Las mujeres, en particular las del Tercer Mundo, a menudo se encuentran con una capacidad limitada para participar en las organizaciones comunitarias y en la vida política, debido a la servidumbre que les impone la pobreza y su rol sexual tradicional. Sobre ellas recae la responsabilidad exclusiva del cuidado de sus hijos y demás familiares, especialmente cuando están enfermos; mantienen el hogar, cocinan las comidas, lavan los platos, la ropa, bañan a los niños, limpian la casa, remiendan la ropa. Este trabajo se convierte en trabajo manual interminable cuando los hogares no tienen electricidad (sin luz, sin refrigerador, sin dispositivos eléctricos que ahorran trabajo) y sin agua potable en la casa. La carga de este trabajo impide la participación social, la autoexpectativa y la educación de la población femenina.

Las mujeres en el Tercer Mundo (y cada vez más en el Primer Mundo imperial) enfrentan problemas de violencia en el hogar y en público, problemas de comida y agua para la familia, de vivienda adecuada y falta de atención médica para la familia, y su propia falta de acceso a la educación y por tanto, a las oportunidades de trabajo.

En Nicaragua, antes de la revolución sandinista de 1979, los hombres generalmente asumían pocas obligaciones para con sus hijos; a menudo abandonaban a la familia, dejando el cuidado a las mujeres. No era raro escuchar los abusos que los hombres infligían a las mujeres, ver mujeres corriendo donde un vecino en busca de refugio. No era raro encontrar niños huérfanos cuyas madres morían en el parto, ya que la mortalidad materna era alta. Las enfermedades comunes se agravaban porque había pocos hospitales y si los había se exigía el pago al contado.

Después de la victoria sandinista de 1979, las condiciones de vida de las mujeres mejoraron significativamente, logros que el período de gobierno neoliberal (1990-2006) no logró anular por completo. A lo largo del segundo período sandinista (2007-hasta hoy día), la situación material y social de la mujer volvió a dar pasos agigantados.

El mayor avance lo han tenido las mujeres pobres de las zonas rurales y barrios, históricamente sin seguridad, electricidad, agua y servicios sanitarios, atención médica o caminos pavimentados. La liberación alcanzada por las mujeres durante la era sandinista no se puede medir sólo por criterios que se aplican en América del Norte (igual salario por igual trabajo, derecho al aborto, derecho a cuidado infantil asequible, libertad contra la discriminación sexual).

La liberación de la mujer en los países del Tercer Mundo implica asuntos que pueden no parecer en la superficie, como cuestiones de derechos de la mujer. Estos incluyen pavimentación de caminos, mejoramiento de viviendas, legalización de la tenencia de la tierra, programas de alimentación escolar, nuevas clínicas y hospitales, electrificación, plomería, campañas de alfabetización, agua potable, programas de ayuda a los campesinos y programas de reducción del crimen.

Debido a que la mitad de las familias nicaragüenses están encabezadas por madres solteras, este desarrollo de infraestructura promueve la liberación y el bienestar de las mujeres. Los programas gubernamentales que directa o indirectamente acortan las horas de trabajo pesado en el hogar, liberan a las mujeres para que puedan tener mayor participación en la vida comunitaria y aumentan su confianza en sí mismas y su liderazgo. Un país no puede tener mayor logro democrático que la participación plena e igualitaria de las mujeres.

Liberación de las mujeres impulsada con los programas Hambre Cero y Usura Cero del FSLN

Estos programas, iniciados en 2007, elevan la posición socioeconómica de las mujeres. Hambre Cero proporciona cerdos, una vaca preñada, pollos, plantas, semillas, fertilizantes y materiales de construcción a mujeres en áreas rurales para diversificar su producción, mejorar la dieta familiar y fortalecer las economías domésticas dirigidas por mujeres. Los insumos agrícolas se ponen a nombre de la mujer, equipando a las mujeres para que se conviertan en productoras más autosuficientes; dándoles control y seguridad sobre los alimentos para sus hijos. Esto rompe la dependencia histórica de las mujeres de los hombres como sostén de la familia y fomenta su confianza en sí mismas. El programa ha ayudado a 275.000 familias pobres, más de un millón de personas (de un total de 6,6 millones de nicaragüenses) y ha aumentado tanto su propia seguridad alimentaria como la soberanía alimentaria del país.

