La editora de shopping Naomi Smart comparte con nosotras el itinerario de viaje definitivo para explorar la tierra de los lagos y los volcanes

Con los recuerdos del verano ya lejos, quienes tengan ganas de hacer una escapada este invierno seguro que ya estarán buscando su próximo destino de vacaciones. Si eres de las mías y cada vez que planificas un viaje te lo tomas si fuera un gran proyecto de investigación (y te gustaría pasar unos días en algún ecohotel con encanto), permíteme que te sugiera un viaje a Nicaragua.

A menudo a la sombra de la vecina Costa Rica, este paraíso tropical presume del lago Nicaragua —el más grande de Centroamérica—, así como de ciudades coloniales como Granada —Patrimonio Universal de la Unesco— o de la exuberante isla volcánica declarada reserva de la biosfera de la Unesco, Ometepe. ¡Ah! ¡Y algunas de las mejores playas para surfear de todo el mundo! Sin embargo, es un país que sigue siendo bastante desconocido; en parte, por las convulsiones políticas que han sacudido el país, cosa que no ha mermado ni un ápice el espíritu amigable y generoso del pueblo nicaragüense, pero que sí que ha afectado a la incipiente industria del ecoturismo.

La catedral de Nuestra Señora de la Asunción, en la costa del Lago Nicaragua en Granada.

© Marc Guitard / Getty Images

Como las aguas vuelven a estar calmadas, es el mejor momento para empezar a planificar nuestro viaje. La estación seca va de diciembre a abril, y el parón navideño es el momento ideal para recorrer sus costas del Caribe y del Pacífico. Moverse por Nicaragua es bastante sencillo, aunque necesitarás contratar a un conductor o alquilar un coche e ir siempre con tiempo, puedes pillar atasco por una procesión religiosa o porque los granjeros locales estén trasladando el ganado (o ambas cosas a la vez).

Dominic Allan, un británico afincado en Granada, es el fundador de la agencia de viajes Real Latin America, que ofrece un servicio personalizado y especializado para visitar la tierra de los lagos y los volcanes. Un documentalista ganador de un Bafta convertido en experto en viajes; no se me ocurre nadie mejor que recomendaros que a él. Ofrece un servicio único y personal para viajeros independientes, o para quienes quieren un guía de primera a lo largo del viaje. Allan nos ofrece un mundo de sensaciones. Te presentamos nuestra guía para viajar a Nicaragua.

La manera más sencilla de entrar al país es por la capital, Managua. Desde allí, cogemos un taxi y tras un trayecto de 45 minutos llegamos a Granada, que recuerda a la Cartagena colombiana con sus hileras infinitas de calles pintadas de los colores del arcoíris y agradables plazas de mercado llenas de palmeras. (¿Algo que también vale la pena si tienes tiempo? León, en el norte). El tamaño relativamente pequeño de Granada hace que podamos recorrerla a pie, por lo que podemos pasar día y medio en esta urbe para tomar —con calma— contacto con la cultura nicaragüense en las animadas orillas de su lago más famoso.

Puerta colorida en Granada, Nicaragua.

© Kelly Cheng / Getty Images

El Tribal Hotel es la base ideal. Este hotel de estilo hacienda tiene siete encantadoras habitaciones dispuestas alrededor de un elegante patio con piscina que es incluso más bonito a la luz de las velas. El interior, muy alegre, está decorado con piezas de artesanía locales y antigüedades seleccionadas por los dueños, Yvan Cussigh y Jean-Marc Houmard (de los restaurantes Acme e Indochine de Nueva York). Es el hotel con más estilo de toda la ciudad y, probablemente, de todo el país. Toma nota: los dos chalés privados que acaban de construir son ideales para pasar Nochevieja con los amigos.

Si eres capaz de salir del hotel, no te pierdas los desayunos del Garden Café, situado en un diáfano pórtico colonial con un patio interior ajardinado, antes de subir a lo más alto de la iglesia más famosa de Granada, la de la Merced, donde podrás disfrutar de vistas espectaculares del lago y los volcanes. El mejor sitio de todo el viaje para comprar recuerdos lo encontré en el Café de las Sonrisas, regentado por una cooperativa de la comunidad. No solo da empleo a camareros con dificultades auditivas y a trabajadores con diversidad funcional —que muchas veces, injustamente, no pueden acceder a otros trabajos—, sino que también invierten en su formación para que aprendan a tejer; así, producen unas hamacas de algodón orgánico de un tejido exquisito.

