La Lavada de la Plata congregó una vez más a miles de fieles católicos, peregrinos que desde cada punto del territorio nacional, e incluso fuera del mismo, se dirigieron hasta la basílica menor de El Viejo, para ser partícipes de esta tradición solemne.

Asistidos con pequeños paños y una mezcla especial para hacer relucir piezas de metal precioso, tallaron con devoción los exvotos y otras piezas consagradas, para pedir con fe favores e incluso agradeciendo por milagros recibidos.

Maritza Laínez recuerda que desde hace aproximadamente 10 años vive esta experiencia de manera ininterrumpida.

"Vengo a servirle a María, como madre nuestra. Limpiarle su plata, sus objetos que ella usa, es una alegría para nosotros", afirmó la señora, de origen chinandegano.

Otra promesante, pero con el doble de tiempo que la anterior, es Fátima Cantillano.

Anualmente acude con devoción desde que acompañaba a su abuela al templo, desde que era joven y repite la tradición, cargando ella esta vez con su nieto.

"Nosotros limpiamos la plata y los paños los conservamos como algo espiritual, lo tenemos como algo para pedirle a ella y nosotros la recordamos", refirió.

Otros manifestaron su devoción repartiendo tiste, chicha y cosa de horno a los visitantes e incluso facilitando los insumos con los que los devotos cumplieron sus promesas.

Para poder estar listos para cada 6 de diciembre se preparan con 3 meses de anticipación.

"Siempre mis hijos me apoyan, y las amistades que me regalan para que yo me ayude y repartir", cuenta una octogenaria promesante.

La Virgen del Trono llegó a Nicaragua hace unos 500 años casi como por voluntad propia.

El destino de la imagen no era originalmente Nicaragua, pero el barco en el que viajaba naufragó y terminó apareciendo en este sitio, que hoy en día es considerado Santuario Nacional.