Nicaragua ahora produce cerca del 90% de sus propios alimentos y la mayoría proviene de pequeños y medianos agricultores, muchos de ellos mujeres. Como señaló correctamente Fausto Torrez de la Asociación de Trabajadores del Campo de Nicaragua (ATC), “una nación que no puede alimentarse a sí misma no es libre”.

El programa Usura Cero es un mecanismo de microcrédito que cobra 0,5% de interés anual, no el promedio mundial de microcrédito del 35%. Más de 445.000 mujeres han recibido estos préstamos a bajo interés, generalmente tres préstamos cada una. El programa no sólo empodera a las mujeres, sino es un factor clave para reducir la pobreza, abrir fuentes de talento e impulsar un crecimiento diversificado y sostenible. Muchas mujeres que reciben préstamos han convertido sus negocios en cooperativas, proporcionando trabajo a otras mujeres. Desde 2007, se han formado alrededor de 5900 cooperativas, de las cuales 300 son cooperativas de mujeres.

La pobreza se ha reducido del 48% en 2007 al 25% y la pobreza extrema del 17,5% al 7%. Esto benefició en particular a las mujeres, ya que los hogares de madres solteras eran las que más sufrían el flagelo de la pobreza. Los programas Hambre Cero y Usura Cero han disminuido la violencia doméstica tradicional, dado que las mujeres en situación de pobreza sufren mayor riesgo de violencia y abuso.

Dotar a las mujeres de títulos de propiedad es un paso hacia la liberación de la mujer

Dado la mayoría de los nicaragüenses viven de la agricultura a pequeña escala o de pequeños negocios, poseer el título de propiedad legal es una preocupación importante. Entre 2007 y 2021, el gobierno del FSLN ha entregado 451.250 títulos de propiedad en el campo y la ciudad, siendo las mujeres el 55% de los propietarios beneficiados. Proporcionar a las mujeres el título legal de su propia tierra fue un gran paso hacia su independencia económica.

Los programas de infraestructura amplían la libertad de las mujeres

El gobierno sandinista financió la construcción o renovación de 290.000 viviendas desde 2007, de forma gratuita para las personas en extrema pobreza, o con préstamos a largo plazo sin intereses para otras familias. Esto ayudó a más de un millón de nicaragüenses, en particular a las madres solteras, que encabezan la mitad de todas las familias nicaragüenses.

En 2006 sólo el 65% de la población urbana contaba con agua potable; ahora el 92% lo tiene. El acceso a agua potable en las zonas rurales se ha duplicado, del 28% al 55%. Esto libera a las mujeres de la ardua caminata diaria al pozo del pueblo para llevar baldes de agua a casa para cocinar cada comida, lavar los platos y la ropa y bañar a los niños. Los hogares conectados a sistemas de eliminación de aguas residuales han crecido del 30% en 2007 al 57% en 2021.

Ahora el 99% de la población tiene electricidad en comparación con el 54% en 2006. Como sabemos por los apagones eléctricos, la electricidad libera significativamente nuestras vidas de tareas que consumen mucho tiempo. El alumbrado público se ha más que duplicado, aumentando la seguridad para todos. La electricidad doméstica confiable permite el uso de dispositivos eléctricos que ahorran trabajo, como el refrigerador y la plancha eléctrica.

Hoy, internet de alta velocidad conecta y une a la mayor parte del país, reduciendo el aislamiento de las personas y la falta de acceso a la información. Prácticamente todo el mundo tiene un teléfono celular y ahora hay Internet gratis disponible en muchos parques públicos.

El sistema vial de Nicaragua se encuentra entre los mejores de América Latina y el Caribe, ya que se han construido más carreteras en los últimos 15 años, que las que se construyeron en los doscientos años anteriores. Las ciudades periféricas ahora están conectadas a la red nacional. Las mujeres de las zonas rurales pueden viajar a otros lugares para trabajar, vender sus productos en los mercados cercanos, asistir a eventos en otros pueblos y llevarse a sí mismas o a sus hijos al hospital. Esto contribuye a la lucha contra la pobreza y la lucha por la liberación de la mujer.

Mejores carreteras y viviendas, acceso casi universal a electricidad e Internet, así como plomería interior alivian en gran medida las cargas que pesan sobre las mujeres amas de casa y les ofrecen mayor libertad para participar en el mundo en que viven.

