La veneración a La Inmaculada Concepción inició en la época colonial con la llegada de los frailes franciscanos a nuestro País. Las dos imágenes más antiguas son la Virgen del Trono del Municipio El Viejo, y “La Conchita de Granada”.

Según la tradición oral, la llegada de la imagen de La Inmaculada Concepción a Nicaragua se remonta a 1562. En ese año don Pedro de Ahumada, hermano de Santa Teresa de Jesús, hizo escala en el puerto de El Realejo debido a una tormenta que le impidió continuar su viaje hacia Perú. Entre las pertenencias que don Pedro traía destacaba una imagen de La Virgen de la Concepción. Diversos sucesos climáticos hicieron que don Pedro no pudiera partir hacia su destino final, interpretándolo como deseo de la Virgen de quedarse en suelo nicaragüense, donando la imagen al pueblo de El Viejo.

La Inmaculada Concepción de Granada, llamada “La Conchita”, se dice que era la que presidía el altar de la Capilla del Castillo de la Inmaculada Concepción, en Río San Juan. En un ataque pirata, para salvarla de la destrucción introdujeron la imagen en una caja de madera, que remontó contra corriente el río hasta llegar flotando a las costas de la ciudad de Granada. Una mañana del año 1721, a las lavanderas de la costa del Lago Cocibolca les llamó la atención un bulto que se veía sobre las olas, cuando se acercaban al bulto éste se alejaba. Ante eso llamaron a los frailes del Convento de San Francisco. Los frailes se introdujeron en el agua y ante la admiración de la muchedumbre el cajón se dejó agarrar de los frailes. Al abrirlo encontraron la imagen de La Concepción que hoy está en la Catedral de Granada.

Durante el S. XVIII los frailes franciscanos de la Iglesia y Convento de San Francisco de Asís de la ciudad de León rezaban la Novena en honor a la Inmaculada Concepción de María. Los frailes regalaban dulces, frutas y frescos a los devotos durante los rezos en honor a La Virgen.

Pronto la concurrencia fue tan grande que los religiosos instaron a los asistentes que celebraran a La Virgen en sus casas; para esto repartieron novenas y estatuitas de la Virgen y animaron a la población a elaborar altares con flores de Sardinillo y Jalacate.

Para reanimar la devoción a la Inmaculada Concepción después de la Guerra Nacional, en 1857 Monseñor Giordiano Carranza, párroco de la Iglesia San Felipe en León, alentó a la población a dedicar sus propios altares, rezar y cantar casa por casa a La Virgen, dando origen así a La Gritería, como la conocemos hoy. Con el paso del tiempo se extendió esta tradición por todo el País.

Desde entonces, a las 6:00 pm de cada 7 de Diciembre, familias enteras o grupos de amigos de todas las edades se encaminan hacia las distintas Purísimas (altares en honor a la Virgen María) ubicados en casas y parroquias a lo largo y ancho de nuestras ciudades, con el grito: “¿Quién Causa Tanta Alegría?, ¡La Concepción de María!”, para cantarle a la Virgen con mucho fervor y recibir su “Gorra” o “Brindis”. Los fuegos artificiales marcan el inicio y finalización de esta celebración desde las seis de la tarde hasta las doce de la media noche.

La “gorra” está conformada por artesanías, comidas, frutas, dulces y bebidas que enaltecen los oficios y saberes tradicionales de nuestro Pueblo, y son el deleite de las fiestas decembrinas de Nicaragua y de cada País donde se encuentra un nicaragüense, que con devoción y algarabía celebra nuestra Cultura y Tradición.