La seguridad de los niños frente a los peligros de Internet ha motivado un llamado urgente del Gobierno de Nicaragua a los padres de familia y tutores, ante los riesgos que pueden presentarse cuando los menores utilizan teléfonos celulares, computadoras, videojuegos y redes sociales sin la debida vigilancia. La Presidencia de la República expresó esta preocupación mediante un pronunciamiento emitido el 30 de octubre de 2026, bajo el título "Los niños nacen para ser felices", una expresión que da sentido al llamado a proteger su bienestar, mediante una mayor atención y responsabilidad de las familias sobre las conexiones al Internet de sus hijos. El documento, firmado por la Copresidenta Compañera Rosario Murillo y el Copresidente Comandante Daniel Ortega, recoge el llamado conjunto de la Procuraduría de Derechos Humanos, los ministerios de Salud, Educación y de la Familia, la Presidencia de la República y el Pueblo Presidente, dirigido a prevenir situaciones que puedan comprometer la integridad de la niñez.

Esta preocupación responde a riesgos que también han sido documentados por organismos internacionales, cuyas investigaciones advierten sobre las distintas amenazas que pueden encontrarse detrás de una pantalla.

Internet permite que los niños amplíen sus conocimientos desde los recursos educativos y mantengan comunicación con familiares que viven lejos, convirtiéndose en una herramienta que también favorece su aprendizaje y sus relaciones familiares. Sin embargo, cuando navegan sin la debida supervisión, pueden encontrarse con contenidos perjudiciales o establecer contacto con personas desconocidas que ocultan sus verdaderas intenciones, exponiéndolos a situaciones que sus padres muchas veces desconocen.

Los retos virales que circulan por las redes sociales pueden llevar a los niños a imitar conductas capaces de provocar lesiones graves e incluso causarles la muerte, al igual que los videojuegos en línea pueden exponerlos a situaciones de acoso y presiones de otros participantes. Una investigación de Aldeas Infantiles SOS de Perú, realizada en 2026, reveló que el porcentaje de niños y adolescentes que habían experimentado riesgos digitales pasó del 12.7 % en 2024 al 24.9 % en 2026. El estudio también encontró que el 45 % compartía información privada en redes sociales, exponiendo sus datos personales a posibles usos indebidos.

Las fotografías compartidas en redes sociales pueden terminar siendo utilizadas para humillar o amenazar a los niños, y estas agresiones pueden continuar incluso después de que salgan de clases. Las Naciones Unidas y UNICEF advierten sobre las consecuencias emocionales del ciberacoso, en tanto Humanium, organización defensora de los derechos de la niñez, señala otro peligro relacionado con la captación de menores con fines sexuales, conocida como grooming, a través de conversaciones que buscan ganarse su confianza y pueden derivar en chantajes o exigencias de imágenes íntimas.
La UNICEF también advierte que cuando un niño comienza a aislarse o manifiesta temor después de utilizar su teléfono, los padres deben prestar atención a esos cambios y conversar con él para conocer lo que está ocurriendo, sin asumir que esas señales confirman por sí solas una situación de abuso.

Los videojuegos que incluyen conversaciones entre participantes también pueden ser utilizados por adultos que buscan engañar a los niños mediante premios virtuales para ganarse su confianza y llevarlos a platicas privadas, donde intentan convencerlos de encontrarse personalmente, si consiguen imágenes íntimas, pueden amenazar con divulgarlas para obligarlos a cumplir nuevas exigencias mediante el chantaje sexual conocido como "sextorsión". La gravedad de estos riesgos se refleja en un informe de las Naciones Unidas, según el cual aproximadamente el 80 % de los niños consultados en 25 países manifestó sentirse en peligro de sufrir abuso o explotación sexual a través de Internet. Los niños pueden comprometer los datos privados de sus familias cuando descargan juegos o aplicaciones de sitios desconocidos, y sus fotografías pueden seguir circulando incluso después de haberlas borrado, por lo que los padres deben conocer qué instalan sus hijos en sus teléfonos y explicarles los peligros de revelar su dirección o el nombre de su escuela, procurando mantener una relación de confianza para que puedan contarles cualquier amenaza sin temor a recibir castigos y así recibir la ayuda necesaria para denunciar lo ocurrido.