El Sistema Educativo Sandinista Emancipa a la Mujer

El carácter humanitario de los gobiernos del FSLN, frente al desprecio de los anteriores regímenes neoliberales, se observa en las estadísticas sobre analfabetismo. Cuando triunfó la revolución en 1979, el analfabetismo superaba el 56%. En diez años se redujo al 12%. Sin embargo, al final del período neoliberal de 16 años en 2006, que desmanteló el sistema de educación gratuita, el analfabetismo había aumentado nuevamente al 23%. Hoy el gobierno del FSLN ha reducido el analfabetismo a menos del 4%.

Bajo el FSLN la educación es completamente gratuita, eliminando las cuotas escolares exigidas por el Fondo Monetario Internacional durante el período neoliberal. Esto, combinado con los programas de ayuda para mujeres pobres, ha permitido que 100.000 niños regresen a la escuela. El gobierno inició un programa de alimentación escolar, una comida nutritiva para 1,5 millones de niños en edad escolar y preescolar todos los días. Los alumnos de preescolar, primaria y secundaria reciben mochilas, anteojos cuando los necesitan y los alumnos de escasos recursos reciben uniformes sin costo alguno. Hoy en día, una proporción mucho mayor de niños puede asistir a la escuela, lo que brinda más oportunidades para que las madres trabajen fuera del hogar.

Nicaragua ha establecido un sistema de guardería gratuito a nivel nacional, que ahora cuenta con 265 centros. Las madres pueden llevar a sus hijos pequeños a la guardería, liberándolas de otro de los principales obstáculos para ingresar a la fuerza laboral. Los niños reciben desayuno, almuerzo y dos meriendas durante el día en estos centros de desarrollo infantil.

Gracias al sistema médico gratuito, los programas Hambre Cero, Usura Cero y otros, la desnutrición crónica en niños menores de cinco años se ha reducido a la mitad y la desnutrición crónica en niños de seis a doce años se ha reducido en dos tercios. Ahora es raro ver niños con desnutrición visible, lo que elimina otra preocupación de las madres.

Las escuelas y los negocios nunca cerraron durante la pandemia de Covid, y el sistema de salud de Nicaragua ha estado entre los más exitosos del mundo en el manejo de esta pandemia. El país tiene el número más bajo de muertes por Covid por millón de habitantes entre todos los países de las Américas.

Nicaragua también ha construido un sistema de parques, juegos infantiles y otras actividades de recreación gratuita donde las madres pueden llevar a sus hijos.

En todo el sistema escolar, el Ministerio de Educación promueve una cultura de igualdad de derechos y no discriminación. Ha implementado la nueva asignatura “Derechos y Dignidad de la Mujer”, que enseña a los estudiantes sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de acoso y abuso y las injusticias del sistema patriarcal. Se lanzaron campañas para promover la participación tanto de mamá como de papá en la educación de los hijos, resaltando que asistir a las reuniones o presentaciones escolares es responsabilidad compartida de ambos padres.

Sistema de Salud Gratuito Sandinista libera a las mujeres

En marcado contraste con los años neoliberales en Nicaragua, con la destrucción del sistema médico, en contraste con otros países centroamericanos y los Estados Unidos con su atención médica privatizada con fines de lucro, los sandinistas han establecido una atención médica pública preventiva, gratuita y basada en la comunidad. En consecuencia, la esperanza de vida ha aumentado de 72 años en 2006 a 77 años en la actualidad, igualando el nivel de Estados Unidos.

Las unidades de salud del país suman más de 1700, incluyendo 1259 puestos de salud y 192 centros de salud, un tercio construido desde 2007. El país cuenta con 80 hospitales, 22 de ellos construidos en los últimos años y 46 hospitales remodelados y modernizados. Nicaragua pone a disposición 178 casas maternas cercanas a centros médicos para futuras madres con embarazos de alto riesgo o provenientes de zonas rurales, donde pueden permanecer durante las últimas semanas de embarazo.

Estados Unidos es el país más rico de América, mientras que Nicaragua es el tercero más pobre. Sin embargo, en Estados Unidos desde 2010, más de 100 hospitales rurales han cerrado y menos del 50 % de las mujeres rurales tienen acceso a servicios perinatales dentro de un radio de 30 millas desde su hogar. Esto ha afectado de manera desproporcionada a las mujeres de bajos ingresos, en particular a las mujeres negras y latinas.

Nicaragua ha equipado 66 clínicas móviles, que brindaron casi 1,9 millones de consultas en 2020. Estas incluyen exámenes de detección de cáncer de cuello uterino y de mama, lo que ayudó a reducir la tasa de mortalidad por cáncer de cuello uterino en 34 % desde 2007. El número de mujeres que realizan la prueba papanicolaou aumentó de 181,491 en 2007 a 880,907 en 2020.

