El músico nicaragüense, José Adán Hernández, cumple 103 años el primero de febrero. Nació en Las Lajas, Achuapa, en 1918. Actualmente vive en San Nicolás, una comarca ubicada a seis kilómetros y medio de Achuapa, municipio del departamento de León.

Desde los catorce años empezó a tocar el violín. A esa corta edad, en 1931 creó la pieza "El Grito del Bolo" .

"Es una melodía que no tenía letra. Yo solito empecé y me gustó. En ese tiempo la bailaban en la comarca. Me decían los que iban a bailar que le pusiera nombre a la música y como solo picados miraba que la bailaban bien alegres entonces así fue que le puse el nombre del Grito del Bolo", comenta don José Adán.

"En ese tiempo no pensaba que fuera hacerse tan famosa. Salía a tocar a las comarcas y nada más. Tiempo después unos señores querían robar la autoría. Eran amigos míos pero bandidos", recordó.

GRITO DEL BOLO1

La música de don Adán Hernández la ha llevado junto a su familia y amigos a lugares como las casas de cultura de Managua, Jinotega, Granada y León.

Tras varias décadas El Grito del Bolo se escucha en toda Nicaragua y es bailada por generaciones.

"Me gustó la música de violín y por eso aprendí al ver a unos músicos. Me hice mi primer violín de madera, rústico y desde entonces me dediqué a este instrumento más que a la guitarra", relata.

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"Me alegro de que hayan reconocido lo que yo he hecho. Mi familia y otras personas se alegran. Para mí fue algo sencillo lo que hice, pero a los demás les ha gustado y eso es inspiración para mí", resaltó el músico.

Polkas y zapateados, son algunos de los sones que a lo largo de su larga vida ha tocado.

En su vida personal, se casó varias veces, y con dos de sus parejas tuvo diecisiete hijos.

"Nunca estudié música, no sé leer ni escribir. Dificultades he pasado incontables porque ser campesino y pobre, es duro, pero me siento feliz", nos contó rodeado de sus nietas.

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Estudia sus primeras letras

A sus 103 años actualmente está estudiando, aprendiendo sus primeras letras en un cuaderno donde ha aprendido a escribir su nombre.

Entre sus temas, unas cincuenta piezas, se encuentran El Grito del Bolo, La Rompe Caite, La Milindrosa, La Menesterosa o La Puntiadita.

Hoy pasa sus días tocando con su hija María Auxiliadora Hernández, quien fue la única que heredó el amor por la música llevándola de ciudad en ciudad.

En su juventud don Adán junto a su amor por la música seguía cultivando la tierra. Es un roble que ha llegado a sus ciento tres años con una sonrisa, compartiendo con amigos y su familia, comiendo sopa de gallina india, sosteniendo su bastón con la misma firmeza con la que toca su amado violín.

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Icono de la música tradicional norteña

El promotor cultural, músico y compositor, Alfredo Rivera, resaltó que don José Adán Hernández Rocha es un ícono de la música popular nicaragüense. Es una de las figuras vivientes con mucha historia que contar.

"Son ciento tres años de historia cultural porque él inicia a ser músico cuando aquí no había radios, consolas, vitrolas, ni otros instrumentos. La comunidad se recreaba con violines y guitarras", señaló.

"Él creó melodías y se auxilió de vecinos que tenían guitarras y violines. Don Adán formó parte de los cachorros de Don Felipe Urrutia en el tiempo de la Cruzada Nacional de Alfabetización, de ahí salió grabado el tema y empezó a pegar en toda Nicaragua", contó el delegado cultural.

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María Auxiliadora Hernández, nieta del músico, comentó: "Tengo treinta y ocho años tocando con mi abuelo que me crió como si fuera mi papá. Yo soy su guía y bastón de mi papá. Es un honor tener a este viejito, estar con él y escuchar su melodía".

"A sus ciento tres años es el único artista de esa edad. El primero de febrero que es su cumpleaños viene gente de Nueva Guinea, Managua, Masaya, San Carlos, Honduras y España. Es un evento de unas quinientas personas y desde las dos de la mañana le vienen serenatas", subrayó.

"Es un orgullo para toda la familia, somos cuatrocientos sesenta y ocho entre nietos, bisnietos y tataranietos y también es un orgullo para los nicaragüenses, por eso este legado no se va a terminar porque si Dios nos permite seguiremos llevando su melodía a toda Nicaragua", aseguró María Auxiliadora.

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