En el Kilómetro 77 carretera Panamericana, comunidad Las Calabazas, Ciudad Darío, Matagalpa, se encuentra la Tabacalera Santiago de Nicaragua S.A., una empresa que se dedica al cultivo de Ají dulce cachucha o conocido en Nicaragua como chile cabro.
Sus propietarios, Francisco Santiago Fu, de ascendencia cubano-chino y la nicaragüense Karla Flores de Fu, mostraron a El 19 Digital parte del trabajo que realizan a diario para poder exportar a Estados Unidos un producto de alta calidad con los estándares internacionales.
Además del ají dulce cachucha en esta empresa familiar también se dedican a la siembra de elotes amarillos. Su destino es el mercado nacional.

"Nosotros comenzamos a trabajar estas tierras para el tabaco, pero como verá el tabaco es muy competitivo en el que nosotros estábamos desde hace 20 años y entonces decidimos cambiar y producir alimento y esa es la razón por la que estamos produciendo ají dulce cachucha, maíz amarillo dulce y también tenemos un proyecto de fruta pan", comentó el gerente propietario Fu.
"De chiltoma estamos enviando alrededor de dos toneladas semanales, pero la meta es exportar de 8 a 10 toneladas semanales", siguió explicando.
Los ají dulces cachucha están bajo un sistema controlado de invernadero. En Estados Unidos tienen un acuerdo con la marca Goya, supermercados y próximamente estará este producto en Walmart Estados Unidos.

Para lograr llegar hasta este importante mercado han tenido que cumplir con requerimientos otorgados por el Instituto de Protección y Sanidad Agropecuaria (Ipsa) y el certificado de la FDA de Estados Unidos, agencia que regula alimentos, medicamentos y bebidas.
Según declaró Francisco Santiago "Nicaragua es un nicho de oportunidades en negocios", por lo que seguirán apostando por las tierras nicaragüenses y la mano de obra local.
En maíz cosechan 3 manzanas semanales. "Salen alrededor de unos 100 mil elotes semanales", dijo Francisco.
Esta empresa trabaja con paneles solares, asimismo, han implementado una área de lavandería donde los trabajadores y trabajadoras lavan la ropa después de su jornada laboral, una idea que garantiza mayor compromiso con la salud del personal y espacios higiénicamente controlados para preservar la inocuidad del producto.



























