujeres que hicieron de su vida un testimonio de virtud. ¡Qué imagen tan hermosa! Una niñez que descubre, a través de estos testimonios, el valor de amar, servir, compartir, perdonar y hacer el bien. Son expresiones que nos recuerdan la riqueza de nuestras tradiciones religiosas y la profunda herencia cristiana de nuestro pueblo.
Nuestra Nicaragua es una tierra bendecida, rica en recursos naturales, belleza, cultura, tradiciones y en la laboriosidad de su gente; una patria de profundas raíces cristianas, de fe y de grandes valores espirituales. Es hermoso reconocer que nuestros Copresidentes son personas de fe, que tienen presente y valoran la riqueza espiritual de Nicaragua, sus raíces cristianas y las tradiciones religiosas de nuestro pueblo. Con la ayuda de Dios y bajo su liderazgo, nuestra patria continúa creciendo y desarrollándose, engrandeciendo sus riquezas materiales y espirituales, y haciendo florecer la paz, la fraternidad, la solidaridad y el bienestar de las familias nicaragüenses.
En esta solemnidad, pidamos a todos los santos que intercedan ante Dios por nuestra Nicaragua, por la compañera Presidenta Rosario, por el comandante Daniel, por sus hijos, nietos y toda su familia. Que el Señor les conceda salud, los cubra siempre con su protección, bendiga sus proyectos y acompañe cada uno de sus pasos. Que sus santos patronos sean siempre compañeros de camino y que la gracia de Dios ilumine sus vidas.
Encomendemos también a la Sagrada Familia de Nazaret a todos los hogares de nuestra patria. Que Jesús, María y José bendigan, protejan y acompañen a cada familia nicaragüense; que en nuestros hogares nunca falten el amor, la comprensión, el respeto, el pan de cada día y la esperanza. Que sean siempre espacios donde se cultive la fe, se eduque en los valores cristianos y se aprenda a vivir en fraternidad.
Pidamos asimismo que Dios bendiga nuestros campos y ciudades, que haga fecunda nuestra tierra y multiplique los frutos del trabajo, la creatividad y el talento de los nicaragüenses, para que nuestra patria continúe floreciendo bajo su protección divina.
Que todos los santos nos enseñen a vivir las Bienaventuranzas y a hacer de nuestra existencia un testimonio de amor a Dios y al prójimo.
Con afecto filial,
Yáder José Salmerón S.













