En la introducción del libro The Güegüence editado por Daniel G, Brinton en Philadelphia en 1883, el etnólogo hace mención de los bailes antiguos de Masaya de esa época, mencionando a los siguientes bailes: diablitos, Chinegritos, Toro Guaca o danza del toro del cementerio, los negritos, San Martín, el mantudo y el baile del Toro y Venado, por lo tanto estos bailes estaban presentes en Masaya desde el siglo antepasado, en la actualidad algunos se desplazaron a la ciudad de Diriamba, otros desaparecieron, mientras tanto sigue firme el Torovenado. Esta manifestación se conocía como Toro y venado hoy la palabra se ha unificado en una sola: Torovenado.

Han existido a lo largo de la historia varios torovenados, siendo el más popular de ellos el Torovenado de octubre, seguido por el Torovenado el Malinche, el primero ha sido sustituido en sus últimos dos años por el Torovenado de Monimbó y el segundo sigue campante y andante el Torovenado de El Malinche. Estas manifestaciones conllevan varios elementos entre ellos la gastronomía, el baile, el teatro, la música y el habla popular.

En el siglo pasado estas festividades tenían un gran realce, caravanas de carretas se estacionaban en los solares abiertos de Masaya, pues llegaban promesantes hasta de Guatemala, y el Presidente de la República de ese entonces José Santos Zelaya llegaba a la procesión de San Jerónimo y regalaba billetes chancheros a los Torovenados.

Los disfrazados de Torovenado le ofrecían ramos de flores a San jerónimo, esta costumbre hoy en día ya no existe.

Los agüizotes y el Torovenado

Los agüizotes y los torovenados están arraigados en la cultura popular desde tiempos precolombinos, pero solo Masaya conserva estas tradiciones como parte de su folclore. Generaciones y familias enteras han continuado y fortalecido esta tradición.

Cada una de estas expresiones culturales sale a las calles en una fecha establecida. Los agüizotes salen el último viernes del mes de octubre y el Torovenado del Malinche, el tercer domingo del mes de noviembre.

En Masaya ha existido varios torovenados. Los más populares y famosos son dos: el de doña Carmen Toribio fundado en 1943 y el Torovenado del Pueblo fundado en 1961, hoy conocido como el Torovenado de Monimbó. Este último tiene tendencia a la crítica social y política, por la ironía que llevan sus cuadros o sea sus escenas, cada personaje disfrazado es un Torovenado.

El Torovenado es teatro verdaderamente callejero revestido de burla y de tradición, mientras que los agüizotes anuncian presagios, señales adversas que constituyen el anuncio de alguna desgracia venidera.

Imaginación aborigen

La imaginación del aborigen abarcó el campo de la magia, creando personajes y leyendas como la cancha bruja; el canto del güis, que precede a las visitas; las bolas de fuego; el viejo del monte, el punche de oro, la cegua, la mica bruja, la sucia, el cadejo, los duendes del volcán. Así los agüizotes se transformaron en leyenda y superstición.

Los grupos que interpretaban a esos personajes se asentaron en  Monimbó y comenzaron a salir a las calles cada año, pero en el perímetro del histórico y aguerrido barrio indígena. En ese tiempo sus disfraces eran sencillos, elaborados por ellos mismos; máscaras de cartón y de madera, figuras fantasmales con ropa blanca y negra, y para el cabello usaban la cabuya (fibra de pita). Su música es folclórica ejecutada por una banda filarmónica.

Auge con Revolución 

En 1979, después del triunfo revolucionario, gracias al auge y desarrollo que toma la cultura popular, los agüizotes empezaron a extenderse por toda la ciudad de Masaya.

Hoy en día las empresas de la promoción turística usan esta expresión para despertar el interés cultural en sus rutas, viéndose colmada la Ciudad de las Flores de visitantes nacionales y extranjeros.

En los gobiernos neoliberales, esa tradición sufrió la influencia de la subcultura norteamericana, traída por nicas residentes en Estados Unidos. Los agüizotes se distorsionaron con los disfraces traídos de Estados Unidos: la bruja de sombrero copa alta, la calabaza con ojos y boca, los hombres lobo, las máscaras de plástico de personajes de cine.

Hoy se alista el Torovenado del Malinche para el 17 de noviembre en su salida número 74 con el disfraz de la sátira, de la crítica, irreverencia total en algunos casos. Es la esencia del pueblo en la denuncia, no hay palabras solo mímica, imitación, ironía, baile, el disfraz creativo, el gesto, colores, señales, gritos, consignas.  

Este año cumple su 74 aniversario de salir a las calles de Masaya, el Torovenado El Malinche de doña Carmen Toribio, primero salió como una promesa de la familia y hoy se ha convertido en todo un espectáculo cultural de tradición dándole fuerza al título de la ciudad de Masaya como capital del folclor. Su mayordomo honorario en los últimos cuarenta años ha sido el Comandante Daniel Ortega, Presidente de la República.

Este es un  Torovenado de a pie, los asistentes caminan a la par del teatrista popular, aquí no hay carrozas ni parlantes altisonantes, el vocablo es compuesto, toro y venado: El venado es la agilidad, la astucia y la picardía. El toro es la fuerza y la resistencia.

El Torovenado se funde en una sola palabra como defensa de nuestras costumbres, burlándose del interventor, refleja una posición de resistencia cultural frente al injerencismo, con sus mímicas, el uso de las máscaras y la danza. El Torovenado es símbolo de rebeldía y denuncia.

Masaya, guardadora de esta tradición emerge como baluarte de la nicaraguanidad, colorida, hospitalaria y soñadora, llena de esperanza y amor  es la capital del folclor nicaragüense.