Cambia, todo cambia…
Era Biden: EUA-Nicaragua
¿Fin de la demonización?

(Primera Parte)
Edwin Sánchez
I
El saliente presidente de Estados Unidos no dejó correr el agua clara de unas relaciones potables con Nicaragua. Prefirió el fango putrefacto de infamias, manipulaciones y engaños conscientes, proporcionado por una partida de vividores nicaragüenses que se lucran a expensas del pueblo norteamericano.

De ese barro del diablo, Donald Trump amoldó, a su conveniencia, una hueca versión artesanal de Nicaragua que en nada se parece a la original, para acusarla de ser una “amenaza inusual y extraordinaria para la Seguridad Nacional y la política exterior de EE.UU.”.

Hasta un derechista, desde su iglú ideológico desprendido de la antigua Guerra Fría, sabe por qué Trump es dado a hornear esa clase de tiestos desfigurados, monocromáticos y cocidos al calor de la arbitrariedad para reemplazar los vivos colores y dimensiones de la verdad. Ahí está su misma denuncia del “fraude electoral” en la Unión Americana.

Su fascinación por la delirante distorsión de los hechos se debe a que es “una persona avasalladora y arrogante, que miente y exagera”, explica el escritor Carlos Alberto Montaner.

“Los ‘trumpólogos’ –remató– le han contado más de veinte mil mentiras, deformaciones de la realidad o “post-verdades”.

¡Saquen sus conclusiones!

Si el pequeño país “peligroso” destinara todos sus gastos de 2021 para adquirir el equipo de los Yankees de Nueva York, ni siquiera podría hacerle swing.

Ni el Alto Comisionado de las Grandes Ligas, Rob Manfred, le daría vueltas al asunto.

¿Por qué habría de ocuparse en la oferta nica si ni siquiera rozaría los US$ 2 mil millones y medio?

La franquicia más valiosa de la Gran Carpa, informó la AP en abril pasado, está valuada por la revista Forbes en US$5 mil millones. Los egresos de la nación centroamericana ascenderán apenas a US$ 2 mil 328 millones. Tales son los efectos del desastre provocado por la muy remunerada miseria humana local.

La violencia armada, emanada del delicuescente código ético de los que intentaron dar un Golpe de Estado en 2018 contra un gobierno surgido de las urnas, alcanzó los 9 grados Ritcher de devastación en la Escala Abierta del Odio.

Hoy por hoy, Nicaragua no está en capacidad de sostener a un solo equipo de la MLB.

Entonces, ¿cómo es que con un Presupuesto que no le hace ni cosquillas al legendario trabuco de los Mulos de Manhattan, constituye una “amenaza inusual y extraordinaria” para Estados Unidos?

Aunque dispusiera de su economía completa para el funcionamiento del Estado, US$4 mil 681 millones, los números no dan, peor ahora con las secuelas de dos desastrosos huracanes en fila, Eta y Iota.

Y si los números no dan, tampoco las palabras del gobierno de Trump para justificar su pantanosa política contra la patria de Rubén Darío.

Lo único cierto de todo esto es que ha enriquecido a manos llenas a un antidemocrático hatajo de aprovechados, cuya vil consigna es destruir a su terruño natal. Seguramente ahora se olBiden de su financiero y empiecen a adular al victorioso demócrata. No sería extraño.

Si de algo han servido en la vida real 200 años de Independencia, es para darnos cuenta de lo que por estas latitudes desovaron los galeones del Imperio Español: una gazmoña casta de bergantes –y su corte de arrimados pazguatos– especialista en la codicia, la falta absoluta de misericordia, la intriga y, sobre todo, la traición. Tal la “ilustre” cuna de los que la Historia bautiza con un solo nombre: Vendepatrias.
II

¿Por qué tanta demonización hacia Nicaragua?

No hay totalitarismo. Prevalece el libre mercado. Respeto a la propiedad, negocios e inversiones. Transparencia en la ejecución de los desembolsos destinados por los organismos multilaterales para el desarrollo. Y entre otros avances, reducción de la pobreza extrema y un saludable crecimiento económico promedio del 5%, hasta el intento de golpe de Estado en 2018.

El Estado no cuenta con ideología oficial ni religión, aunque ciertos funcionarios públicos aúpen festividades católicas. Las sucesivas encuestas de M&R, y otros, desde hace años han concluido que la Iglesia Católica no es el credo mayoritario. En mayo pasado, la firma estableció que el 42.9% de la población nicaragüense es católico.

La Iglesia Evangélica y Creyentes sin Denominación congregan la nueva mayoría: el 54.5%. Otras creencias no cristianas reúnen el 2.3%.

Por lo tanto, ahora las pastorales, cartas y otras publicaciones, o celebraciones confesionales, no pueden arrogarse, dictatorialmente, la representatividad nacional, la voz, la conciencia y la cultura del pueblo de Nicaragua. Como cantó el chileno Julio Numhauser, “Cambia, todo cambia”.

El Frente Sandinista también experimentó cambios. Por evolución histórica, no es el mismo de los 80. En esa época hubo agresión por el gobierno de Ronald Reagan, pero no todas las desgracias tienen la marca del actor en su papel de sheriff del mundo. Una parte lleva el sello de los oportunistas. Cuando vieron que el barco se hundía, como corresponde a su índole gris, lo abandonaron...

