Las familias de Posoltega realizaron diversas actividades este miércoles para honrar la memoria de más de 3 mil 500 personas que perdieron la vida en el año 1998, tras el deslizamiento del volcán Casitas.

La tragedia, que según todos coinciden pudo ser evitada con labores preventivas, arrasó con 2 comunidades enteras.

A tempranas horas fue desarrollada una misa en la Iglesia Jesús Nazareno de Posoltega durante la que pidieron la misericordia del Señor.

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La homilía fue encabezada por monseñor René Sándigo, obispo de la Diócesis de León y Chinandega.

En su homilía, el obispo animó a los nicaragüenses pues tienen la fuerza de levantarse de las tragedias, tal como se ha venido haciendo en este pequeño municipio de Chinandega.

Al mismo tiempo, valoró los esfuerzos actuales que se hacen por afrontar los embates de la naturaleza de mejor manera.

Aquellos que perdieron numerosos miembros de sus familias llegaron durante el día a depositar ofrendas en tumbas simbólicas, instaladas en los lugares donde solían habitar hasta antes del 30 de octubre de hace 21 años.

Una de ellas fue Ana Isabel García, a quien las fuertes corrientes le arrancaron de los brazos a sus hijas de 10 y 11 años.

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"Mientras Dios me de fuerza, salud y fuerza siempre vendré. Dios es el que va a decidir hasta donde me va a dejar", comentó aún conmovida por los sucesos, a pesar de que han pasado más de dos décadas.

Una ceremonia evangélica a cargo de pastores de distintas comunidades locales también fue llevada a cabo en el parque memorial, donde muchos cuerpos sin identificar fueron depositados en una fosa común.

La alcaldesa actual de Posoltega, Liliam Mayorga, refirió que al cumplirse un año más de aquella tragedia, reafirman el compromiso del Gobierno sandinista de hacer hasta el último esfuerzo por desarrollar por garantizar la seguridad de las familias.

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"Gracias a nuestro Gobierno encabezado por el comandante Daniel y la compañera Rosario, estamos haciendo los simulacros multiamenazas donde las familias posolteganas y las familias nicaragüenses nos estamos preparando para cualquier eventualidad", señaló.

Las cicatrices aún son visibles, en la tierra, en los rostros y en los cuerpos de los sobrevivientes, mientras una luz de esperanza baña los rostros de aquellos que claman justicia, no la terrenal, sino la divina para aquellos que despreciaron la vida de estos humildes hermanos nicaragüenses.

Ni le pusieron mente a doña Felícita (Zeledón, alcaldesa de Posoltega de ese entonces, que clamó por ayuda) y ¿Cuántos muertos no habían ya? Para ellos fue una minucia, decían ellos… Que el Señor los reprenda donde estén”, comentó Germán Godínez, al lado de una cruz con 25 nombres de sus familiares en el medio de un maizal.

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