Hace 23 años no paraba de llover en el occidente de Nicaragua. Los pronósticos climatológicos anunciaron la entrada del huracán Mitch, pero no pudieron predecir la devastación que dejaría a su paso en Posoltega, Chinandega.

Ese 30 de octubre de 1998, como era costumbre, los habitantes de las comunidades El Porvenir, Tololar 1,2,3, Rolando Rodríguez, Posoltegüilla y Juan 23, se levantaron muy temprano a realizar sus labores domésticas e ir a los siembros, a pesar de la lluvia.

Un estruendo seguido de una gran corriente de agua con lodo arrastró todo lo que encontraba a su paso, llegando hasta las comunidades donde perdieron la vida centenares de niños, mujeres, jóvenes, ancianos y hombres.

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Todos intentaron salvar sus vidas. Corrieron hacia las zonas donde se cultivaba, pero fueron atrapados. Muchos aún siguen ahí. Sus cuerpos no fueron encontrados y con su pérdida quedaron niños y niñas huérfanas, madres y padres sin sus hijos, esposas viudas, abuelos sin sus nietos, hermanos desolados.

Los pocos sobrevivientes, muchos con marcas en su cuerpo, siguen llegando cada año al santuario que se construyó, en las laderas del volcán Casita, en los terrenos del parque verde Volcán Casita, en memoria de las víctimas. Uno de ellos es el joven Alexander Reyes, quien perdió a su padre cuando tenía 6 años.

"Recuerdo que estábamos damnificados en un colegio en Quezalguaque. Había escampado un poco el agua y comenzamos a jugar chibola. A eso de la una de la tarde mi mamá llorando me dijo que mi papá había muerto en un derrumbe de un volcán y que Dios se lo había llevado", contó Alexander, frente a la fosa común que se construyó para dar el descanso eterno a las pocas víctimas encontradas semanas después.

Era tanto su dolor durante 18 años que no tenía valor para ver una foto de su papá Gerónimo Miguel Reyes Peralta, quien perdió la vida a la edad de 45 años.

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"Mi papá fue una gran persona y acá estamos conmemorando 23 años del huracán. Mi dolor sigue como si fuera hoy y cada cosa que se cuenta me hace recordarlo y pedir por su descanso eterno", contó Alexander.

Ese mismo día perdió la vida Silvia Ramona Silva, esposa de David Hodgson, quien sobrevivió junto a sus tres hijas.

"Por milagro de Dios estoy con vida. Fuimos sorprendidos por un huracán en la comunidad Tololar 1. Estuve a punto de ser tirado a uno de los zanjones que estaba lleno de agua", dijo David.

David luchó por su vida durante varias cuadras. Quedó desnudo, aturdido y con el corazón destrozado al presentir que su esposa no había logrado salvarse.

"Estaba en mi casa, en el patio buscando leña y agarrando una gallina para que mi esposa la cocinara. En ese momento se vino una corriente a la altura del pecho, cuando vimos eso salimos huyendo hacia los cañales buscando la salvación, pero no logramos llegar a los cañales", relató.

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"Mis tres hijos lograron salvarse porque llegaron al cañal a tiempo, pero a mi esposa, a mí y a un grupo de 17 personas, de los cuáles tres fallecieron incluyendo un niño nos arrastró. Íbamos luchando en un tronco de un árbol, pero llegó un momento que el tronco pegó en algo y se dio vuelta y en eso mi esposa y yo nos soltamos", siguió contando.

"No supe más de ella. Yo llegué a una balsera de árboles, pensé que me salvaría, pero me metí en la corriente, salgo a respirar, llegué a otros árboles de limón porque pasé por unas casas donde la corriente se llevaba alambres, puertas de las casas y casi me ahogo. Me solté y más adelante logré agarrarme de un árbol de eucalipto a pocos metros de caer a un cauce", rememora David.

"Siete días después el Señor me la presentó en un sueño y la vi en medio de una multitud vestida de blanco y me sonrió", agregó.

El gobierno indolente e inhumano de turno pudo salvar más vidas

Los sobrevivientes no olvidan que el gobierno de turno hizo caso omiso al llamado de auxilio y emergencia que realizó la alcaldesa sandinista Felícita Zeledón.

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"Teníamos gobiernos neoliberales y la alcaldesa pidió ayuda al presidente que en ese entonces era Arnoldo Alemán y él en su palacio presidencial, comiendo bien y con sirvientes miró el desastre que estaba pasando y no hizo nada", afirmó Alexander.

"Tengo muchas cosas que decirle a Arnoldo porque fue inhumano, siempre pensó en su bienestar y nada más", externó.

"Si se hubiese puesto atención al llamado que se estaba haciendo sabiendo que existía la advertencia de huracán, quizá se hubieran salvado muchas personas y no recordaríamos a más de dos mil muertos", sentenció.

Comandante Daniel visitó la zona del desastre sin ser presidente

Estos hombres y mujeres que sobreviven a este dolor relatan que el Comandante Daniel Ortega, sin ser presidente de la República, fue de las primeras personas en visitar la zona del desastre y dar consuelo a las víctimas.

"Recuerdo que el Comandante Daniel de puso al frente con la Compañera Rosario y la alcaldesa. El comandante vino a abrazar a las familias chinandeganas, dando su mano amiga y apoyando con los medios que tenía a su alcance para ayudar a los que estaban vivos y muy lastimados", dijo Reyes.

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Resaltó las medidas y planes de respuesta y ejercicios nacionales que se llevan a cabo en la actualidad para preparar a la población ante los desastres naturales.

"Nuestro Gobierno de Unidad y Reconciliación Nacional es el gobierno de los pobres, de la gente humilde. Gracias a Dios se han creado planes para dar protección a las familias que habitan en zonas más vulnerables", subrayó el vice alcalde de Posoltega, José Manuel Tercero Huete.

"El comandante Daniel ha sido el presidente más humano de la historia de Nicaragua y lo demostró muchas veces sin estar en el gobierno", culminó.

En este día, que marca con dolor la historia de Nicaragua, fue inaugurado el Arboretum Municipal, en memoria de las víctimas.

Cada 30 de octubre los sobrevivientes y sus familias recorren varios kilómetros para depositar flores en las cruces que se colocaron de manera simbólica.

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