En los hogares nicaragüenses, los padres pueden activar los controles parentales para impedir que sus hijos accedan a contenidos inapropiados y configurar la privacidad de los videojuegos y redes sociales para evitar que desconocidos conozcan su ubicación o se comuniquen con ellos, estableciendo también horarios para utilizar el Internet y enseñándoles a reconocer publicaciones engañosas.

Algunos videojuegos ofrecen monedas virtuales que se compran desde las tarjetas bancarias y pueden ocasionar gastos sin autorización, además de fomentar hábitos de juego difíciles de controlar que pueden generar dependencia y alejar a los niños de la convivencia familiar, privarlos de actividades propias de su infancia y llevarlos a descuidar sus tareas escolares. Si descubren amenazas o situaciones de acoso, los padres deben conservar los mensajes como prueba y acudir a las autoridades correspondientes, sin divulgar fotografías íntimas ni responsabilizar a los menores por lo sucedido.

La Copresidenta Compañera Rosario Murillo expresó su solidaridad con las familias de las dos niñas y manifestó: "Nos preocupa lo que hemos venido viendo. Situaciones, de verdad, de elevado riesgo para los niños, las niñas; donde dos niñas han perdido la vida, o se han quitado la vida, que es todavía peor, como consecuencia de los tiempos que vivimos, donde de una forma u otra estamos expuestos a lo que llaman tecnología de la información, que no siempre son beneficiosas y, muchas veces, y sobre todo para los niños y niñas, puede ser perniciosa". También se refirió a las circunstancias que viven algunos menores cuyos padres han emigrado: "Recordemos que la situación que vive el mundo, cuando muchos padres han migrado en años anteriores a otros países y los menores quedan a cargo de los abuelitos, las abuelitas, pues de alguna manera tienen un sentimiento respecto a la situación que viven, hay una especie de sensación o sentimiento o vivencia de abandono, y bueno, se toman acciones perjudiciales para todos, porque es toda la sociedad", manifestó.

Al referirse a la participación de las escuelas y comunidades en la protección infantil, la Compañera Rosario expresó: "Extendemos nuestro llamado a todas las autoridades pertinentes, y a todos los Maestros y Maestras de nuestra Nicaragua Bendita, también a la comunidad, para acompañar esa urgente e inmediata vigilancia, que debe ser constante, cotidiana, indispensable, cumpliendo con ese mandato que tenemos de custodiar y defender el Derecho de las Niñas y Niños a vivir seguros, tranquilos y con la esperanza de construir Futuro, como tenemos esa esperanza cierta puesta en Dios nuestro Señor como Familias nicaragüenses". Finalmente, reiteró su solidaridad con las familias afectadas: "Queremos compañeros, compañeras, compartir esta urgencia con todo nuestro Pueblo Presidente; hagamos realidad la responsabilidad que todos tenemos por los niños y las niñas, y nuestra solidaridad con las familias de las dos niñas que en estos días han estado expuestas a ese peligro, a ese riesgo, a la inseguridad, y nos llamamos todos, entonces, a ir adelante con más cuidado y la responsabilidad que debemos tener", concluyó la Copresidenta.

La protección de la niñez comienza en cada hogar, cuando los padres escuchan a sus hijos, conocen sus actividades en Internet y toman en serio cualquier señal de peligro que pueda afectar su seguridad. Si descubren amenazas, comportamientos extraños o situaciones que les provocan miedo, deben intervenir sin culparlos y buscar ayuda antes de que las consecuencias sean irreparables, porque la vida de un niño puede depender de la atención que reciba en el momento preciso. Ninguna niña ni ningún niño debe enfrentar en silencio un peligro que los adultos tienen la responsabilidad de prevenir y resolver.

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