Ramón Pedregal Casanova, responsable de la Comisión Española de la Coalición Europea de Defensa de los Prisioneros Palestinos, manifiesto mi mayor respeto y afecto para los Mártires y los Prisioneros Palestinos. Envío mi abrazo fraterno a toda la Familia Palestina. Expongo aquí mi admiración y aprecio, a los amigos que en este 8º Congreso representan a las naciones hermanas antiimperialistas, como en el caso de Nicaragua con su Gobierno Revolucionario que me ofreció la oportunidad de exponer la Historia y origen de la invasión neocolonial sionista, situación actual de Palestina, Palestina en el plano internacional, trabajos y perspectivas de la solidaridad.

En este 8º Congreso de la Asociación Europea en Defensa de los Prisioneros Palestinos me corresponde tratar el caso de los mártires cuyos cuerpos han sido robados por la entidad neocolonial, un crimen de lesa humanidad que define al invasor.

Los sionistas no quieren que veamos, no quieren que oigamos, no quieren que se difunda la verdad. Llevan desde 1948 ocultando a los fusilados, a los prisioneros, a los torturados, y son millones los Palestinos que suman en esas cuentas del terror.

Los sionistas asesinan diariamente y en numerosas ocasiones roban los cuerpos. Debemos esforzarnos por romper el muro que hace el vacío, hay que conseguir que los pueblos crucen la barrera de censura y se llenen del calor humano de Palestina.

Hay que gritar y escribir los nombres de las ciudades, de los pueblos y de los mártires que los sionazis han hecho desaparecer, hay que darles vida, ponerlos en presente: Saffad, Jaffa, Tiberiades, Deir Yassin, Acre, Lydda, Ramleh, … Si ellos se esfuerzan para que se olvide, para que las nuevas generaciones no sepan su responsabilidad en el crimen. Los sionistas quieren que se rompan los lazos que hacen fuerte la cultura, la tradición, la vivencia común. Pero eso es imposible, no abandonamos nunca a los mártires que el ejército colonial roba y entierra en secreto.

¿No toma nota la Justicia Internacional?, ¿no quiere decir nada sobre los juicios burla que montan con los mártires y los condenan, muertos, como si estuviesen vivos, a permanecer en prisión?, transcurridos 20, 30 años llaman a los familiares a retirar los restos; ¿por qué pretende el sionismo hacer tanto daño, imprimir tanta crueldad a sus actos? ¿Por qué la ONU, la Corte Internacional de Justicia, la Convención de Ginebra, la Cruz Roja, Amnistía, … no hacen frente a semejante cártel del crimen político contra el Pueblo Palestino?

Los Mártires Palestinos están presentes en los cinco sentidos del Pueblo, en los cinco sentidos de cada familia, de cada uno de sus miembros.

El robo de los cuerpos de los asesinados es una práctica que viene de los anteriores colonizadores, los ingleses, de igual manera que lo es la “detención administrativa”. El robo de Mártires fue llevado a cabo por los ingleses tras aprobar en 1945 lo que llamaron “Reglamento de Defensa de Emergencia”. Lo autorizó el Alto Comisionado para Palestina recuperando para el momento la “Orden de Palestina” dada en el Consejo de 1937, que el permitió al Comandante del Distrito decidir sobre los cuerpos de los Palestinos asesinados en la prisión de Acre, donde cometieron tres primeros fusilamientos, y en Jerusalén. Fue en 1948 cuando los sionistas adoptaron dicho “Reglamento”.

Los sionistas roban los cuerpos para encarcelarlos en congeladores como castigo a las familias y al entorno, agudizando el dolor causado por el crimen, o los hacen desaparecer para que registrar su existencia, y revientan la vida de las familias haciendo que entren en una espiral de búsqueda por cuarteles y tribunales.

Con la desaparición de los mártires quiere que se pierda lo que representan, pues simbolizan la Resistencia al ocupante, la unidad familiar y la Patria los guardan. Con el robo de los cuerpos impiden que los mártires sean despedidos. Robar los cuerpos de los mártires Palestinos, ese acto tan execrable forma parte del conjunto del ataque neocolonial que quiere sostener la idea de que Palestina no existe. Para sostener ese acto terrorista ha dispuesto una seudo – legislación que titulan “Ley antiterrorista”, con la que se autorizan a si mismos a quedarse con los cuerpos. Pero además la norma sionista advierte del uso que quieren hacer de los Mártires para chantajear a los Palestinos en el caso de un intercambio de prisioneros. Esa “ley” la han reescrito en numerosas ocasiones para ir adaptándola a las circunstancias que se les han presentado tras las reclamaciones de organizaciones humanitarias y familiares.

