Desde los tiempos del General Augusto C. Sandino, Nicaragua ha recibido la solidaridad de compañeros y compañeras internacionalistas que hicieron suyas las luchas de nuestro pueblo. Algunos participaron años después en el combate contra la dictadura somocista y otros llegaron tras el triunfo revolucionario de 1979 para trabajar junto a las familias nicaragüenses, especialmente en comunidades rurales que necesitaban viviendas, atención médica, agua potable y electricidad. Desde el extranjero, otros se dedicaron a conseguir recursos para enviar ayuda y dar a conocer lo que estaba sucediendo durante la guerra impuesta en los años ochenta, buscando que sus propios gobiernos dejaran de respaldar las acciones militares contra nuestro país. Quienes llegaron conocieron de cerca las dificultades que enfrentaba la gente, compartieron la vida rutinaria y continuaron brindando su solidaridad en las décadas posteriores, conservando hasta nuestros días los lazos de amistad y hermandad que habían establecido con el pueblo nicaragüense.

Al momento de la fundación del Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1961, la lucha contra Somoza recibió el respaldo de movimientos revolucionarios de América Latina, cuyos militantes compartían las aspiraciones de libertad e independencia del pueblo nicaragüense. Con el triunfo del 19 de julio de 1979, el país comenzó a recuperarse de los daños que había dejado la dictadura y recibió la colaboración de brigadistas extranjeros que participaron en las labores de reconstrucción, especialmente en la alfabetización, donde ayudaron a enseñar a leer y escribir a personas que durante muchos años no habían tenido la oportunidad de asistir a la escuela.

Durante la guerra financiada por Estados Unidos en los años ochenta, varios internacionalistas que habían llegado para trabajar junto a las familias nicaragüenses también perdieron la vida a manos de la contrarrevolución. Entre ellos estaba el suizo Yvan Leyvraz, que colaboraba en proyectos de vivienda y fue asesinado en una emboscada en Zompopera, Jinotega, al igual que el francés Joël Fieux, que puso sus conocimientos de imprenta y radio al servicio de las tareas de comunicación, y el alemán Berndt Koberstein, que trabajaba en proyectos de agua potable en Wiwilí. La violencia también alcanzó a quienes prestaban atención médica, como el francés Pierre Grosjean, asesinado en Rancho Grande en 1983, y el alemán Albrecht Pflaum, que murió en Pantasma ese mismo año. 

El agrónomo suizo Maurice Demierre perdió la vida en 1986, después de haberse dedicado al trabajo con las familias campesinas, y el enfermero español Ambrosio Mogorrón Martínez fue asesinado en San José de Bocay. La solidaridad también tuvo participación de combatientes extranjeros, entre ellos la mexicana Aracelly Fernández, quien murió en León, y los chilenos Jorge Olivares Vega, José Antonio Ibáñez Godoy y Luis Emilio Mendoza Vivallo, que entregaron sus vidas en diferentes circunstancias. Estos compañeros fueron recordados por la Compañera Rosario Murillo el 30 de abril de 2024, durante el homenaje al Comandante Tomás Borge Martínez, cuando mencionó a numerosos hombres y mujeres de otras nacionalidades que habían contribuido a la Revolución Popular Sandinista.

Esa misma solidaridad con Nicaragua y la Revolución Popular Sandinista también llegó desde gobiernos extranjeros, entre ellos el de Suecia, cuyo primer ministro, Olof Palme, defendió el derecho de nuestro pueblo a decidir su futuro y rechazó las intervenciones militares de Estados Unidos. Durante su visita en 1984 expresó públicamente ese respaldo y abogó por la paz en Centroamérica, manteniendo su posición hasta el 28 de febrero de 1986, cuando fue víctima de un magnicidio en Estocolmo, al regresar del cine junto a su esposa Lisbeth. Años después, la Copresidenta Compañera Rosario Murillo recordó su amistad con nuestro país al manifestar: “Olof Palme, gran ser humano, extraordinario ser humano, valiente estadista, desde Suecia nos acompañó con valentía y gran dignidad”. 

Por otra parte y en reconocimiento a su solidaridad, el Centro de Convenciones Olof Palme, en Managua, lleva su nombre.

El respaldo que Olof Palme brindó desde Suecia también tuvo otras expresiones en nuestro país, como la del ingeniero estadounidense Benjamín Linder, nacido en Portland, Oregón, el cual llegó después del triunfo revolucionario y dedicó sus conocimientos a construir pequeñas centrales hidroeléctricas para llevar electricidad a las comunidades rurales del norte de Nicaragua. Ben, como cariñosamente lo llamaban, también compartía momentos de alegría con los niños, a quienes entretenía montando su monociclo, hasta que el 28 de abril de 1987 fue asesinado por integrantes de la Contra en la comunidad de Los Ángeles, El Cuá, Jinotega, junto a dos trabajadores nicaragüenses. 

