A nivel global, la inversión mundial en investigación y desarrollo (I+D) creció en un 19% entre 2014 y 2018. El 63% de dicha inversión lo aportan China y EE.UU., las dos mayores economías del mundo. China por sí sola, representa el 44% de ese incremento. Así, el gasto en I+D continúa fuertemente concentrado: el 93% lo aportan los países integrantes del G20.

Según datos de la UNESCO, uno de cada cinco países invierten más del 1% de su PIB en I+D. En América Latina y el Caribe, a excepción de Brasil, ningún país supera ese umbral y, a contramano del mundo, la inversión entre 2015 y 2018 se redujo del 0.69% al 0.62%.

En América Latina, la cantidad de investigadoras/es pasó de menos de un/a investigador/a cada 1000 trabajadoras/es de la población económicamente activa (0.98/1000) en 2013 a un poco más de 1 (1.03/1000) en 2017. Sus científicas/os generalmente publican en temas de agroecología, enfermedades tropicales transmisibles, conocimientos tradicionales, ayuda a los pequeños productores de alimentos, uso sostenible de los ecosistemas terrestres, el estado de la biodiversidad terrestre, la gestión sostenible de la pesca y la acuicultura.

En las políticas de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI), la región ha incorporado “plenamente la noción de que es necesario disponer de un sistema de innovación”. Un amplio número de países opta por elaborar y experimentar en las prácticas políticas autóctonas, en vez de adaptar políticas concebidas en el extranjero. Esas políticas se centran en la innovación social para el desarrollo sostenible e incorporan cada vez más sistemas de conocimiento local, ancestral y originario (decolonización del saber).

Nicaragua no se aleja de este planteamiento. A pesar de las constantes presiones, sanciones y agresiones del gobierno de Estados Unidos, el fallido intento de golpe de estado y los efectos de la pandemia, Nicaragua alcanzó logros de crecimiento económico. En el año 2021, el PIB de Nicaragua estuvo por encima del 9%; en el año 2022, fue la segunda economía con el crecimiento más alto de la región Centroamericana. El 5 de enero de 2023, el Banco Central de Nicaragua publicó que para el tercer trimestre del 2022, el PIB continuó mostrando un desempeño positivo. En el cuarto trimestre de 2022, la actividad económica se mantuvo el desempeño positivo observado desde inicio de año. Así, en ese trimestre, el PIB registró un crecimiento interanual de 2.4% (3.4% en el trimestre anterior). Con dicho resultado, el crecimiento del año se ubicó en un 3.8%, de acuerdo con la estimación preliminar en la serie de datos originales.

A nivel nacional, el presupuesto de ingresos y gastos 2023 contempla un total de US$ 3 mil 46.4 millones de ingresos. Se proyecta un gasto total de US$ 2 mil 915.6 millones, dejando un Superávit de US$130.9 millones disponibles para enfrentar emergencias.

Los gastos son destinados en un 56.3% para gasto social, 13.1% para servicios públicos generales, 11.1% para transporte y comunicación, 9.8% para orden público y seguridad, 3.3% para defensa y 6.4% para otros gastos. Así mismo, el gasto social estará distribuido en 21.7% para educación, 21% para salud, 9% para viviendas y servicios comunitarios, 3.5% para protección social, 1.1% para recreación, cultura y religión.

Dentro de las metas destacadas para el sector educación, se cuenta con un presupuesto de US$633.7 millones, los cuales se invierten en estudiantes, jóvenes y adultos con matricula en alfabetización y primaria o secundaria, estudiantes con matrícula en preescolar, estudiantes con matrícula en educación primaria y secundaria, aulas y ambientes escolares reparados, reemplazados, rehabilitados y nuevos.

Por último, en más de 1.2 millones de estudiantes que reciben merienda escolar. De forma acertada, el Gobierno de Nicaragua destina el presupuesto a las principales necesidades del país, en su lucha constante para seguir venciendo la pobreza. Actualmente la propuesta consiste en poner el acento fundamental en aquellas transformaciones que se requieren en la educación terciaria para garantizar una preparación más completa de nuestra sociedad en el uso intensivo del conocimiento para el desarrollo socio económico de nuestra nación.

En lo que concierne a la ciencia y tecnología se presenta un gran reto, pues es necesario considerar con suma atención y prioridad la realidad en que vivimos. Este es el punto de partida de una visión estratégica que debe ser adaptada a la nueva realidad mundial, poniendo a las Universidades en el “vórtice de la acción”.

Aquí es importante tener en cuenta que países como China, Rusia, Irán y la India son ahora quienes más investigan y desarrollan las tecnologías del futuro y nos abren las puertas para una cooperación mutuamente beneficiosa basada en el respeto y la no intromisión en los asuntos internos de cada Estado. Al igual que los países árabes, China tiene grandes centros financieros mundiales, con capacidad y voluntad de desarrollar mecanismos de cooperación financiera a través de préstamos, inversiones, proyectos y programas mixtos.

Nuestra región latinoamericana está necesitada de ser impulsada hacia un acelerado proceso de producción de la ciencia, tecnología y conocimiento. La Universidad Pública debe ser vista como el principal foco de desarrollo de la ciencia y la tecnología a nivel nacional. También, debe ser considerada como prioridad que los centros de investigación sean equipados con tecnología de última generación para garantizar la calidad, lo cual solo impulsará el desarrollo de la investigación a nivel nacional. Los mecanismos de una cooperación genuina, además de incluir la posibilidad de intercambios para fortalecer las capacidades entre estudiantes, también deben incluir la posibilidad de intercambios temporales con estancias cortas entre investigadores. El estudio de la relación Universidad-Empresa (extensión) es imprescindible en la visión de una nueva Universidad.

El futuro de nuestra patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres y mujeres de ciencia, tiene que ser un futuro de hombres y mujeres de pensamiento. El desarrollo en ciencia y tecnología debe ser vista como una herramienta más para alcanzar los objetivos nacionales fundamentales, para eliminar la pobreza, reducir la dependencia tecnológica, garantizar la soberanía alimentaria y consolidar la autonomía nacional, la Paz y el desarrollo. Todo esto pasa por un proceso permanente de decolonización, donde partimos de lo nuestro, priorizándolo y desarrollándolo, también desde una visión de cooperación genuina respecto a los insumos que nos puedan servir de afuera.