El establecimiento neocolonial en junio de 2022 tenía 357 cuerpos de mártires, de los que 253 están en “cementerios de números” desde 1967, y 104 están congelados desde 2015, de los que 12 son de Jerusalén, 27 de Gaza y 63 de Cisjordania, 3 son de mujeres y 9 de niños, los datos son aportados por la “Campaña Popular para la recuperación de los Cuerpos de los Mártires”. Es conocido el caso del mártir Dalal al-Mughrabi, cuyo cuerpo lo han tenido encarcelado más de 40 años. Otro caso semejante es el caso de Anis Mahmoud Dawla, de Qalqilya, asesinado en agosto de 1980 en la prisión de Ashkelon, y yo pregunto: ¿cuánto más hace falta para que los organismos internacionales manifiesten algo de humanidad? En esa misma prisión asesinaron a otros 8: Aziz Musa Owaisat, de 53 años, en 2018; en 2019 asesinaron a Fares Ahmad Baroud, de Gaza; Nassar Majed Taqatqa, de Belén; Bassam Amin Al-Sayeh, de Nablus; en 2020 martirizaron en prisión a Saadi Khalil Al-Gharabli, que tenía 75 años, era de Gaza; y a Kamal Najib Abu Waer, de Jenin; en 2021 martirizaron a Sami Abed Al-Amor, de Gaza; y a Dawood Muhammad al-Zubaidi, de Jenin.

En estos cementerios de números, que se encuentran esparcidos en los límites de Palestina ocupada con Jordania, Líbano y Siria, nadie sabe cuántos Palestinos y Árabes hay. ¿Por qué los tienen allí? ¿Qué sentido tiene que secuestren durante años los restos? La respuesta la encontramos en el sadomasoquismo de la cultura sionazi, el chantaje, la humillación a la población, aterrorizar para que no haya resistencia a su robo.

Recupero aquí un documento sobre una investigación que realice, ejemplo que lo dice todo: hablando con el hermano de Anis Dolah, Palestino desaparecido, Hassam Dolah, que vive en Kalkilea, nos dice que su hermano fue condenado a 4 cadenas perpetuas y … 1 más, queriendo indicar que es para toda la vida, así es el sionazismo en su odio. Hassam manifiesta que su hermano Anis fue hecho prisionero en 1980, y que con sus compañeros de prisión se declaró en huelga de hambre. 1 mes más tarde fallecieron él y otros dos prisioneros. Hassam y su familia acudieron a la Cruz Roja para reclamar el cadáver de Anis. La Cruz Roja les contestó que las autoridades israelíes negarón la petición. En su insistencia a los organismos que se puede acudir el régimen de ocupación se vio forzado a entregar un documento en el que declaraba que le habían puesto en libertad.

¿Y dónde estaba Anis?

El cuestionamiento de semejante declaración hizo que el organismo sionista encargado, de manera extraña, les entregase otro informe en el que se sostenía que el anterior era falso. ¿Entonces? El calvario continuó para la familia de Anis y 2 años después consiguió un documento que acepta la autopsia, y se comprueba que Anis murió, pero no fue por la huelga de hambre sino bajo tortura en la prisión: le habían asesinado.

Mientras la familia llama a todas las puertas de dentro y fuera de la entidad sionista y sigue recogiendo informes, a cada cual más engañoso, dañino, atentatorio y provocador. Por último las autoridades de ocupación niegan haberle hecho preso. El abogado recoge las declaraciones de los compañeros de prisión de Anis que manifiestan que estaba con ellos y cuentan la huelga de hambre y la desaparición de Anis. La investigación que lleva a cabo la defensa y los que solidariamente rodean a la familia, junto con el periodista sueco Donal Bostrum y un perito judicial que es investigador forense del centro Yahu da Haas, obtiene informes en los que se asevera que Anis murió bajo tortura, le robaron diversos órganos de su cuerpo, y parece que fueron vendidos para ensayos clínicos. Hassam Dolah nos declara por último: Queremos saber, recuperar sus restos, enterrarlos como uno de nuestros mártires, pues ha defendido a su pueblo contra la ocupación.

¿Dónde se encuentra Anis? ¿Por qué los gobiernos que mantienen relación con el ocupante neocolonial no denuncian y presionan para que se levanten los cementerios de números? ¿Dónde tienen los cuerpos de los Anis?

