(a Fidel y Tomás, sembradores de esperanza)
En Nuestramérica, donde el fuego es esperanza,
se estrecharon manos dos grandes;
de frente, compartiendo el mismo latido histórico,
Fidel y Tomás, dos historias hechas canción,
semillas sembraron, raíces crecieron y gloria cosecharon.
Fidel cruzó montañas de “¡No se puede!”.
“Si salgo, llego; si llego, entro; si entro, triunfo” –
grito de liberación que retumba para siempre.
Y Tomás, con voz firme, dijo: “Somos antimperialistas,
defensores de la soberanía, prudentes en la estrategia
pero audaces en el combate”.
Fidel, con su voz de oleaje y roca,
levantó sobre el Caribe una bandera de lucha
porque no dudaba que otro mundo es posible;
Tomás, con mirada de volcán, reiteraba ser:
Implacables en el combate, generosos/as en la victoria.
“Todos los enemigos se pueden vencer”,
clamó el comandante de la Isla rebelde.
“El corazón revolucionario llora por un niño que muere
y ríe por uno que canta”, susurró, con ternura,
el comandante de lagos y volcanes.
Nuestros pueblos se alzaron en Victorias y
la lucha armada se convirtió en la necesidad de seguir
construyendo conciencia a través de las ideas que honran
justicia social, equidad, solidaridad, calidad de Vida,
inclusión, Paz con dignidad y soberanía siempre.
Fidel, con voz de tormenta clara: “La historia me absolverá”,
eco de un juicio que ya es canto y realidad.
Tomás, con su fusil hecho verso: “Me siento orgulloso
de no haber sido desleal… ni con mis gritos de combate”.
Por Fidel, por Tomás,
por todas/os quienes seguimos construyendo Revolución,
con Raúl y Miguel, con Daniel y Rosario,
Nuestramérica seguirá cantando esperanzas,
porque Fidel, el Che, Carlos y Tomás plantaron semillas,
y ni lo dudamos: esta lucha sigue: ¡Leales siempre!
¡no pudieron, ni podrán!













