Hace trece años comenzaron a levantarse en Managua los primeros Árboles de la Vida, majestuosas creaciones artísticas que desde 2013 fueron llenando de color la capital, embellecieron sus rotondas, iluminaron las grandes avenidas y encontraron espacio en los sitios por donde diariamente transitan miles de personas. Sus amplios troncos metálicos ascienden hasta abrirse en copas pobladas de espirales, inspiradas en el arte del pintor austríaco Gustav Klimt, que al caer la noche cobran otra dimensión cuando sus luces encienden los colores y dibujan una estampa que con el tiempo se volvió familiar. Desde aquellos primeros días, la Compañera Rosario Murillo impulsó estas obras y explicó que expresaban protección, salvaguarda y defensa de la vida, unidas a la identidad, la cultura, los valores y la fe de los nicaragüenses, palabras que fueron dando sentido a una creación cuya presencia creció con los años y permitió que, poco a poco, dejara atrás la novedad de sus primeros meses para entrelazarse con el rostro cotidiano de Managua y llevar luego su luz, envuelta en una buena aura, a distintos puntos del país, donde las familias hoy la reconocen como parte entrañable del paisaje de nuestra tierra pinolera.
Mientras los Árboles de la Vida ganaban un lugar cercano entre las familias, detrás de su belleza también estaba el esfuerzo de muchos nicaragüenses que hicieron posible su existencia, una tarea en la que trabajadores de ENATREL recibieron los primeros trazos y les dieron forma hasta convertirlos en las grandes expresiones artísticas que conocemos, siguiendo el proceso desde el diseño y modelaje hasta la escogencia de los materiales, cuyo ensamblaje permitía levantar finalmente estas majestuosas figuras en los sitios destinados para recibirlas. A esa labor se sumaba la instalación eléctrica, mediante la cual la energía llegaba hasta las luces distribuidas entre sus ramas y espirales, mientras el metal iba adquiriendo forma y todos sus elementos se integraban hasta completar el Árbol que, una vez encendido, reflejaba la dedicación de quienes habían puesto sus manos y empeño para volverlo realidad.
Con la estructura ya levantada, faltaba completar la parte que permitiría apreciarla en toda su dimensión, y para ello entraban en acción los electricistas, quienes extendían las conexiones hasta hacer llegar la energía al sistema que iluminaba el Árbol. Lo que después contemplaba la gente al pasar por una avenida resumía muchas horas de dedicación, durante las cuales unas manos habían ido dando forma a sus componentes mientras otras continuaban la tarea hasta conseguir que todo quedara unido y funcionara correctamente, haciendo posible que al encenderse apareciera finalmente aquella estampa luminosa que seguimos disfrutando hasta nuestros días.
Para 2016, los Árboles de la Vida ya habían captado la atención de quienes los veían todos los días en distintos puntos de Managua, y fue precisamente durante los recorridos por la Avenida de Bolívar a Chávez que varios emprendedores tuvieron la idea de reproducirlos en pequeño y convertir aquella inspiración en emprendimientos que permitieran llevarlos también a las casas. Para conseguirlo comenzaron dibujando el modelo sobre láminas de PVC, que luego pasaban por una máquina troqueladora encargada de realizar los cortes, mientras el lijado iba afinando los bordes antes de recibir la pintura que les daba el acabado final, de modo que la figura monumental que la gente admiraba en las calles podía conservar sus formas características en una versión mucho más pequeña. Las miniaturas comenzaron a ganarse el gusto de quienes querían tener una en sus casas, y la aceptación que alcanzaron permitió que aquella idea siguiera creciendo entre la gente apenas tres años después de la aparición de los Árboles de la Vida, hasta que en 2018 llegó uno de sus momentos más difíciles, cuando algunos fueron quemados y derribados por terroristas de la derecha que pretendieron dar un golpe de Estado contra nuestro legítimo Gobierno Sandinista y el pueblo mismo.
Las imágenes de los Árboles de la Vida vandalizados durante los duros meses de 2018 enardecieron los ánimos y provocaron repudio en el pueblo nicaragüense contra los golpistas, entre ellas la de Metrocentro, cuya estructura metálica fue socavada y cortada por los terroristas hasta hacerla caer sobre un cineasta guatemalteco que cubría los hechos, provocándole la muerte. Aquella violencia no acabó con ellos, porque después volvieron a levantarse y sus luces se encendieron nuevamente, devolviendo a esos espacios la imagen que la gente había hecho parte de su entorno. Desde ahí continuaron llegando a otras ciudades con el mismo sentido que la Compañera Rosario Murillo les dio desde sus comienzos cuando expresó, “Más árboles de la vida, celebrando la vida. Estos árboles simbolizan y representan la luz de la paz y de la alegría”, palabras con las que también los ha unido a la hermandad, la solidaridad y la complementariedad, mientras sus colores siguieron extendiéndose por distintos rincones del país y mantuvieron viva una historia que ni siquiera los traidores y vendepatrias de 2018 lograron borrar.
Los Árboles de la Vida forman parte de la Nicaragua de estos días y se levantan en diferentes lugares del país, donde sus colores llaman la atención de quienes nos visitan y hacen que muchos se detengan a contemplarlos, saquen el teléfono o la cámara y busquen el mejor ángulo para llevarse una fotografía o una selfie como recuerdo de su paso por nuestra tierra. Esa cercanía también se vive entre la gente que pasa junto a estas vistosas expresiones de arte y color y que, después de trece años de convivir con ellas, ya las siente suyas y las reconoce como parte de la identidad que distingue a esta nación. Al anochecer, el amarillo se combina con el azul, el rojo, el magenta, el celeste, el verde y el violeta hasta regalarle otra apariencia al entorno, una escena que también puede contemplarse desde la ventanilla cuando el avión inicia el descenso y comienza a volar a menor altura sobre territorio nicaragüense. Desde allí pueden distinguirse algunos de estos hermosos Árboles iluminados y, para quienes parten, el recorrido ocurre a la inversa, pues después del despegue todavía alcanzan a observarlos durante los primeros minutos de vuelo, hasta que la distancia los va dejando atrás como uno de los últimos recuerdos que el visitante guarda de este hermoso país.
Hoy, los Árboles de la Vida siguen representando la victoria sobre el golpismo que pretendió destruirlos, pero no logró borrar lo que simbolizaban ni detener el rumbo de un pueblo que pudo dejar atrás aquellos duros momentos y recuperar la paz para seguir adelante. Esa tranquilidad ha permitido generar trabajo y fortalecer la economía, cuyos avances también se reflejan en nuevas carreteras que facilitan la comunicación entre las comunidades y permiten llegar con mayor rapidez a lugares antes distantes, mientras los hospitales amplían los servicios de salud y las escuelas abren sus puertas para que niños y jóvenes continúen estudiando y preparándose. Los programas sociales también llegan a miles de hogares y ayudan a mejorar sus condiciones, dentro de un país que protege su soberanía y defiende el derecho a decidir su camino, una Nicaragua sandinista, bendita, cristiana, socialista y solidaria, libre para construir su presente y escribir con sus propias manos el futuro que quiere.













