Siempre escuchamos de nicaragüenses que decidieron emprender el viaje hacia Estados Unidos en busca del llamado “sueño americano”. Entre esas historias hay varias que terminaron dolorosamente con la muerte de compatriotas que se ahogaron o que fueron arrastrados por el Río Bravo que sirve de frontera a México y su vecino del norte o fueron víctimas directas de los coyotes.

La migración de los nicaragüenses hacia Estados Unidos no es nueva, se manifiesta desde la década de los ochenta por la guerra que trágicamente nos enfrentó, que continuó en los 16 años de gobiernos neoliberales donde los gobernantes de la época con tal llenar sus bolsillos le quitaron al nicaragüense hasta las ganas de vivir y desde el 2007 a esta parte, hasta que se perfiló la voluntad de un gobierno en paz, es que el flujo de los que se iban descendió grandemente y actualmente esa diáspora está en su punto más bajo.

Por migración debemos entender que es el desplazamiento de personas de una región a otra, tratando de buscar mejores condiciones de vida, aunque también existan las migraciones internas que se producen cuando el movimiento de las personas se da dentro del mismo país y es así que siempre han estado presentes a lo largo de toda la historia humana, puesto que cuando se presenta cualquier problema ambiental, demográfico, cultural, religioso, sociopolítico o económico; las personas se ven en la necesidad de moverse de un lugar a otro.

El asunto es que por necesidad a lo largo de la humanidad muchas civilizaciones se fundaron a través las migraciones y hoy más que nunca el tema se debate en un mundo que desde Naciones Unidas decidió crear la Oficina del Alto Comisionado para los Refugiados ACNUR, pero fue sobrepasado por gente que olvidada, perseguida o víctima de los conflictos internos en sus países fue conminada a buscar fronteras que les permitieran un espacio de refugio que resultaron ser una medicina más terminal que la enfermedad.

En toda la geografía planetaria la migración es un tema de alto interés para los países que reciben el impacto que producen. Sus oleajes son estadísticas que se elevan día a día por millones de gentes que tocan puertas ajenas con cuadros humanos dantescos que tienen como carta de presentación el hambre, la miseria, la ignorancia, la pobreza extrema y las epidemias que con sus tristes historias personales cargan consigo en el morral de sus penurias.

En centroamericana hay una gran migración hacia Estados Unidos y es difícil que eso vaya a cambiar particularmente en Guatemala, El Salvador y Honduras. Eso no significa que ciudadanos nicaragüenses no estén migrando en la búsqueda del falso “sueño americano”, pero somos los menos y para decirlo categóricamente con porcentajes muy, pero muy reducidos, a pesar que tenemos y mucho más las mismas razones de los países del triángulo del norte centroamericano que han generado esas migraciones que llegaron a ser a pie y por miles cuyo primer reto siempre fue llegar a México y después pase lo que pase.

El Producto Interno Bruto per cápita en centroamericana, saqueada históricamente por los mismos que nos despojaron de lo nuestro, sugiere que los bajos ingresos de la región incentivan a muchas personas a migrar hacia EE.UU., y dado que la crisis del Covid-19 empeoró la situación económica, no es de extrañar por qué la migración de Centroamericanos hacia el imperio.

Una gran parte de la migración de Centro América hacia Estados Unidos se debe principalmente al bajo nivel de ingresos que tienen en sus países. Por décadas el crecimiento económico en nuestra región no ha sido suficiente para incrementar el nivel de vida de las personas que se desalientan porque no ven en sus gobiernos voluntades sinceras para sacarlos de la pobreza, por el contrario son estructuras económicas para enriquecer al que más tiene a cambio de estabilidades de apariencia y es cuando vemos el éxodo impresionante de hermanos de Guatemala, El Salvador y Honduras huyendo literalmente de la pobreza que los consume en oleajes que van uno tras de otro y al que se suma ahora el sicariato como el que se tomó a Costa Rica.

Las migraciones cuando se dan por asuntos de supervivencia son simplemente abominables porque todas parten de emprender el viaje creyendo que el éxodo tendrá por fin el paraíso y en el intento son millones y millones de personas muertas en el camino, mientras que las que logran pasar las fronteras, en las que se han tenido que levantar gigantescos muros, muchísimos son apresados y deportados al punto de origen y los que sí logran entrar se introducen a un mundo de angustia, explotación, hacinamiento y misera que nada tiene que ver con el “sueño americano” del que pasaron escuchando por años pero que a la vuelta del tiempo se volvió una pesadilla macabra y diabólica.

Hay que vivir en carne propia la experiencia de estar fuera de su patria para entender lo que significa ser extraño en otro país sobre todo ahora que vivimos un mundo, donde los que nos invadieron y nos robaron hasta lo último, hacen lo imposible para no sentirse invadidos por los que al final van por algo de lo mucho que nos arrebataron esos que en muchos casos nos redujeron a la indigencia y al sufrimiento.

