Imagínese una laguna de Tiscapa llena completamente de basura en lugar de agua. Esa fue la imagen con la que se encontraban los operarios de la Alcaldía de Managua a quienes les correspondía hacerse cargo de la limpieza hace 12 años, cuando caía la primera lluvia fuerte en la capital.

Los trabajadores más longevos que aún permanecen allí, afirman de la manera más expresiva posible, que a pesar de que más o menos un cuarto de la superficie de la laguna se vio cubierta con desperdicios de todo tipo, no significa nada comparado con lo que les tocaba vivir en aquel entonces, cuando trabajaban prácticamente con sus manos desnudas y asistidos de piedras, trapos, palos o cuanta herramienta les proporcionara su imaginación.

La faena para levantar lo arrastrado por la lluvia de ayer no concluirá hoy viernes, sino que deberán trabajar por otros tres días, a pesar de los nuevos equipos con los que hoy cuentan y a los compañeros contratados específicamente para aligerar la tarea de los 12 emplanillados fijos designados a la limpieza permanente.

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A las 3:16 pm de este viernes, se había recolectado un estimado de 7 y 8 metros cúbicos de residuos livianos. Es nada más el tipo de restos que podrán ser removidos de la superficie del agua.
Otros desechos sólidos más pesados se depositaron y se sumaron a otros miles más que se han venido acumulando en el lecho de la laguna durante varios años.

La cantidad aumenta dramáticamente con la primera caída fuerte de agua, pero normalmente son removidos a diario entre 4 y 5 metros cúbicos.

Se reconoce como una tarea complicada y urgente, no obstante, surge de inmediato cuestionamiento al conocer lo relatado por estos hombres: ¿Por qué luego de 12 años de crecimiento de una urbe como Managua, se reduce y no aumenta la cantidad de basura?

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Responden que se debe a importantes esfuerzos de concientización en los que se ha impulsado desde el Gobierno Sandinista, pero que hace falta aún mayor conciencia.

A mí por ejemplo me tocaba limpiar el cauce del (barrio) Jorge Dimitrov. Allí pasábamos y al día siguiente volvíamos y estaba la misma basura. Vos vieras los sacos como los llegaban a tirar. Uno a veces pensaba que era basura y eran tal vez animales muertos. Aquí varios se enfermaron”, comenta uno de los trabajadores.

La realidad es dura y los esfuerzos cada vez mayores y a pesar de que se han obtenido resultados palpables, la situación sigue significando la falta de conciencia de los habitantes de la ciudad.

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