Mucho antes de convertirse en parte de las mañanas nicaragüenses, el café comenzó a escribir su historia en las tierras del Pacífico, donde halló condiciones favorables para su cultivo durante el siglo XIX. Las primeras plantaciones se establecieron en Carazo y desde allí el grano se extendió hacia otras regiones del país, hasta llegar a las montañas del norte, donde la altura, la humedad y la fertilidad de los suelos impulsaron su crecimiento. Las siembras dieron origen a la actividad agrícola que, con el paso de las generaciones, se sumó al trabajo de las familias campesinas y al comercio del país, llevando el café nicaragüense más allá de nuestras fronteras.
Con el paso de los años, las plantaciones de café llegaron a Jinotega, Matagalpa y Nueva Segovia, donde las lluvias, el clima fresco y la sombra de los árboles favorecieron el cultivo de variedades como Bourbon, Catuaí y Caturra, cuya producción recibió un mayor impulso durante el gobierno del general José Santos Zelaya, cuando Nicaragua ya comenzaba a fortalecer sus exportaciones hacia Europa y Estados Unidos. Sin embargo, entre 1999 y 2003, la caída de los precios internacionales golpeó a productores y trabajadores agrícolas, especialmente en las comunidades del norte, donde muchas familias dependían de esta actividad, situación que llevó a los caficultores a buscar nuevas formas de comercializar el grano mediante el trabajo organizado de las cooperativas.
La calidad del café cultivado en las montañas del norte ha despertado el interés de compradores extranjeros, especialmente por los granos de altura, que después de la cosecha pasan por distintos procesos de secado y preparación que influyen en su aroma y sabor, dos características que han llevado a los productores nicaragüenses a participar en concursos internacionales como la Taza de la Excelencia. En la edición de 2025 se presentaron 344 muestras, evaluadas por 17 jueces internacionales de 16 países, y durante la subasta algunos lotes alcanzaron precios de hasta 88.20 dólares por libra, gracias al trabajo de pequeños caficultores, cooperativas y fincas que han mejorado la selección y preparación del grano, logrando comercializar sus cosechas en mercados especializados.
El café también representa el sustento de miles de familias en las zonas rurales del país, según informó el presidente del Banco Central de Nicaragua, doctor Ovidio Reyes, durante la apertura del Plan de Protección y Seguridad de la Cosecha Cafetalera 2026-2027, celebrada el 24 de octubre de 2026 en Apanás, Jinotega, donde explicó que existen más de 252 mil manzanas cultivadas, aproximadamente 55 mil familias dedicadas a esta actividad en 60 municipios y más de 500 mil empleos directos e indirectos. El trabajo comienza con la preparación de las fincas y el cuidado de las plantas, sigue con el corte, secado y procesamiento del grano, hasta llegar a su transporte y comercialización, labores que generan ingresos para numerosos hogares de las comunidades cafetaleras.
Las exportaciones de café dejaron a Nicaragua 918.4 millones de dólares en 2025, cifra récord registrada por el país, según informó el titular del Banco Central, al explicar que el grano es uno de los principales productos que se venden al extranjero. Al cierre de septiembre de 2026, los ingresos acumulados sumaban 691 millones de dólares, con expectativas de superar lo obtenido el año anterior al finalizar diciembre, tomando en cuenta también los precios internacionales, que en 2025 alcanzaron un promedio de 272 dólares por quintal y para el nuevo ciclo se proyectan en 294 dólares, diferencia que influye en los ingresos de las familias cafetaleras y en las decisiones sobre la producción y venta de sus cosechas.
La cosecha cafetalera 2026-2027 tiene como meta recolectar más de 66 millones de latas de café uva, equivalentes aproximadamente a tres millones de quintales de café oro, destinados principalmente a la exportación. Nicaragua comercializa este grano en 55 países mediante 110 empresas y asociaciones exportadoras, gracias al trabajo de las familias productoras y las labores de capacitación, investigación y asistencia técnica que se realizan en las fincas, donde también deben atenderse los cambios en las lluvias y las temperaturas, que obligan a los agricultores a mejorar sus métodos de cultivo, proteger las plantas y mantener la calidad exigida por los compradores internacionales.
Para proteger la cosecha cafetalera 2026-2027 y garantizar la seguridad en las fincas y caminos utilizados por trabajadores, transportistas y comerciantes, el Ejército de Nicaragua desplegará más de 3 mil efectivos militares, según anunció el general Julio César Avilés Castillo, jefe de la institución castrense, durante el acto celebrado en Apanás, Jinotega. Las tropas estarán presentes en las zonas productoras de Matagalpa, Jinotega, Estelí, Madriz, Nueva Segovia, Managua, Boaco y Carazo, además de Nueva Guinea y Ticuantepe, trabajando en coordinación con la Policía Nacional y las autoridades locales, con el propósito de prevenir asaltos, robos, secuestros, extorsiones y asesinatos que puedan afectar a los caficultores y habitantes de las comunidades rurales. Avilés también informó que los jefes y oficiales militares tienen instrucciones de escuchar, atender y apoyar a los productores, manteniendo abiertas las unidades del Ejército para recibir sus solicitudes y contribuir a que la recolección y el traslado del grano se desarrollen en condiciones de seguridad y tranquilidad.
En las exportaciones de Nicaragua, el oro se ubica en primer lugar, la carne bovina en segundo y el café en tercero, grano cuyo cultivo y comercialización cuentan con el respaldo de las políticas económicas y agrícolas del Buen Gobierno Sandinista, encabezado por la Copresidenta Compañera Rosario Murillo y el Copresidente Comandante Daniel Ortega, mediante asistencia técnica a los caficultores, capacitación y promoción en los mercados internacionales. El café también forma parte de las costumbres nicaragüenses, porque la gente lo toma al levantarse, durante las jornadas de trabajo y en las reuniones familiares, tanto en el campo como en las ciudades, manteniéndose como parte de nuestra vida cotidiana y de la identidad de Nicaragua.













