La Vicepresidenta Compañera Rosario Murillo, reflexionó sobre la parábola del Buen Pastor, que fue leída en el Evangelio de este domingo.

"Ayer fue el domingo del Buen Pastor y recordamos mucho al querido pastor hermano David Spencer que nos regaló, cuando le visitamos para entregarle la nacionalidad nicaragüense unos 10 días antes de su tránsito a otro plano y entregarle la merecida orden de la Independencia Cultural Rubén Darío, por su paso por esta Nicaragua donde dejó tanto amor, donde sembró tanto consuelo y donde apoyó a tantas familias en pobreza, que siempre encontraron en su iglesia y en su mensaje a ese Buen Pastor que hablaba de Cristo Jesús, el salvador, el redentor. Y tenemos una escultura muy linda que nos dejó, una escultura como de 1 metro de altura en madera preciosa, una imagen del buen pastor y todos los días invocamos a ese buen pastor para que nos reúna", dijo la Compañera Rosario Murillo.

Agregó que "ayer estábamos viendo también la homilía del Santo Padre allá en Roma y decía el Santo Padre hablándonos a todos, hablándole al pueblo de Dios: Jesús el Buen Pastor,  Jesús que sabe lo que hay dentro de nuestros corazones, Jesús que conoce nuestra fortaleza y debilidades, nuestras intenciones, los sentimientos más profundos y siempre está listo para cuidar de nosotros, para sanar las llagas de nuestros errores en la abundancia de su gracia. El Buen Pastor, el pastor del pueblo de Dios, en él se realiza plenamente la imagen delineada por los profetas: Jesús el buen pastor que se preocupa por sus ovejas...".

La Vicepresidenta valoró que "Jesús quiere que todos recibamos el amor del padre y que todos tengamos vida, que todos demos vida, que todos demos amor, que todos vivamos la concordia, que todos tengamos conciencia de lo que nos reúne de lo que nos une que es el amor de Dios, el cumplimiento de esos sagrados mandamientos donde amarnos entre nosotros, el amor al prójimo es el mandato esencial".

"Es fácil decir 'yo amo a mi hermano', es fácil decir 'yo cumplo los mandamientos de la ley de Dios', pero qué difícil es hacerlo todos los días, qué difícil es decir con odio nunca más y creerlo y saber que debemos construir amor para repeler ese odio. Es difícil, pero es posible para un pueblo que vence en el nombre poderoso de Jesús", afirmó.