…y se quedaron los que enderezaron el rumbo de la nave. Los que públicamente pidieron perdón por los yerros propios, y los desaciertos y endiosamientos ajenos. Los que en vez del rencor, propusieron la concordia. Los que demuestran visión de nación, solidaridad y eficiencia en la cosa pública. Los que reconocen que debe perfeccionarse la democracia y las instituciones.

No se trata de idealizar al sandinismo. Partido de hombres y mujeres, no instala el Reino de los Cielos, mucho menos lo contrario. Es un gobierno con las virtudes y los errores de la condición humana. Pero si logró volver al poder es porque Dios “muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos” (Daniel 2:21).

Los semidioses “ultra marxistas” que pretendían “purificar” el país con un “partido único”, se fueron tras la derrota electoral del 90.

Se fueron los irresponsables extremistas que tanto dañaron al país con su hípica obsesión de apretarle las espuelas de la Dirección-Nacional-Ordene al pueblo. Y, entre ellos, el que además en su calidad de director del órgano oficial del Frente Sandinista, Barricada, y del Departamento de Agitación y Propaganda, DAP, editorializaba sobre la necesidad de ponerle “brida” al diario de su propia madre, “La Prensa S.A.”. (Brida, f. Freno del caballo con las rienda y todo el correaje que sirve para sujetarlo a la cabeza del animal. RAE).

Se fueron los que desbarataron el granero de Centroamérica con su “economía planificada”, los que provocaron la hiperinflación y, de “ipegüe”, el desabastecimiento de productos de consumo básico para la población.

Se fueron los que mandaban decomisar desde una libra de frijoles al campesino en los tranques de las carreteras hasta la injusta usurpación de bienes inmuebles.

Se fueron los que descalabraron el aparato productivo con su Ministerio Agropecuario y Reforma Agraria, y provocaron el primer cambio climático en la Historia de Nicaragua: el catastrófico despale contra los cafetales de sombra, ejecutado por la Comisión Nacional de Renovación de Cafetales, CONARCA. Resultado: el despojo al departamento de Carazo de su saludable y fresquísimo medioambiente.

Se fueron el general y su “doctrina militar”, sin arrepentirse de haber mandado muchachitos de 16 años obligatoriamente a la guerra, loado por los “intelectuales” del DAP con su lamentable consigna:

“Sin una juventud dispuesta al sacrificio, no hay Revolución”.

Se fueron con su ministro de Educación que quiso reducir esa sensible cartera en un sistema de adoctrinamiento nacional.

Se fueron, en fin, a formar el verticalista movimiento de resentidos y otras autoproclamadas “disidencias”, juzgándose los “puros”, “los pensantes”, “los sandinistas verdaderos”, los que nunca cometieron ni el “error” de lanzarle una triquitraca a un perro.

Se fueron los que jamás admitieron ante la Historia y el pueblo nicaragüense sus graves responsabilidades en el deterioro de Nicaragua, ayer y hoy.

Se fueron con su dictadura –que en el colmo de la impostura atribuyen al FSLN– a imponerla a donde vayan, verbigracia, los tranques de 2018.

Se fueron los “iluminados” que sin la más mínima calidad moral se atribuyen el derecho de dictaminar y sentenciar, absolver y castigar, a los que no están de acuerdo con sus disparates, megalomanías y pedante cinismo o… vicecinismo.

Se fueron los grandes “antiimperialistas” del MRS y Cía. Ltda., que ayer trataron de ocultar su mediocre desempeño en ministerios, empresas y entes autónomos, y en la institución castrense, culpando de todo a la guerra, Reagan y la CIA; y ahora, para variar, al presidente Daniel Ortega.

Sí, gracias a Dios se fueron del FSLN los tartufos (hipócritas y falsos) que se ufanaban de ser “El Vaticano de la Izquierda” y ahora se alquilan –desde sus siglas deshabitadas, panfletos multimedia y oenegés– como “La Santa Sede de la Democracia”.
III

El presidente electo, Joe Biden, proclamó que trabajará para sanar el alma de América, después que “esta sombría era de demonización en Estados Unidos comience a terminar”.

Por de pronto, es hora de recomponer los vínculos de este gran país con América Latina. Ya no digamos en lo concerniente a Nicaragua. Estas relaciones han estado marcadas con intervenciones e injerencias que no hubieran sido posible sin el deleznable papel de los traidores –tan activos ahora como nunca antes– que propiciaron lo que ya en sus días Darío denominaba “las páginas fatales de la historia”.

Yendo contra la misma Constitución de los Estados Unidos de América, la Administración derrotada el 3 de noviembre trató de disolver la República de Nicaragua, para convertir el país en una desdichada colonia de tercera.

Para lograrlo, aplicaron la desalmada “incidencia democrática” –con el tapujo de “los derechos humanos”–, infame eufemismo utilizado para derrocar al Gobierno Constitucional que significó calcinar a personas vivas. Significó torturas. Significó ciudades secuestradas. Significó violación a los DDHH de los plagiados en los tranques armados. Significó persecución, robo y chantaje a la ciudadanía. Significó “protestas pacíficas” a cargo de escuadras paramilitares.

En resumen, significó un atentado criminal contra la Democracia: todo lo que la OEA omitió en sus difamatorios desinformes, hechos a la medida de quien puso a Luis Almagro al frente de la carpintería hemisférica de la bajeza.