En la era pre-sandinista, una cuarta parte de las mujeres embarazadas daban a luz en casa, sin asistencia médica. Había pocos hospitales y las mujeres embarazadas a menudo tenían que recorrer caminos de tierra en mal estado para llegar a una clínica u hospital. Ahora las mujeres no necesitan preocuparse por llegar a un hospital distante durante la labor de parto, porque pueden permanecer en una casa materna local durante las últimas dos semanas de sus embarazos y ser supervisadas por médicos. En 2020, 67,222 mujeres embarazadas se alojaron en alguno de estos hogares y pudieron estar acompañadas por sus madres o hermanas. Como resultado, el 99% de los nacimientos hoy son en centros médicos y la mortalidad materna cayó de 115 muertes por cada 100.000 nacimientos en 2006 a 36 en 2020. Son pasos de gigante en la liberación de la mujer.

Contrariamente a la indiferencia hacia las mujeres en Estados Unidos, las madres nicaragüenses reciben un mes sin trabajar antes de que nazca su bebé y dos meses después del parto; incluso los hombres tienen quince días de descanso cuando nace su bebé. Las madres también reciben leche gratis durante 6 meses, aunque la mayoría de las mujeres amamantan al menos durante los primeros seis meses. Los hombres y las mujeres tienen cinco días de descanso cuando se casan.

La cuestión del derecho al aborto

La ley que declara ilegal el aborto, eliminando la excepción de “vida y salud de la madre”, fue aprobada en la Asamblea Nacional en el 2006 durante la presidencia de Bolaños. También hubo una campaña bien organizada y financiada por católicos y evangélicos en toda América Latina, así como grandes marchas en Nicaragua durante los dos años anteriores a favor de esta ley. La ley, apoyada por el 80% de la población, fue propuesta inmediatamente antes de las elecciones presidenciales como una estrategia de Bolaños para obtener votos. Los sandinistas eran minoría en la Asamblea Nacional en ese momento y los legisladores del FSLN fueron liberados de la disciplina partidaria para la votación. La mayoría se abstuvo, mientras varios votaron a favor. La ley nunca ha sido implementada o rescindida.

Desde el regreso al poder de los sandinistas en 2007, ninguna mujer ni profesional de la salud gubernamental o privada ha sido procesada por cualquier acción relacionada con el aborto. Cualquier mujer cuya vida está en peligro recibe un aborto en los centros de salud u hospitales públicos. Existen muchos lugares para que las mujeres aborten; ninguno ha sido cerrado ni atacado, ni es clandestino. La píldora del día después y los servicios anticonceptivos están ampliamente disponibles.

Medidas sandinistas para liberar a las mujeres de la violencia

Nicaragua ha creado 102 Comisarías de la Mujer, unidades especiales que incluyen la protección de mujeres y niños de la violencia y el abuso sexual e intrafamiliar. Ahora las mujeres pueden hablar con mujeres policías sobre delitos cometidos en su contra, ya sea abuso o violación, lo que facilita y hace más cómodo para las mujeres presentar denuncias, recibir asesoramiento sobre traumas y garantizar que los delitos violentos contra las mujeres sean procesados de manera exhaustiva y oportuna.

Las mujeres constituyen el 34,3% de los 16.399 agentes de la Policía Nacional, una cifra elevada para un Departamento de Policía. Por ejemplo, la Policía de la ciudad de Nueva York y Los Ángeles está compuesta en un 18 % por mujeres y en Chicago un 23 %.

Naciones Unidas destaca a Nicaragua como el país más seguro de Centroamérica, con la tasa de homicidios más baja, 7,2 por 100.000 (frente a 13,4 en 2006), menos de la mitad del promedio regional de 19. También tiene la tasa de feminicidios más baja de Centroamérica (0,7 por 100.000), una prueba más del compromiso sandinista de acabar con el maltrato a la mujer. El gobierno organiza asambleas ciudadanas de seguridad para crear conciencia sobre la violencia contra las mujeres y para manejar las vulnerabilidades que enfrentan las mujeres en la familia y la comunidad. El Ministerio de la Familia realiza visitas casa por casa para incidir en la prevención de la violencia contra la mujer y el abuso sexual infantil.