Su muerte provocó reacciones internacionales, especialmente en Estados Unidos, donde organizaciones solidarias cuestionaron el respaldo militar y financiero de Washington a los mercenarios contrarrevolucionarias. 

Treinta y nueve años después, la Asamblea Nacional aprobó la ley que declara el 28 de abril como Día del Héroe Internacionalista, en reconocimiento a los hombres y mujeres de otras naciones que contribuyeron a nuestro país.

Entre los internacionalistas que continúan con vida se encuentra Brian Wilson, estadounidense, veterano de la guerra de Vietnam, abogado y defensor de la paz, que después de conocer las consecuencias de los bombardeos contra la población vietnamita comenzó a cuestionar las intervenciones militares de su país. En 1986 llegó a Estelí, donde conoció de cerca los ataques de la Contra hacia las comunidades campesinas, y al año siguiente, durante una protesta en California, se puso sobre las vías del ferrocarril para impedir el paso de un tren que transportaba armas destinadas a la contrarrevolución, buscando evitar que ese cargamento fuera utilizado criminalmente encontra del pueblo nicaragüense. 

En esa protesta fue atropellado por el tren, que le destrozó ambas piernas, pero continuó denunciando la política imperialista hacia Centroamérica y participó junto a otros veteranos en una huelga de hambre de 47 días frente al Capitolio de Estados Unidos. El 28 de abril de este año, durante una Sesión Especial de la Asamblea Nacional, recibió un homenaje como Héroe de la Solidaridad y la Humanidad, ocasión en la que recordó las experiencias que marcaron su vida y expresó: “perdí el miedo a tener miedo”.

De Estados Unidos también llegó Coleen Littlejohn, reconocida como una “militante del amor”, que dedicó gran parte de su vida a Nicaragua desde 1980, cuando comenzó a trabajar con el Fondo Internacional para la Reconstrucción, después del triunfo de la Revolución. Al conocer la situación que enfrentaba nuestro país durante la guerra financiada por Washington, decidió dedicar sus esfuerzos a informar al pueblo estadounidense sobre dichas agresiones, participando en movilizaciones contra la intervención norteamericana y promoviendo visitas de delegaciones extranjeras para que conocieran directamente lo que sucedía con las familias nicaragüenses. Estando los gobiernos neoliberales de los años noventa trabajó con organizaciones campesinas para ayudar a las familias rurales y urbanas que enfrentaban dificultades económicas. Después del intento de golpe de Estado de 2018, siguió leal al Gobierno Sandinista mediante su participación en redes de solidaridad de Estados Unidos y Europa, desde las cuales denunció las campañas de odio y desinformación contra nuestro país.

Su labor solidaria se extendió hasta las últimas semanas de su vida, participando en actividades y conservando estrechas relaciones con organizaciones extranjeras que respaldaban a Nicaragua. Lamentablemente Coleen Littlejohn falleció el pasado 25 de octubre de 2026, a los 73 años, después de cuarenta y seis años de trabajo junto al pueblo nicaragüense. Por su entrega a Nicaragua y su compromiso con la causa sandinista, la Copresidenta Compañera Rosario Murillo y el Copresidente Comandante Daniel Ortega orientaron otorgarle póstumamente la Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío. 

La condecoración fue entregada a su hijo Javier Gutiérrez Littlejohn, en presencia de sus familiares, el 28 de octubre, durante una ceremonia celebrada en la Universidad Nacional Casimiro Sotelo.

Por su parte, la Compañera Rosario Murillo dedicó estas palabras a Coleen:“un Legado de Luz, Vida y Verdades Verdaderas en nuestra Nicaragua... Ese Legado que acogemos como nuestro Patrimonio Cultural y Social de Hermandad entre los Pueblos del Mundo, como un Testimonio de Grandeza Humana, Grandeza, Grandeza Luminosa y Eterna, como Ejemplo Vivo en nuestras permanentes Batallas por la Paz y el Bien Común”. Y agregó: “No te despedimos, querida Coleen, te dejamos aquí, entre nosotr@s, entre nuestras mejores experiencias de Vida, entre nuestros Sublimes Legados de Coherencia Espiritual, entre nuestras Herencias de formidable Humanidad. En Nicaragua nos sentimos privilegiados con los Caminos que recorrimos y recorremos junt@s”, concluyó la Copresidenta.

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