En un pequeño taller familiar, coloridas máscaras de seres fantasmales representativos de los mitos y leyendas nicaragüenses, están siendo elaboradas por las manos de artesanos de Masaya.

Seres y espectros malignos como la Chancha Bruja, el Cadejo, la Mokuana, el Padre sin Cabeza, la Cegua, la Llorona y otros personajes de la mitología nicaragüense revivirán el último viernes de octubre, cuando centenares de masayas desfilen, enmascarados y con atuendos demoníacos, por las calles de la ciudad, asustando y espantando a todos los pobladores que encuentren en el camino.

La fiesta de los agüizotes, como fueron llamados todos esos espantos por nuestros antepasados, se celebra en Masaya anualmente. En ella participan niños, jóvenes y adultos, sobre cuyos hombros descansan cultura y tradición que han heredado de generación en generación, por varios cientos de años.

En vísperas de la celebración de los agüizotes, los pobladores de Masaya se preparan para devolver a la vida a los espectros y asustar o atormentar a hombres y mujeres descarriados.

Abuelos reconocen que fueron asustados por agüizotes

Aunque los agüizotes son seres de la mitología nicaragüense, muchas personas, pero particularmente las mayores, reconocen que en más de una ocasión fueron asustados por los mismos.

Apostados alrededor de un lustrador de zapatos frente a la Iglesia San Jerónimo de Masaya, un grupo de abuelos recuerda que en sus años de juventud fueron perseguidos y asustados por algún agüizote, entre los que reconocen al Cadejo, la Chancha Bruja, La Mona y la Cegua.

“Claro que esos espíritus existen, a mí me asustaron varias veces cuando andaba de vago”, reconoce don Gregorio Rodríguez.

Don Bayardo Martínez, otro de los octogenarios, comentó que en más de una ocasión escuchó el rechinar de la Carreta Nahualt, con todo y sus cadenas.

Además comentaron que supieron de gente que utilizaba oraciones y practicaba hechicería para convertirse en seres malignos como monas o ceguas y recordaron que también escucharon muchas historias de niños que se perdían en los cerros que rodean Masaya, señalando que cuando eso sucedía la gente se lo atribuía a los duendes.

“Ahí por el cementerio vivía una señora que ya murió que se convertía en mona, eso era una cuestión de todas las noches que ella salía convertida en mona y andaba en el caserío, nadie se acercaba ahí”, recuerda don Bayardo.

“A mí me salió una mujer vestida de blanco a las 12 de la noche, yo no le miré la cara. Yo estaba saliendo del taller de mecánica y entrando a la casa, ahí yo la mire y se sentó en una silla mecedora, yo creía que era la que vivía en la casa, pero ya llegando cerca mire que se levantó y yo la seguí, cuando me voy aproximando ya no había nadie y cuando regreso la mecedora se estaba meciendo. Me asusté tanto y a esa hora casi derribo la puerta de mi casa llamando a mi mama”, relató don Edwin García, a quien además le salieron los duendes y el cadejo.

A pesar de esas experiencias, los adultos mayores reconocen que en estos tiempos los jóvenes ya no creen en esa realidad que se vivió durante muchos años; no obstante, resaltan los esfuerzos que muchas personas hacen para mantener viva las tradiciones, los mitos y las leyendas, con la realización de la fiesta de los agüizotes.

Jóvenes mantienen viva tradición de los agüizotes

La tecnología, el cambio de las costumbres y la cultura importada han hecho que en poco tiempo el bagaje cultural heredado de generación en generación se vaya perdiendo, pero ante esa nueva realidad diferentes grupos de jóvenes se mantienen firmes promoviendo la cultura y las tradiciones nicaragüenses.

En Masaya, el grupo del Toro Venado El Malinche, de doña Marta Toribio, se esfuerza para recuperar las tradiciones locales.

El grupo está ensayando bailes, preparando atuendos y máscaras para participar en la fiesta de los agüizotes el próximo viernes 25 de octubre.

Rosa Valitán, una joven de 22 años, comenta que desde hace un año integra el grupo del toro venado.

“Mi personaje es la chancha bruja, este personaje representa una mujer que tenia forma de chancha y que perseguía a los hombres cuando los miraba en las noches que venían de fiesta o de las borracheras”, explica.

“Los hombres decían que era una chancha bruja que los perseguía, para que ellos dejaran de andar de vagos en las calles o tomando licor. Estos son leyendas, mitos. Este cuento me lo contaron mis abuelitos. Pero cada quien tiene una versión de la historia”, agrega Valitán.

La joven resalta que es importante que los jóvenes se involucren en las actividades culturales en rescate de las tradiciones. “Por eso yo participo para que esta tradición permanezca porque es parte de nuestra identidad”, aseguró.

De la misma manera, Hazel García, quien representa a una bruja, comenta que su papel consiste en asustar a los hombres que son infieles en sus matrimonios.

“La bruja se apoderaba de ellos, se enamoraban y cuando ellos andaban tomados ellos decían que miraban a una mujer, que una mujer los seguía, los enamoraba., en eso consiste el personaje de la bruja, en enamorar al hombre que engaña a su esposa”, explica.

García afirma que muchas personas le contaron que los espantos de los agüizotes si existía en los años antepasados y que así se asustaban a los varones.

Respecto a su participación dijo que para ella es un orgullo “porque es un sello de la nacionalidad y es para mantener vivas las costumbres y tradiciones que nos identifican como masayas”.

Por su parte doña Marta Toribio, coordinadora del toro venado el malinche, asegura que los mitos son cosas que se presumen, pero que en parte su esencia, según cuentan las leyendas, eran más que todo para atemorizar a la gente.

Agüizotes son producto de la transculturización que vivieron nuestros indígenas

Danilo Mora, director del centro cultural antiguo mercado de Masaya, explica que agüizotes son los que persiguen u hostigan. “son malos presagios, es lo que ha quedado en la mentalidad o en la memoria histórica del pueblo alrededor del pasado de la cruz, de la espada, del fuego, de la colonización, de la transculturización que vivieron en aquella época nuestros indígenas”.

Según Mora hasta hace unos 50 años se oía decir en Masaya, en los lugares más recónditos de Monimbó, que aparecía la mona, la chancha bruja, el cadejo, el padre sin cabeza u otros espectros.

“Pero lo que verdaderamente existió es lo que de la memoria histórica del pueblo quedó de aquel pasado de la transculturización, de la cultura impuesta en aquella época de la colonización. Todo eso son estampas, mitos y creencias que son parte de nuestra historia y de nuestro quehacer cultural que verdaderamente continúa en la memoria histórica de nuestro pueblo”, aseguró.

Mora también resalta que Masaya que significa monte que arde. “La montaña sagrada es un lugar de ceremonial, un lugar de ritos, de leyendas, un lugar sagrado de celebraciones, era lo más majestuoso e imponente que podía haber y de ahí se derivaban todas esas creencias y ritos”.