Por onceavo día consecutivo, las familias católicas del barrio Monseñor Lezcano acompañaron a la hermosa imagen de la Purísima Concepción de María durante su recorrido por dicho sector de la capital, tradición que data desde 1973 y que hasta la fecha continúa siendo una de las muestras de fe y religiosidad más grande en la capital.

Este año, la petición de quienes creen en la Purísima está basada en la unidad familiar, por ello los niños, adultos mayores y jóvenes le cantan con devoción y rezan el Santo Rosario en cada uno de los altares que son construidos en las viviendas ubicadas en la ruta que año con año recorre la Madre de Dios.

“Siempre le pedimos a la Madre Santísima que nos proteja y nos guarde, así mismo le pedimos miles de bendiciones para el pueblo de Nicaragua, que reine la paz y la unidad en las familias y puedan crecer en la justicia y el respeto” refirió el Padre Sebastián Zeledón, párroco de la Iglesia Monseñor Lezcano.

La peregrinación inicia desde tempranas horas de la mañana y sin importar el frío y el sueño, todos acompañan a la intercesora entre Dios y los hombres, tomando en cuenta que durante casi un año se preparan para glorificar a la mujer que con mucho amor trajo al mundo al Salvador de la Humanidad.

“La devoción que tenemos por la Madre de Dios nace en cada uno de los que habitamos en Monseñor Lezcano, todos los días he venido a demostrarle mi amor a la Virgencita y no importa si nos tenemos que levantar temprano, ya que esta peregrinación se la ofrecemos a la Virgen para que nuestras familias estén sanas, unidas y para que reine la paz en nuestros hogares”, expresó María Sequeira.

Las buenas costumbres religiosas son transmitidas de generación en generación, lo cual da lugar a que no se pierda el respeto y amor para con la Purísima, la que es festejada a lo grande en nuestro país todos los diciembres, tiempo en el que el amor, la fe y devoción reina en cada hogar.

“Vengo con mis hijos y mis sobrinos, siempre venimos con los niños para enseñarles a amar y respetar a la Virgen, ya que ella nos cuida y le pide a Dios por todos nosotros. Mi abuelita fue quien me inculcó esta tradición y yo se la voy transmitiendo a mis hijos y sobrinos. Este año todos estamos orando para que tengamos más amor para nuestros hijos y no solamente les demos lo material” dijo María Eugenia Reyes.

Una vez que finaliza el recorrido, la imagen permanece en una de las viviendas del barrio donde espera hasta la mañana siguiente para ser cargada en hombros por sus creyentes y emprender su peregrinación hasta volver a su templo el 7 de diciembre y ser celebrada a lo grande durante el popular día de la Gritería.