La razón de ser revolucionario,
del Sandinista, es la lucha por la paz”.
Presidente, Comandante
Daniel Ortega Saavedra

Ser Sandinista es amar Nicaragua. Ser Sandinista es ser patriota. Es seguir el ejemplo del General Augusto Nicolás Calderón Sandino y todos los inmortales héroes y mártires.

Es reconocer el legado histórico de la lucha de Sandino contra la intervención estadounidense, es entrega incondicional a defender la soberanía de la patria; elemento sine qua non de genuino amor y orgullo nacional.

Uno de los grandes logros y talentos de Carlos Fonseca Amador fue casualmente convertirse en el heredero y heraldo político—ideológico de Sandino, prolongar en el tiempo su lucha, pero sobre todo los sueños —hoy ya hechos realidad— de tener una Nicaragua libre, grande, prospera, soberana, solidaria…

Ser Sandinista es tener anidado en el alma, la imprescindible necesidad de luchar sin descanso por la paz, el bien común, por erradicar la pobreza, por la reconciliación entre los nicaragüenses, aun con aquellos que tienen un pensamiento ideológico distinto; pero firmes e intolerables contra los traidores a la patria.

Ser Sandinista es estar al lado del FSLN y su dirigencia sin ambigüedades, pues este partido y esta dirigencia además de promover la paz, la reconciliación, han llevado a Nicaragua a un estado de prosperidad que ningún partido, Jefe de Estado y Gobierno lo había logrado.

Con el FSLN se integra por primera vez en la historia a todo el territorio nacional, no solo declara la zona Caribe como región autónoma y parte integrante del país, sino enaltece las costumbres y cultura regionales. Alfabetiza a todo un pueblo y lo hace protagonista, le da voz, lo democratiza y lo internacionaliza sin perder la esencia nacional. Lo hace “¡Pueblo Presidente!”

Ser Sandinista es introyectar en la conciencia que Nicaragua es “un sol que no declina.” No se inclina ante la injerencia demoníaca del imperio y menos ante los criados y bufones chapiollos pagados por el imperio.

¡Ah! pero los enemigos del FSLN, creen que por ser paciente, condescendiente, pacifista, por pregonar amor, es débil. Error garrafal y falto de visión e inteligencia.

Su equívoco los lleva a la frustración al no poder romper la cultura de paz sembrada y cultivada por el FSLN, de convivencia y desarrollo, de combate a la pobreza; se lanzan irreflexivos a la violencia con actos y lenguaje, desenmascarando su odio, su corrupción y pequeñez espiritual. En el colmo de la deshumanización, faltos de argumentos, por ser mequetrefes se van a lloriquearle al imperio, sí a ese mismo que tanto daño ha hecho a través de la historia patria, para que imponga sanciones, o peor aún, que intervenga militarmente. ¿De nuevo? ¿Acaso son tan brutos que no aprenden de los acontecimientos históricos? ¡El imperio no pudo, ni podrá! La estupidez y falta de nacionalismo de estos malos nicaragüenses, traidores, no tiene límites.

Ser Sandinista es tener paciencia, abrazar sin titubeos el principio de la no violencia, apapachar la reconciliación; estar dispuestos al diálogo, la forma civilizada en que los humanos debemos entendernos.

Los violentos, por el contrario, llenos de odio no respetan las leyes, ni les importa la vida de otros seres humanos, son egoístas, mentirosos y con tendencia sociópata. Pretenden imponerse a la fuerza, con violencia y el humanismo lo tildan de debilidad.

Lo dijo el Presidente Comandante Daniel Ortega Saavedra: “…nuestra respuesta no será jamás la venganza, no será el “ojo por ojo”. Nuestra respuesta es y será defender con la mayor firmeza, sin vacilación alguna, dispuestos, como les decía, a entregar la Vida misma para defender la Paz…”

Y recordando al Comandante Tomás Borge: “Mi venganza personal será el derecho de tus hijos a la escuela y a las flores”.

“Implacables en el combate, generosos en la victoria”.

¡Pero cuidado! ¡Cuidado! Ser Sandinista también es tener un brazo largo, fuerte y riguroso para aplicar la justicia y defender sin titubeos los logros populares, defender al pueblo, al futuro, a nuestra nicaraguanidad sandinista que florece y florecerá, crece y crecerá hasta alcanzar las nubes y “más allá”