En la región que sean los guatemaltecos, los salvadoreños y los hondureños los que hablen por los suyos, pero yo si debo hablar por mis compatriotas nicaragüenses y decirles que aunque siempre tengamos migración la nuestra es la menor y es así porque hemos sabido ocuparnos e interesarnos en restituir cada uno de esos derechos que dignifican al ser humano y que aunque tenemos problemas económicos, -ahora muchísimas potencias también los tienen-, logramos hacer mucho con poco teniendo como punto de partida que la paz y la estabilidad, que no están en juego, es la piedra angular para crear condiciones que atraigan inversión y con la inversión el empleo y de ahí el ingreso para ir avanzando en el desarrollo de la nación desde una visión profundamente social donde toda la riqueza que se vaya generando se distribuya más equitativamente pensando en que todos podemos ganar, pero que jamás aceptaremos, desde ningún punto de vista, que la riqueza es solo para los que más tienen, porque esa aberración es la que empobrece, limita y arrebata las esperanzas de aquellos que terminan destazados por coyotes sin escrúpulos de ninguna naturaleza.

El pretendido “sueño americano” siempre fue una película solo a la altura de las producciones cinematográficas de Hollywood que se concibió en los años 50s para atraer mano de obra barata que sacara de la postración a la enclenque sociedad norteamericana que había quedado tembeleque tras la recesión de los años 30s, pero a la vuelta de los años, el manifiesto racismo de los arios estadounidenses hizo tan pesadas las cosas que terminó conduciendo a la podredumbre social de un imperio que ahora está no solo decadente sino que además odiado por una inmensa parte del planeta.

Los nicaragüenses que quieran pueden irse, es su decisión, pero irán a sufrir, a convertirse en materia prima de un negocio redondo del que muchos hablan con preocupación, pero sobre el cual no hay una atención sincera que evite tantas muertes en la ruta, en las formas de introducirlos, en los trasiegos, sin que nadie observe las humillaciones, las violaciones que hacen contra las mujeres que ocupan en la trata de personas o de los niños que robados a sus madres terminan despedazados para la venta de órganos.

Que bien por los nicaragüenses que lograron conformar una comunidad en Estados Unidos desde nuestra nacionalidad y que ahora aportan con sus remesas a la sostenibilidad de muchos de sus familiares aquí en el país, pero debo decir a los que ahora creen que la solución a sus problemas es seguir migrando hacia el norte que hoy por hoy las condiciones no son las mismas de aquellos que las tuvieron hace 30 o 40 años.

La situación en Estados Unidos para los migrantes centroamericanos es difícil. Los niveles de explotación para aquellos que logran bajo mucho riesgo pasar la frontera es de esclavitud con el añadido de ser apresado por agentes de migración que constantemente viven al acecho de los indocumentados y lo más triste es que nadie en una situación así sale en tu auxilio porque cada quien resguarda su propio interés para defender trabajos por la libre porque no están permisadas en un ámbito pandémico incontrolable donde si te enfermas te mueres porque no tienes seguro, donde aquellos que te dan refugio por unos días te quieren ver fuera lo más rápidamente de su apartamento o estudio.

Las penurias son en realidad mucho más grandes que cualquier cosa que haya expresado aquí sobre el tema de la migración. La historia de todos aquellos hermanos centroamericanos y la de los nuestros en busca del inexistente “sueño americano” es desgarradora y en consecuencia hago un llamado a los nuestros, a mis compatriotas, a mis connacionales a pensar que a pesar de todo aquí tiene mucho menos que sufrir que lo que otras nacionalidades pasan en Guatemala, El Salvador, Honduras o Costa Rica porque aquí producimos lo nuestro con un inmenso agregado y es que de verdad somos solidarios en una tierra donde todos cristianamente somos uno.

Solo alguien indolente o que no haya experimentado el maltrato y el despreció, al extremo de saberte que te ven como animal, puede abstenerse de callar ante aquel que te habla de irse a buscar suerte a otros países creyendo que con eso resolverán su vida o que van tras los canastos de euros o dólares y más cuando el destino es Estados Unidos porque amigos no es por casualidad que a este país se le llama el enemigo de la humanidad.

El "sueño americano", la idea de que en Estados Unidos la gente puede salir adelante por sus propios méritos, es una "farsa, porque ese cuento de que allá el que persevera alcanza solo tiene una realidad y es que perseveras en trabajar como esclavo en turnos que van de dos a tres todos los días y no para vivir, sino para pasar pagando lo que la sociedad de consumo te impone, el que caso que puedas tener esos turnos por debajo de la mesa, dónde te dan lo que quieren porque de todas formas no tienes derecho y menos tiempo para ti para disfrutar lo que difícilmente termina siendo tuyo.

Así, el llamado "sueño americano" que persiguen los estadounidenses y los inmigrantes se basa en la idea de que cualquier persona con habilidad, deseo y perseverancia puede llegar a la cima. Esto último tal vez funcionó hasta la década de los 70s, pero, las crisis económicas mundiales como las de 2009 acentuaron más las desigualdades y hoy la economía imperial es solo un cascaron que en gran medida no termina de quebrarse por la mano de obra barata del inmigrante.

Por supuesto que hasta dónde uno puede da luces para aquellos que puedan habitar los espacios oscuros vean con más claridad sus pensamientos y valoren la rama que tienen acá para sujetarse y no se lancen al vacío creyendo cuentos de camino para retar a al fracaso o a la muerte cuando aquí no solo tienen garantizado un gallopintito que desde la distancia se añora, sino que además la esperanza de triunfar en un país que va creciendo por el esfuerzo y vitalidad de sus mejores hijos.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.