Una última crueldad del régimen sionazi: tras asesinar a un resistente Palestino se llevaron su cuerpo, las reclamaciones de sus restos por parte de la familia no dieron resultado. Habían juzgado su cadáver y lo habían condenado. Tras 20 años el ejército invasor consideró que el prisionero había cumplido la condena, y el organismo correspondiente llamó a la familia para que fuese a recoger los restos. En ese tiempo había muerto parte de la familia y fueron hermanos, jóvenes y niños a encontrarlo y recibirlo para ser honrado como un héroe.

En Interfaith Peace-Builders se encuentra el informe titulado “La búsqueda de la libertad por Nadya Raja Tannous.
Caminando por cualquier ciudad Palestina los carteles en las paredes son difíciles de pasar por alto. Andando por la ciudad vieja de Nablus, todos sus ojos impresos nos miraban con caras serias. Son los rostros de los «mártires», los que han sido asesinados por el ejército israelí durante redadas nocturnas, ataques de francotiradores y episodios de presencia militar o de colonos, es una muestra de la violencia del ocupante. Junto a las imágenes de los mártires están sus nombres, sus fechas de muerte y algunas palabras sobre sus vidas y fallecimiento prematuro.

En una esquina, nos detuvimos junto a uno con un joven que lucía un peinado anticuado, una camisa de vestir a cuadros y una fecha de muerte que decía el 18 de mayo de 1976. Me desconcertó ver que le habían dejado un escrito de recuerdo para alguien que había muerto casi 40 años antes. El grupo lo miró fijamente a la cara, momento en el que el guía nos preguntó «¿quién ha oído hablar del Cementerio de Números»?

Este hombre que nos miraba desde arriba se llamaba Hafith Muhammad Wahid Abu Zanat y su cadáver fue condenado a 20 años de prisión. Durante este tiempo, los derechos de su familia a la inhumación y / o comprobación de sus restos fueron revocados hasta que se cumplió el período de prisión de 20 años.

Nuestro guía nos dijo que estaba presente cuando la familia Abu Zanat recibió a su hijo. Su anciano padre se inclinó sobre el ataúd y abrió la tapa solo para encontrar, por supuesto, los huesos desnudos de su hijo.

Este no es el tipo de regreso a casa que le desearía a cualquiera. Veo esta política como una forma de prolongar intencionalmente el duelo familiar y comunitario para cultivar una mayor desesperación y derrota en la vida Palestina. Porque, mientras los restos no hayan sido devueltos a su familia para el entierro y la ceremonia, es como si esa persona aún estuviera viva, encarcelada, sin conocimiento cierto de su vida o de su muerte.

En la prisión no recogen el nombre a los restos que procesan, les roban su identidad asignándoles números, los despojan de las referencias familiares, de ahí la denominación de «Cementerio de Números». Cuando finalmente se devuelve el cuerpo el nombre no se da junto con ellos. Esto a menudo requiere una prueba de ADN muy costosa, pagada por la familia para verificar si los huesos coinciden con la identidad de sus seres queridos.

Esta forma de burocracia arbitraria es, en última instancia, un método de deshumanización y privación de derechos que tiene como objetivo sacar a las familias de los Mártires de cualquier tipo de proceso de curación.

El encarcelamiento de palestinos, tanto vivos como muertos, contribuye a dificultar diariamente el movimiento civil y a controlar sus medios de vida. Todo forma parte de la misma red de políticas desmoralizadoras que implementa el Estado de Israel contra el Pueblo Palestino.

Suman cientos los mártires de los que el régimen sionista se niega a dar información sobre si viven, si han muerto, o los tienen presos en alguna prisión secreta como la conocida como No. 1391. Los “Cementerios de Números” los esconden en zonas militares cerradas, las tumbas en tierra tienen una tabla en vertical en la que figura una placa con un número que no se sabe a qué corresponde, si a un nombre o al número que le han dado en el conjunto de los enterrados. Los cuerpos son tratados sin ningún respeto, hay tumbas que el paso del tiempo y sus cambios ha dejado al descubierto y ha esparcido los restos del Mártir. A causa del espectáculo terrible que han podido observar algunos medios se ha denunciado la existencia de 4 de esos cementerios: el que queda cerca del puente Banat Ya´qub, situado en una zona militarizada de la frontera sionista-sirio-libanesa, según la información se contabilizan más de 500 enterrados que pueden ser de la guerra de 1982; un segundo se encuentra dentro de la zona militar entre Jericó y el puente Damieh, en el Valle del Jordán, que lo rodea un muro en cuya puerta cuelga un escrito en hebreo que dice “Cementerio para las víctimas del enemigo”, hay más de cien tumbas con números; el tercero se encuentra en el Valle del Jordán, se le conoce con el nombre de Revidi; y el cuarto se encuentra en el pueblo de Wadi Al-Hamam, situado al norte de la ciudad de Tiberiades, entre el monte Erbil y el lago Tiberiades. Los Mártires allí enterrados en su mayoría se cree que cayeron en las batallas del Valle del Jordán entre 1965 y 1975. Se ha denunciado que las tumbas apenas las forman una pequeña capa de arena que dejan al descubierto los restos. La exposición de tanto desprecio es obvio que la mantiene el ocupante para causar el mayor daño posible al Pueblo Palestino por el valor ético, moral y cultural de los mártires.