Nicaragua es el país más exitoso en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado de la región centroamericana, liberando a las mujeres de la inseguridad que las azota en lugares como Ciudad Juárez en México.

Liderazgo de la Mujer en el Gobierno de Nicaragua

Los avances de las mujeres durante la segunda etapa del FSLN se reflejan en su participación en el gobierno. La Dirección Nacional del FSLN de la década de 1980 no tenía mujeres. En 2007, el segundo gobierno sandinista ordenó la representación equitativa de las mujeres, asegurando que al menos 50% de los cargos públicos fueran ocupados por mujeres, desde el nivel municipal, regional, hasta el nacional. Hoy, 9 de los 16 ministros del gabinete del gobierno nacional son mujeres. Las mujeres encabezan el Consejo Supremo Electoral, la Corte Suprema de Justicia, la Procuraduría General, el Ministerio Público y representan el 60% de los jueces. Las mujeres constituyen la mitad de la Asamblea Nacional, de los alcaldes, vicealcaldes y de los concejales municipales. Estas mujeres en altos cargos públicos, son modelo que inspira a las mujeres y niñas a participar en la construcción de una nueva sociedad con relaciones respetuosas y más humanas.

No hay mayor victoria democrática que la liberación de la mujer

El avance logrado en la liberación de la mujer se ve en el Índice Global de Brecha de Género. En 2007, Nicaragua ocupó el puesto 90 en el índice, pero para 2020 saltó al quinto lugar, solo detrás de Islandia, Noruega, Finlandia y Suecia.

Nicaragua es uno de los países que más ha logrado liberar a las mujeres del trabajo doméstico y la esclavitud doméstica debido a sus políticas que favorecen la participación social y política y el progreso económico de las mujeres pobres. Las mujeres han obtenido Comisarías de la Mujer, el reconocimiento legal de su propiedad, nuevos hogares para mujeres maltratadas y para madres solteras pobres, programas económicos que empoderan a las mujeres más pobres. El aborto no está penalizado en la práctica; la mitad de todos los candidatos políticos y titulares de cargos públicos son mujeres; la pobreza extrema se ha reducido a más de la mitad; el trabajo doméstico se ha reducido considerablemente debido a la modernización de la infraestructura nacional; las mujeres cuentan con atención médica accesible y gratuita. En su lucha por la liberación, las mujeres nicaragüenses se están volviendo cada vez más autosuficientes y confiadas para hacer valer sus derechos humanos descuidados durante mucho tiempo. Están revolucionando su autoimagen colectiva y asegurando su papel central en la construcción de una nueva sociedad. Esto fortalece la situación de la clase obrera y los campesinos en su conjunto, al mejorar la calidad de vida de todos y todas, siendo un arma vital para combatir la guerra económica estadounidense. Como observó Lenín, “La experiencia de todos los movimientos de liberación ha demostrado que el éxito de una revolución depende de cuánto participan las mujeres en ella”. Nicaragua es un ejemplo vivo, de que un mundo nuevo es posible.

* Stan Smith estuvo en delegaciones a Nicaragua en febrero de 2020 y octubre de 2021. Es editor de “Venezuela & ALBA Weekly News” de Stan Smith estuvo en delegaciones a Nicaragua en febrero de 2020 y octubre de 2021. Es editor de “Venezuela & ALBA Weekly News” de Alliance for Global Justice.

 

ENGLISH VERSION

The Gains of Nicaraguan Women during the Second Sandinista Government

Women, particularly those in the Third World, often find themselves with limited ability to participate in community organizations and political life because of the bondage poverty and their traditional sex role imposes on them. On them falls sole responsibility to care for their children and other family members, especially when sick; they maintain the home, cook the meals, wash the dishes, the clothes, bathe the children, clean the house, mend the clothes. This labor becomes unending manual labor when households have no electricity (consequently, no lights, no refrigerator, no labor-saving electrical devices), and no running water. The burden of this work impedes the social participation, self-expectations, and education of the female population.

Women in the Third World (and increasingly in the imperial First World) face problems of violence at home and in public, problems of food and water for the family, of proper shelter, and lack of health care for the family, and their own lack of access to education and thus work opportunities.

In Nicaragua, before the 1979 Sandinista revolution, men typically fulfilled few obligations for their children; men often abandoned the family, leaving the care to women. It was not uncommon to hear the abuse that men inflicted on women, to see women running to a neighbor for refuge. It was not uncommon to encounter orphaned children whose mothers died in childbirth, since maternal mortality was high. Common illnesses were aggravated because there were few hospitals and if there were, cash payment was demanded.

