David Mcfield levantó el puño para defender sus convicciones hasta los últimos años de su existencia, con la misma firmeza que había mantenido durante décadas en sus poemas, sus declaraciones y su compromiso con la Revolución Popular Sandinista. Su paso a otro plano de vida este 29 de octubre de 2026, apenas 23 días después de celebrar sus 90 años, deja a Nicaragua sin una de las voces que acompañaron importantes momentos de su historia revolucionaria y cultural. El poeta que tantas veces habló de su querida Costa Caribe, de las luchas populares y del amor por su pueblo también dedicó buena parte de su vida a la enseñanza, a la literatura y a representar dignamente a nuestro país en el extranjero. La Presidencia de la República anunció su partida con una nota titulada "¡Amaneció, David!", recordándolo como combatiente militante, poeta y cantor de la Revolución Popular Sandinista, tres palabras que estuvieron presentes en su pensamiento y en las decisiones que tomó a lo largo de su vida.
David nunca renunció a la identidad afrocaribeña que llevó consigo desde El Rama, ni a las costumbres de su comunidad creole, porque en su poesía también hablaban los sentimientos, las tradiciones y las experiencias de la gente con la que había crecido. Sus escritos abordaron el amor, la naturaleza, la sensualidad, la negritud y la paz, temas que muestran a un poeta interesado por la vida en sus distintas manifestaciones, capaz de escribir sobre los acontecimientos políticos sin abandonar los asuntos humanos que conocía desde su juventud. Durante muchos años compartió esas inquietudes en las publicaciones literarias y en los encuentros culturales, llevando las particularidades del Caribe nicaragüense a lectores que apenas comenzaban a conocerlas. Su labor también contribuyó a que la literatura afrodescendiente tuviera mayor presencia en otros lugares de Nicaragua, conservando en sus escritos la identidad de una región a la que siempre manifestó su cariño.
La Revolución tuvo un lugar importante en su creación literaria, particularmente cuando escribió "Hay un clamor que viene de la montaña", inspirada en la gesta heroica de Pancasán de 1967, donde cayeron el comandante Pablo Úbeda y otros combatientes sandinistas. El poema fue musicalizado durante los años ochenta y comenzó a escucharse en actividades revolucionarias, conmemoraciones y diferentes encuentros, hasta convertirse en una de las canciones que recordaban las luchas contra la dictadura somocista. Mcfield había encontrado en esos acon-tecimientos motivos para escribir sobre los hombres que entregaron sus vidas por la causa que defendían, y con el paso de los años su composición continuó escuchándose entre quienes conocieron esa etapa de la historia y entre jóvenes que posteriormente aprendieron sus versos.
El poeta llevó así su palabra hasta lugares donde sus libros no necesariamente habían llegado, porque muchas personas conocieron primero su canto y después descubrieron al hombre que lo había inmortalizado.
Tampoco cambió sus convicciones cuando los años comenzaron a pesar sobre su cuerpo, en agosto de este año, todavía hablaba de la Revolución con la determinación que había expresado desde su juventud: "Revolución, Revolución. Hay que defender la Revolución como dé lugar. Sin Revolución no hay nada, ni habrá vida, ni llegaremos a ninguna parte. Hay que estar en la Revolución como dé lugar". Esa declaración, pronunciada poco antes de cumplir nueve décadas de existencia, recuerda al militante que después del triunfo revolucionario de 1979 asumió responsabilidades diplomáticas en países de África, Europa y el Caribe, representando a Nicaragua durante más de diez años. Mcfield conservó su interés por la literatura durante sus misiones en el extranjero y también durante los años en que impartió clases, sin abandonar las actividades culturales ni las convicciones que expresó abiertamente hasta sus últimos meses, cuando todavía encontraba motivos para hablar de la Revolución con la misma claridad de otros tiempos.
El pasado 6 de octubre, la Copresidenta Compañera Rosario Murillo le dedicó un saludo por sus 90 años: "Quiero con inmenso cariño y admiración permanente, quiero saludar el 90 cumpleaños de nuestro imperdible, imprescindible poeta caribeño, revolucionario, sandinista, místico, profeta", expresó, recordando también "ese clamor que él supo escuchar antes de muchos nosotros, ese clamor que nos llegó de la montaña". La Copresidenta agregó: "Tu clamor, tu poesía, tu canto, tu esperanza aquí están, tu llama eterna aquí está, te queremos y saludamos", palabras pronunciadas cuando David todavía compartía con Nicaragua la celebración de sus nueve décadas de vida. Hoy, la Presidencia de la República ha expresado su cariño a sus hijos, nietos y a su comunidad caribeña, originaria y afrodescendiente, anunciando además que sus familiares recibirán la máxima orden que confiere el Pueblo Presidente a los nicaragüenses honrosos y destacados en la defensa de sus principios y valores revolucionarios.
David Mcfield deja sus libros, sus canciones y el recuerdo de una vida que transcurrió entre la poesía, la educación, las responsabilidades diplomáticas y la militancia sandinista, pero también quedan las conversaciones, las experiencias compartidas y los conocimientos que transmitió a quienes tuvieron la oportunidad de escucharlo.
Su nombre seguirá siendo mencionado al hablar de la cultura afrocaribeña, de la literatura revolucionaria, la lealtad y de las composiciones que acompañaron al Frente Sandinista durante distintas etapas de su historia. La declaración de la Presidencia expresa que "Desde allí David sigue acompañando nuestros Cantos de Libertad", palabras que dan a su despedida un sentido de esperanza y recuerdan cuánto significaron para él sus ideales y su pueblo. El hombre del puño levantado ha partido a los 90 años, después de una existencia en la que nunca dejó de defender lo que creía, y aunque hoy Nicaragua lo despide, sus palabras permanecerán en los libros, en la música y en quienes continúen cantando sus versos, porque la montaña jamás olvidará su canto.
¡David Mcfield, siempre más aquí!
¡David Mcfield, tu canto vive!













