El 21 de septiembre de 1956 el poeta, Rigoberto López Pérez, ajustició al dictador Anastasio Somoza García; una acción que si bien acabó con sus 27 años de vida, significó la continuación del ideario liberador del General Augusto C. Sandino.

Hace exactamente 63 años el dictador Somoza García caía ajusticiado en León a manos del joven poeta Rigoberto López Pérez.

Este hecho es recordado por el pueblo nicaragüense, como uno de los actos más valorosos y fundamentales de la larga lucha contra la dictadura Somocista.

Rigoberto, cambió los versos por un arma, decidido a convertir a Nicaragua en “una patria libre, sin afrenta y sin mancha”.

Estaba seguro que en eso, le iba cambiar la vida; pero el poeta también sabía que su sacrificio valdría la pena.

Rigoberto sufría desde lo más profundo de su alma la caótica situación del país, bajo el puño del dictador Somoza García.

Esa fue su razón para ajusticiar al tirano, su sacrificio significó el principio del fin de los días tiránicos en Nicaragua.

Acción de Rigoberto lópez Pérez contra Somoza 

Rigoberto tenía planeado ejecutar al tirano en septiembre. Llevó tiempo meditándolo. El día 14, a 100 años de la victoria lograda por los nicaragüenses ante el ejército de filibusteros estadounidenses liderados por William Walker, el tirano Anastasio Somoza García decide recordar la fecha.

El cinismo del acto de Somoza es aprovechado por Rigoberto. Pero luego declina hacerlo, pues las represalias podrían costar la vida a los estudiantes que allí asistirán.

Rigoberto, espera otra oportunidad. El 21 de septiembre se muestra como la fecha perfecta, pues el tirano asistió a una fiesta en la Casa del Obrero. López Pérez, logra que lo inviten por medio de un conocido.

Antes, pasa la tarde con su madre, entrega cartas a amigos y deja una a su progenitora considerada su testamento. Se dirige a la fiesta. Va vestido con una camisa blanca y un pantalón azul, los colores de la patria y llevaba un revólver Smith and Wesson calibre 38.

Ya en la fiesta, logra acercarse a Anastasio Somoza García. Recién culminaba el dictador de bailar Caballo Negro, de Dámaso Pérez Prado. Rigoberto desenfunda su revólver y dispara cinco veces. Cuatro balas hieren en el pecho al tirano. Una lluvia de 54 disparos respondieron a su acto de valentía, terminando con su vida. 

Somoza García murió ocho días después en Panamá. En esos días el ejemplo de Rigoberto era una llamarada libertaria.