After the 1979 Sandinista victory, living conditions for women drastically improved, achievements the period of neoliberal rule (1990-2006) did not completely overturn. Throughout the second Sandinista period (2007- today), the material and social position of women again made giant steps forward.

The greatest advance has been made by poor women in the rural areas and barrios, historically without safety, electricity, water and sanitation services, health care, or paved roads. The liberation women have attained during the Sandinista era cannot be measured only by what we apply in North America: equal pay for equal work, the right to abortion, the right to affordable childcare, freedom from sexual discrimination. Women’s liberation in Third World countries involves matters that may not appear on the surface as women’s rights issues. These include the paving of roads, improving housing, legalized land tenure, school meal programs, new clinics and hospitals, electrification, plumbing, literacy campaigns, potable water, aid programs to campesinos, and crime reduction programs. 

Because half of Nicaraguan families are headed by single mothers, this infrastructure development promotes the liberation and well-being of women. Government programs that directly or indirectly shorten the hours of household drudgery free women to participate more in community life and increases their self-confidence and leadership. A country can have no greater democratic achievement than bringing about full and equal participation of women.

Women’s Liberation Boosted with the FSLN’s Zero Hunger and Zero Usury programs

These programs, launched in 2007, raise the socio-economic position of women. Zero Hunger furnishes pigs, a pregnant cow, chickens, plants, seeds, fertilizers, and building materials to women in rural areas to diversify their production, upgrade the family diet, and strengthen women-run household economies. The agricultural assets provided are put in the woman’s name, equipping women to become more self-sufficient producers; it gives them more direct control and security over food for their children. This breaks women’s historic dependency on male breadwinners and encourages their self-confidence. The program has aided 275,000 poor families, over one million people (of a total of 6.6 million Nicaraguans), and has increased both their own food security and the nation’s food sovereignty.

Nicaragua now produces close to 90% of its own food, with most coming from small and medium farmers, many of them women. As Fausto Torrez of the Nicaraguan Rural Workers Association (ATC) correctly noted, “A nation that cannot feed itself is not free.” 

The Zero Usury program is a microcredit mechanism that now charges 0.5% annual interest, not the world microcredit average of 35%. Over 445,000 women have received these low interest loans, typically three loans each. The program not only empowers women but is a key factor reducing poverty, unlocking pools of talent, and driving diversified and sustainable growth. Many women receiving loans have turned their businesses into cooperatives, providing jobs to other women. Since 2007, about 5,900 cooperatives have formed, with 300 being women’s cooperatives.

Poverty has been reduced from 48% in 2007 to 25% and extreme poverty from 17.5% to 7%. This benefited women in particular, since single mother households suffered more from poverty. The Zero Hunger and Zero Usury programs have lessened the traditional domestic violence, given that women in poverty suffer greater risk of violence and abuse than others.

Giving Women Titles to Property Is a Step towards Women’s Liberation

Since most Nicaraguans live by small-scale farming or by small business, possessing the title of legal ownership is a major concern. Between 2007 and 2021, the FSLN government has given out 451,250 land titles in the countryside and the city, with women making up 55% of the property-owners who benefited. Providing women with the legal title to their own land was a great step towards their economic independence.

Infrastructure Programs Expand Women’s Freedom

The Sandinista government funded the building or renovation of 290,000 homes since 2007, free of charge for those in extreme poverty, or with interest free long-term loans for other families. This aided over one million Nicaraguans, particularly single mothers, who head half of all Nicaraguan families. 

In 2006 only 65% of the urban population had potable drinking water; now 92% do. Access to potable water in rural areas has doubled, from 28% to 55%. This frees women from the toilsome daily walk to the village well to carry buckets of water home to cook every meal, wash the dishes and clothes, and bathe the children. Homes connected to sewage disposal systems have grown from 30% in 2007 to 57% in 2021.

Now 99% of the population has electricity compared to 54% in 2006. As we know from experiencing electrical blackouts, electricity significantly frees our lives from time-consuming tasks. Street lighting has more than doubled, increasing security for all. Reliable home electricity enables the use of electrical labor-saving devices, such as the refrigerator and electric iron.  

Today, high speed internet connects and unites most of the country, reducing people’s isolation and lack of access to information. Virtually everyone has a cell phone, and free internet is now available in many public parks.