La mejor manera de vivir los más de 150 kilómetros de largo del lago Nicaragua es recorriendo en barco los cientos de islitas que encontramos cerca de la “costa” de Granada. Entre sus habitantes conoceremos tanto a amistosos nicaragüenses como a monos aulladores. ¿Y si queremos ir más lejos? Nicky y su marido, de la lejana Cornualles, viajaron a la región en busca de tranquilidad y se enamoraron de la isla El Coyol en unas vacaciones allá por 2012. Hoy en día, la pareja alquila su cuidadísimo chalé, que te hará sentir como en casa —pero estando en un hogar de lujo y lejos de tu país—. Es perfecto para quienes quieran vivir cerca del lago en su propio oasis privado.

A solo diez minutos de Granada en taxi acuático, ocupa toda una “isleta” (como las llaman allí), puede alojar hasta a ocho personas y cuenta con una piscina infinita, una plataforma para hacer yoga y un barquito, además de kayaks. En cuanto a la comida, puedes contar con los servicios de un chef privado para que se encargue de preparar platos local o peticiones especiales —cuando los huéspedes quieran descansar de comer mangos que crecen allí mismo—. La mejor versión de vivir en una isla.

A tan solo 30 minutos en taxi de Granada encontramos la laguna Apoyo, que aún se conserva virgen; un lago de agua azul cristalina en la caldera de un volcán extinto. Gracias a su condición de reserva natural protegida, apenas hay casas por la zona, salvo algunas cabañitas, que permiten tener vistas directas al lago. Prepara un pícnic y guárdate un día para disfrutar de las orquídeas salvajes, las palmeras tropicales y la abundante vida salvaje. Para disfrutar de uno de los mejores miradores de Nicaragua, sube al municipio de Catarina, donde puedes disfrutar de la panorámica del lago y del volcán Mombacho, luego echa un vistazo a la colorida Casa Marimba, un Bed&Breakfast con un servicio muy amable que estará encantado de prepararte un batido de fruta fresca. ¿Y qué más nos queda? Pasa una tarde tranquila bañándote en las aguas termales y disfruta de la agradable sensación de los minerales volcánicos mientras hacen magia en tu piel.

Volcán activo en Nicaragua

© Nnnegativs / Getty Images

No es de extrañar que cada vez aparezcan más alojamientos pensados para surfistas en la costa del Pacífico del país. Al fin y al cabo, las olas de la costa Esmeralda son de lo mejorcito que hay en todo el mundo; similares a las de la vecina Costa Rica, pero sin tantas aglomeraciones. Enmarcado entre exuberantes jardines, el hotel Malibu Poyoyo, con doce suites que dan al mar, es el alojamiento para surfistas más refinado de todo el país, ya que da acceso a más de diez zonas de primera con olas sin explotar, todas a menos de 30 minutos. Además, también ofrecen tratamientos de spa y clases de meditación y yoga.

La Quinta, la granja sostenible del hotel, produce fruta y verdura orgánica para los huéspedes y la comunidad vecina; no te olvides de pedir a sus chefs locales que te preparen sus tacos de pescado o un ceviche, que llevarán lo mejor de la pesca del día. Intenta reservar la suite superior, decorada con artesanía local y azulejos hechos a mano. Su baño exterior, con un área de descanso estilo marroquí, así como con una ducha de lluvia, hará que tu Instagram eche humo.

Morgan Rock, una enorme finca ecológica de más de 160 hectáreas, podría ser uno de los hoteles en un entorno natural más impresionantes en los que te puedas alojar, empezando por la entrada: a pie por un puente colgante suspendido a 15 metros sobre el suelo de la selva. Cada uno de sus 15 bungalós es exquisito, pero vale la pena pedir uno de los chalés con vistas a la kilométrica playa de arena de la finca. El compromiso con la sostenibilidad de Morgan Rock es tan asombroso como sus alrededores: el agua calentada por el sol es la norma; el 60 % de la comida viene de la granja que hay en la misma finca y la mitad de los terrenos son una reserva natural protegida.

