Los ex sandinistas fueron detenidos en los últimos días por violar la ley, no por ser opositores. Las agencias de noticias internacionales han aprovechado su pasado revolucionario para confundir a la opinión pública mundial.

Hagamos historia.

Los ex sandinistas traicionaron sus principios revolucionarios desde hace un cuarto de siglo. Cuando aún militaban en el FSLN, exigían la renuncia al socialismo, al sandinismo y a la política antimperialista del partido.

Al ser derrotada su posición en el Congreso Extraordinario de 1994, renunciaron a las filas del FSLN para fundar lo que ellos llamaron el Movimiento Renovador Sandinista (MRS).

Los que desertaron eran una minoría en el Congreso del FSLN, ya que no contaban con el apoyo de las bases sandinistas de cepa. Pero sí eran mayoritariamente dirigentes del FSLN, entonces. Los disidentes habían tenido altos cargos en el gobierno y en el partido en la década de 1980, por esa razón fueron candidatos a diputados en las elecciones de 1990.

El resultado fue que la mayoría de los diputados electos del FSLN provinieran del pequeño grupo a la postre disidente. Como diputados ya del MRS, en 1995 establecieron un pacto con la derecha neoliberal para reformar la Constitución, eliminando de ésta el derecho a la salud y la educación gratuitas; legalizando la privatización de los servicios públicos, instituyendo la segunda vuelta electoral, limitando la relección presidencial, e incluso estableciendo el voto calificado para elegir magistrados.

Los renovadores, cada vez más a la derecha y comprometidos con los intereses estadunidenses, en las elecciones de 2008, 2011, 2012 y 2016, apoyaron abiertamente a los candidatos de la derecha neoliberal de Nicaragua. En su afán de destruir al FSLN llegaron al extremo de participar en reuniones antisandinistas, encabezadas por los contrarrevolucionarios cubanos en Miami, de los que recibieron apoyo y participaron activamente en la elaboración de Nica Act, auspiciada por Ted Cruz e Ileana Ross-Lehtinen, ambos de origen cubano y congresistas estadunidenses por Florida, ley que en esencia imponía sanciones económicas draconianas al pueblo de Nicaragua.

A continuación, con el apoyo de éstos y Estados Unidos, se dieron a la tarea de preparar una revuelta inspirada en las primaveras creadas por Hillary Clinton, que culminaría con el derrocamiento del gobierno legítimo del presidente Daniel Ortega. Así, durante el fallido intento de golpe de Estado, cerraron filas con los grupos y líderes de derecha que clamaban la intervención de los yanquis y se pusieron al frente de las acciones armadas contrarrevolucionarias desarrolladas entre abril y julio de ese año, utilizando como fachada ante el mundo a los jóvenes autoconvocados, carne de cañón de los renovadores, que, gracias al financiamiento de la Usaid y NED vía la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, Funides, Cinco y otras en Nicaragua, se sostuvo durante varios meses. Entre sus propósitos los renovadores intentaban que el gobierno legítimo los encarcelara y así solicitar la intervención, incluso militar, de Estados Unidos, alegando un supuesto fraude electoral en 2016, violaciones a los derechos humanos y a la libertad de expresión. Las investigaciones de los fiscales y la policía nacional los llevaron a descubrir armas de alto poder, cientos de galones de gasolina, enormes cantidades de dólares y córdobas, avituallamiento militar, camionetas pick-up, bodegas llenas de comida que de inmediato los llevó a seguir los vericuetos por los que pasaban los dólares de las fundaciones nicas mencionadas.

Finalmente, para distanciarse definitivamente del sandinismo eliminaron esa palabra en su última creación, Unamos, que, a sabiendas que no ganarán las elecciones del 7 de noviembre próximo, preparan una vez más un golpe de Estado, esta vez como el colofón del plan RAIN elaborado por el Departamento de Estado y los servicios de inteligencia de Estados Unidos.