Nicaragua’s road system is among the best in Latin America and the Caribbean, given it has built more roads in the last 15 years than were built in the previous two hundred. Outlying towns are now connected to the national network. Women in rural areas can travel elsewhere to work, sell their products in nearby markets, attend events in other towns, and take themselves or their children to the hospital. This contributes to the fight against poverty and the fight for women’s liberation.

Better roads and housing, almost universal electrical and internet access, as well as indoor plumbing greatly lightens the burdens placed on women homemakers and provide them with greater freedom to participate in the world they live in.

The Sandinista Educational System Emancipates Women

The humanitarian nature of the FSLN governments, as opposed to the disregard by previous neoliberal regimes, is revealed by statistics on illiteracy. When the FSLN revolution triumphed in 1979,  illiteracy topped 56%. Within ten years they reduced it to 12%. Yet by the end of the 16-year neoliberal period in 2006, which dismantled the free education system, illiteracy had again risen to 23%. Today the FSLN government has cut illiteracy to under 4%. 

The FSLN made education completely free, eliminating school fees mandated by the IMF during the neoliberal period. This, combined with the aid programs for poor women, has allowed 100,000 children to return to school. The government began a school meal program, a meal of beans and rice to 1.5 million school and pre-school children every day. Preschool, primary and secondary students are supplied with backpacks, glasses when needed, and low-income students receive uniforms at no cost. Now a much higher proportion of children are able to attend school, which provides more opportunities for mothers to work outside the home. 

Nicaragua has established a nationwide free day care system, now numbering 265 centers. Mothers can take their young children to day care, freeing them from another of the major hurdles to entering the workforce. Children receive breakfast, lunch and two snacks during the day in these child development centers.

Due to the vastly expanded and free medical system, the Zero Hunger, Zero Usury and other programs, chronic malnutrition in children under five has been cut in half, with chronic malnutrition in children six to twelve cut by two-thirds. Now it is rare to see kids with visible malnutrition, removing another preoccupation off mothers. 

Schools and businesses never closed during the covid pandemic, and Nicaragua’s health system has been among the most successful in the world addressing covid. The country has the lowest number of covid deaths per million inhabitants among all the countries of the Americas. 

Nicaragua has also built a system of parks, playgrounds, and other free recreation where mothers can take their children.

Throughout the school system, the Ministry of Education promotes a culture of equal rights and non-discrimination. It has implemented the new subject "Women's Rights and Dignities," which teaches students about women’s right to a life without harassment and abuse and the injustices of the patriarchal system. Campaigns were launched to promote the participation of both mom and dad in a child’s education, such as emphasizing that attending school meetings or performances are shared responsibilities of both parents.

Sandinista Free Health Care System Liberates women 

In stark contrast to Nicaragua’s neoliberal years, with its destruction of the medical system, in contrast to other Central American countries and the United States with their privatized health care for profit, the Sandinistas have established community-based, free, preventive public health care. Accordingly, life expectancy has risen from 72 years in 2006 to 77 years today, now equal to the US level. 

Health care units number over 1700, including 1,259 health posts and 192 health centers, with one third built since 2007. The country has 80 hospitals, 22 of them built in recent years, and 46 hospitals remodeled and modernized. Nicaragua provides 178 maternity homes near medical centers for expectant mothers with high-risk pregnancies or from rural areas to stay during the last weeks of pregnancy.

The United States is the richest country in the Americas, while Nicaragua is the third poorest. Yet in the US since 2010, over 100 rural hospitals have closed, and fewer than 50% of rural women have access to perinatal services within a 30-mile drive from their home. This has disproportionately affected low-income, particularly Black and Latino women.

Nicaragua has equipped 66 mobile clinics, which gave nearly 1.9 million consultations in 2020. These include cervical and breast cancer screenings, helping to cut the cervical cancer mortality rate by 34% since 2007. The number of women receiving Pap tests has increased from 181,491 in 2007 to 880,907 in 2020.

In the pre-Sandinista era, a fourth of pregnant women gave birth at home, with no doctor. There were few hospitals and pregnant women often had to travel rough dirt roads to reach a clinic or hospital. Now women need not worry about reaching a distant hospital while in labor because they can reside in a local maternity home for the last two weeks of their pregnancies and be monitored by doctors. In 2020, 67,222 pregnant women roomed in one of these homes, and could be accompanied by their mothers or sisters. As a result, 99% of births today are in medical centers, and maternal mortality fell from 115 deaths per 100,000 births in 2006 to 36 in 2020. These are giant steps forward in the liberation of women.