Isla de Corn, Nicaragua

© Lars Schrpf / EyeEm / Getty Images

Aprovéchate de su variada oferta de actividades: tendrás ocasión de saber más sobre la deforestación; puedes apuntarte a una clase de cocina para elaborar productos de la granja o disfrutar viendo los nidos de las tortugas marinas que frecuentan la playa. Si consigues salir de la hamaca doble de tu habitación, el alegre pueblecito surfista de San Juan del Sur está a solo 25 minutos de coche; encontrarás restaurantes y bares a lo largo de su playa de arena dorada.

Custodiado por dos volcanes activos, Concepción al norte y Maderas al sur, Ometepe es un exuberante paraíso natural perfecto para hacer senderismo, tirolina, montar a caballo, hacer paddleboard o nadar en las prístinas aguas de la cascada de San Ramón. La manera más sencilla (y más agradable) de moverse por la zona es con quad; se pueden alquilar en uno de los muchos garajes que hay cerca del puerto. Nos equivocamos guardándonos solo dos días para la isla, podríamos haber estado cuatro tranquilamente. Reserva una habitación en Totoco Eco-Lodge, el mejor alojamiento de Ometepe, y con tiempo, que enseguida se llena. Su piscina en la montaña y el restaurante de estilo tiki tienen vistas ininterrumpidas de Concepción. De lo mejor del lugar: los fascinantes atardeceres desde tu porche con un cóctel de coco y ron Flor de Caña haciéndote compañía.

La costa de San Juan del Sur, Nicaragua.

© Marc Guitard / Getty Images

También vale la pena familiarizarse con las tablas de animales que te dan la bienvenida en la recepción: capuchinos panameños de cara blanca, águilas, mariposas morfo azules, lagartos y loros amarillos… Estos serán algunos de los vecinos que te darán los buenos días cada jornada que pases en esta isla salvaje. Después de una tarde nadando y colgándote de las cuerdas del Ojo de Agua, una piscina natural cuyas aguas provienen de un río subterráneo de Maderas, ve con el quad a cenar al Café Campestre, un restaurante donde te sirven comida de proximidad y que, además, tiene una localización ideal bajo Totoco. ¿Otro sitio que te vendrá de paso? El Pital, un bar y fábrica de chocolate orgánico que también tiene columpios sobre el agua, además del mejor chocolate negro que te puedas imaginar.

Llegados a este punto, igual tienes la sensación de haber concentrado diez vacaciones en una. ¿El colofón? Poder disfrutar de un paisaje radicalmente diferente en la cosa caribeña del este del país. A solo una hora de avión de Managua se encuentra la isla de Big Corn, donde una apasionante travesía en barco te dejará en una diminuta isla de poco más de tres kilómetros de largo: la pequeña isla de Corn. No hay ni coches ni carreteras. Bien al contrario, lo que encontrarás serán caminos que te llevarán por selvas tropicales de una punta a otra de la isla, pasando por las cabañitas de colores vivos y los improvisados chiringuitos de playa.

Loro de Nicaragua

© Victor Ovies Arenas / Getty Images

Creo que nunca había desconectado tanto y tan bien. Situado en la mejor playa de arena blanca de la isla, con aguas turquesas y un espectacular arrecife, el hotel Yemaya, con sus 16 habitaciones con vistas al mar, cada una con su propia piscinita y su jardín, es el único alojamiento de lujo de la isla. Cuando no estés haciendo paddleboard o buceando, pídele a alguno de los marineros locales que te lleve en una de sus embarcaciones artesanales, es la manera más tranquila de navegar por las islas mientras te sientas en cubierta a comer mangos frescos. Como apunte final: no te vayas del hotel sin dejarte mimar por los terapeutas del spa selvático con un masaje en tu suite.

Este artículo fue originalmente publicado en Vogue.co.uk.