La política seguida por el sionismo en el robo tiene tres características fundamentales:
La primera: el robo temporal trata de impedir que la familia reaccione públicamente, cuando se le anuncia la entrega del mártir prohíbe enterrar el cuerpo en el lugar elegido por la familia, deberá hacerlo en un lugar apartado, se prohíbe la asistencia de cualquiera que no sea de la familia, y debe hacerse a altas horas de la noche, con todo ello el régimen de ocupación busca romper la tradición cultural, la memoria histórica del entorno familiar y hacer desaparecer el simbolismo del cementerio como lugar de encuentro de los Mártires y el Pueblo. Hasta para los cementerios de los Palestinos tienen insultos los neocolonialistas, los denominan “puntos calientes de criminalidad”. Cuando entregan el cuerpo de un Mártir, congelado durante meses o años, sin haber dispuesto ningún cuidado, el cuerpo presenta todo tipo de deformaciones que lo hacen prácticamente irreconocible.

El segundo es el robo por tiempo indefinido que utiliza el cuerpo del Mártir para chantajear a la parte Palestina en el caso de que se entre en un intercambio de prisioneros.

Y la tercera característica es aquella en que el ocupante hace desaparecer el cuerpo en cualquier “Cementerio de Números”. Del horror de tales prácticas resalta la falta de humanidad del sionismo.

Es el único régimen que ha inventado su propia ley que es contraria a todo Derecho, ley que justifica la desaparición de los cuerpos de aquellos que asesina. Si desde 1948 ya los roba siguiendo la práctica del colonialismo británico, desde 1967 ha hecho desaparecer cientos de cuerpos en fosas comunes y en tumbas sin ninguna identificación, siendo conocida su retención para robarles órganos con los que trafica en el mercado “negro” internacional. Esa es una práctica criminal sionista que ha sido denunciada por Aftonbladet, periódico sueco, el 19 de agosto de 2009, y aclara que forma parte de una red internacional. La Doctora Meira Weis documentó en su libro titulado “Sobre sus cadáveres” el robo de órganos de los Mártires en el Instituto Abu Kabir de Medicina Forense de Tel Aviv. En el libro declara: “Estaban tomando córneas, piel y válvulas cardíacas, y quiero hacer notar que para que las personas no profesionales no puedan prestar atención a la falta de estos órganos, ponen en el lugar de las córneas algo de plástico, y toman la piel de la espalda para que la familia no la vea”.

Como había datos y declaraciones que lo corroboraban, tras la denuncia el régimen ocupante declaró que había dejado de robar los órganos de Mártires Palestinos, pero, tras esa afirmación, lo cierto es que prohíbe que la familia del Mártir pueda hacer autopsias al cuerpo que se le entrega.

Pero téngase presente que la atención puesta en la lucha legal no debe nunca olvidar la organización unitaria de todas las fuerzas Palestinas y las fuerzas de solidaridad con los Mártires y Prisioneros, la unidad hace fuerte a la causa de toda la comunidad.

La lucha por la recuperación de los cuerpos y su importancia simbólica es la lucha contra el colonialismo y su intento de borrar la Historia y con ello la memoria del Pueblo. Hágase un principio de vida de la recuperación de los hijos que han dado la suya por Palestina, ese es el principio político que se encuentra en los cinco sentidos de la Resistencia al ocupante, es un principio Patriótico.

Con todo mi corazón. Con toda mi conciencia. Con toda mi vida: ¡Viva Palestina Libre! ¡Palestina Vencerá!

Ramón Pedregal Casanova es autor de los libros: Gaza 51 días; Palestina. Crónicas de vida y Resistencia; Dietario de Crisis; Belver Yin en la perspectiva de género y Jesús Ferrero; y, Siete Novelas de la Memoria Histórica. Posfacios. Presidente de AMANE. Miembro de la Asociación Europea de Apoyo a los Detenidos Palestinos. Internacionalista e integrante de la Red de Artistas, Intelectuales y Comunicadores Solidarios con Nicaragua y el FSLN.