Contrary to the indifference to women in the US, Nicaraguan mothers receive one month off work before their baby is born, and two months off after; even men get five days off work when their baby is born. Mothers also receive free milk for 6 months, although most women breast feed for at least the first six months. Men and women get five days off work when they marry.

The Question of Abortion Rights

The law making abortion illegal, removing the “life and health of the mother” exception, was passed in the National Assembly under President Bolaños in 2006. There had been a well-organized and funded campaign by Catholics and Evangelicals all over Latin America as well as large marches over the previous two years in Nicaragua in favor of this law. The law, supported by 80% of the people, was proposed immediately before the presidential election as a vote-getting ploy by Bolaños. The Sandinistas were a minority in the National Assembly at the time, and the FSLN legislators were released from party discipline for the vote. The majority abstained, while several voted in favor. The law has never been implemented or rescinded.

Since the return to power of the Sandinistas in 2007 no woman nor governmental or private health professional has ever been prosecuted for any action related to abortion. Any woman whose life is in danger receives an abortion in government health centers or hospitals. Many places exist for women to get abortions; none have been closed nor attacked, nor are clandestine. The morning after pill and contraceptive services are widely available.

Sandinista Measures to Free Women from Violence 

Nicaragua has created 102 women’s police stations, special units that include protecting women and children from sexual and domestic violence and abuse. Now women can talk to female police officers about crimes committed against them, whether it be abuse or rape, making it easier and more comfortable for women to file complaints, receive counseling for trauma, and ensure that violent crimes against women are prosecuted in a thorough and timely manner. 

Women make up 34.3% of the 16,399 National Police officers, a high number for a police department. For instance, New York City and Los Angeles police are 18% women and Chicago is 23%.  

The United Nations finds Nicaragua the safest country in Central America, with the lowest homicide rate, 7.2 per 100,000 (down from 13.4 in 2006), less than half the regional average of 19. It also has the lowest rate of femicides in Central America (0.7 per 100,000), one more testament to the Sandinista commitment to ending mistreatment of women.  The government organizes citizens’ security assemblies to raise consciousness concerning violence against women and to handle the vulnerabilities women face in the family and community. Mifamilia, the Ministry of the Family, carries out house-to-house visits to stress prevention of violence against women and sexual abuse of children. 

Nicaragua is the most successful regional country in combating drug trafficking and organized crime, freeing women from the insecurity that plagues them in places such as Ciudad Juárez, Mexico. 

Women Leadership in the Nicaragua Government

The progress women have made during the second FSLN era is reflected in their participation in government. The 1980s National Directorate of the FSLN contained no women. In 2007, the second Sandinista government mandated equal representation for women, ensuring that at least 50% of public offices be filled by women, from the national level to the municipal. Today, 9 out of 16 national government cabinet ministers are women. Women head the Supreme Electoral Council, the Supreme Court, the Attorney General's office, the Public Prosecutor's Office, and account for 60% of judges. Women make up half of the National Assembly, of mayors, of vice-mayors and of municipal council members. Women so represented in high positions provides a model and inspires all women and girls to participate in building a new society with more humane human relations.

No Greater Democratic Victory than the Liberation of Women

The headway made in women’s liberation is seen in the Global Gender Gap Index. In 2007, Nicaragua ranked 90th on the index, yet by 2020 had jumped to 5th place, behind only Iceland, Norway, Finland, and Sweden.

Nicaragua is one country that has accomplished the most in liberating women from household drudgery and domestic slavery because of its policies favoring the social and political participation and economic advancement of poor women. Women have gained a women’s police commissariat, legal recognition of their property, new homes for abused women and for poor single mothers, economic programs that empower poorer women. Abortion is not criminalized in practice; half of all political candidates and public office holders are women; extreme poverty has been cut by more than half; domestic toil has been greatly reduced because of modernized national infrastructure; women have convenient and free health care. In their liberation struggle, Nicaraguan women are becoming ever more self-sufficient and confident in enforcing their long-neglected human rights. They are revolutionizing their collective self-image and ensuring their central role in building a new society. This betters the working class and campesinos as a whole by improving the quality of life of all and is a vital weapon in combating US economic warfare. As Lenin observed, “The experience of all liberation movements has shown that the success of a revolution depends on how much the women take part in it.” Nicaragua is one more living example that a new world is possible.